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ENTREVISTA

Okuda: "Si algo me define, es no seguir las normas"

El artista urbano español más solicitado en el mundo se convierte en protagonista de las Fallas con una obra efímera y una gran exposición

NACHO HERRERO

Óscar San Miguel, Okuda, en el Centre del Carmen de València.

Óscar San Miguel, Okuda, en el Centre del Carmen de València. / MIGUEL LORENZO

Okuda, el artista urbano más solicitado (y cotizado) de España, vive en una nube desde que se subió en un grúa a pintar grafitis, y no tiene ningún interés en bajar. Habla por Skype con su madre y convive con botes de espray de mil colores, figuras geométricas, cabezas enormes y animales imaginarios. Desde que transformó una iglesia desacralizada de Asturias en un templo del arte y del skate le pagan, y muy bien, por mostrar su mundo interior. Por eso manda a Óscar San Miguel (Santander, 1980) a relacionarse con el mundo y a dirigir una marca que tiene ya 16 trabajadores y encargos de todas partes, de Hong Kong a Boston y de Lieja a Toronto. El más reciente es la Falla del Ayuntamiento de València, ciudad en la que se acaba de inaugurar la mayor retrospectiva de su obra hecha hasta ahora.

Lleva unos meses agitados: una Gioconda en París, un puente sobre el Sena, un castillo junto al Loira, ahora la Falla del Ayuntamiento y la exposición en València... ¿Qué dicen sus amigos de la infancia de Santander? ¿Flipan?
La verdad es que casi no los veo, porque, cuando voy a Santander, voy para estar con la familia. Un par de ellos viven en Berlín y hacen música, y a ellos sí, pero a los que tienen una vida más 'normal' me cuesta verlos, porque tienen hijos y es otro ritmo. Mi estilo de vida ahora no es el de un padre de familia. Los caminos se van alejando. Pero sí que flipan.

¿Cómo recuerda esa época en la que empezó a pintar?
Me siento bastante parecido a entonces, porque la esencia de todo es pintar por amor y por la necesidad de crear, y eso lo sigo manteniendo. No me importa todo lo que implica crecer, alcanzar un nivel y mantenerlo. Lo mío es amor al arte a pesar de que ahora las obras valgan lo que valgan.

¿Qué da y qué quita no tener que estar pendiente de si viene la policía cuando está pintando?
Tampoco he estado tan pendiente de si viene la poli. Quizá en ciudades más grandes sí pasaba, pero en Santander pintaba en sitios donde daba igual. Para desarrollar un trabajo tranquilo necesitaba sitios tranquilos, así que nos íbamos con nuestra música a fábricas abandonadas y a lugares que para nosotros eran la hostia y para la gente no eran nada. Paraísos en medio de la basura.

"Pintábamos en lugares que para nosotros eran la hostia y para la gente no eran nada. Paraísos en medio de la basura"

Empezó haciendo letras. ¿Qué hilo ha ido tirando de su evolución?
Mis letras desde el principio ya eran distintas a lo que han sido las letras de graffiti. Las primeras ya eran en 3D. Me gustaba darles un doble sentido, que a la vez fueran una cara, una calavera..., y que a la vez fueran letras. Y pasó que todo eso que había alrededor fue cobrando más identidad que las propias letras y las fui dejando de lado y buscando un camino personal como artista.

¿Le inspira la actualidad?
Normalmente tengo una iconografía muy clara y unos conceptos más amplios. Planteo contradicciones que incitan a reflexionar sobre diversos temas, como la libertad, el sentido de la vida, la naturaleza, la modernidad, las raíces y cosas así. No suelo introducir personajes de la actualidad porque tampoco me interesan. Vivo mucho en una nube. Pero hay veces en que la actualidad sí que me ha exigido meter a algún personaje. En mi primera exposición grande en Estados Unidos, en abril del año pasado, justo antes de las elecciones, tenía la necesidad de decir algo. Así que en una obra aparece la cara de Trump, estampada de ladrillos y con una pintada que dice 'Viva México'. También hice otra pieza con la Estatua de la Libertad vestida con una túnica maya.

¿Cuándo se aburrió del debate sobre si su arte podía ser comercial?
Siempre me he sentido libre para hacer lo que he querido y siempre me han respetado por eso, incluida gente muy clásica dentro del grafiti. Nunca he sentido rechazo ni nada, porque si las cosas se hacen de corazón y son de verdad, puedes hacer tu camino aunque no sigas unas normas. Si algo me define, es no seguir ninguna norma.

Sus intervenciones pueden costar 60.000 euros y también puede hacerlas gratis. ¿Qué le mueve?
Lo interesante para mí es mantener un equilibrio entre hacer proyectos potentes de presupuestos elevados, como las siete grandes esculturas que vamos a hacer ahora en Boston, y otros con los que me llevo experiencias personales increíbles, como los que hago en India o en África. El dinero no lo es todo y al final, para mí, de hecho no es nada. Con seguir viajando y creando soy feliz, no necesito mucho más.

El templo de Santa Bárbara, en Llanera, cambió su carrera. Qué poder tiene la Iglesia, ¿no?
Total. No la Iglesia, sino transformar algo del pasado y clásico en algo contemporáneo. Ya tenía muchos proyectos y a raíz de eso me salieron muchos más. Y creo que a raíz de las Fallas va a ser una locura. Las Fallas son muy internacionales, pero conmigo van a llegar a otros campos, a otros mundos en los que yo igual sí estoy.

¿Le entristecía tener más reconocimiento fuera que en su país?
Al final, lo que más me gusta del mundo es viajar y crear, así que, como tenía que viajar por trabajo, no me daba tiempo a estar triste porque en España no hiciera nada. Este año sí he tenido muchos cosas, y eso me gusta sobre todo porque así mis padres pueden venir a verme.

Hablando de la familia, ¿cómo entraron los bordados en su obra?
Todo surgió porque hace siete años me dejé materiales, lanas y telas, en casa de mi madre, y cuando volví había una cosa enorme llena de cuadradillos de colores. Le pregunté y me dijo que lo iba a unir para hacer una manta, por probar. Le dije. "Sabes tejer, qué maravilla. Vamos a hacer una cosa". Compré un lienzo, dibujé unas cosas y creamos una gama de colores con lanas de colores que compramos en los chinos. Tenemos hasta 60. Me hago una imagen mental de cómo quiero que quede la pieza, todo con triángulos y con geometría, y voy poniendo números. Se lo dejo y eso nos mantiene conectados mientras viajo; hablamos por Skype y vamos viendo para hacer retoques. En cada exposición mía tiene que haber uno o dos tapices. Ella viene a traerlos y es una maravilla. Estoy muy contento de que con 60 y pico años haya encontrado una pasión que la hace feliz.

¿Qué le preocupa más? ¿La ley mordaza o la mordaza del mercado?
No me importan ni las normas ni el mercado. Puedo mantenerme al margen de eso. Yo pertenezco al mercado del arte, claro, pero he entrado de una manera anormal. Se ha empezado a demandar mi obra sin que yo lo busque.

¿Qué le pareció la retirada de la obra 'Presos Políticos' en Arco?
Me pareció mal, por supuesto. Todo lo que sea censura en el arte me parece mal, y no necesito ver la obra. Ya que no podemos ser libres del todo en el sistema en que vivimos, el arte al menos sí debería poder seguir siéndolo.

"Ya que no podemos ser libres del todo en el sistema en el que vivimos, el arte al menos sí debería poder seguir siéndolo"

¿Cómo se consigue eso de convertirse en una marca?
Hay que salir de todo tipo de encasillamientos y buscar, sobre todo, una identidad única, que es lo que siempre he perseguido. Que tu obra tenga un sello propio, que no necesites ni firmar.

¿Qué siente cuando ve que hay gente que quiere tener un 'okuda'?
Es una satisfacción. Y me da seguridad a mí y a mi familia. Pero me interesa más transformar ciudades, conocer países y culturas nuevas y dejar ahí parte de mi corazón con un mural enorme o una escultura.

Por cierto, ¿de dónde viene lo de Okuda?
De una tontería. Salía en los créditos de n videojuego japonés de mi hermano, y vi la similitud entre Óscar y Okuda, con la o y la a, y dije: "me lo quedo".

MIGUEL LORENZO

¿Lienzo o pared?
Pared, y muy grande. Ahora vamos a hacer el edificio más grande que he hecho, de 30 pisos. Y ya no es estar en una grúa, sino en un andamio. Estás en las alturas, completamente fuera del sistema. Miro para abajo y veo los coches, el estrés diario, la rutina, y me siento libre ahí arriba.

¿Qué le queda por hacer?
Muchísimas cosas, aunque no sé cuáles. Sé que voy a hacer cosas increíbles y las espero con ansia. De hecho, ya trabajamos en algunas; por ejemplo, llevar la escultura a un nivel arquitectónico, que el tipo de cabezas o de personajes que hago crezcan en tamaño y puedan ser habitables. Y también tengo en mente hacer cine, darle movimiento a lo que hago.

"No estoy preparado para ver arder mi falla"

Un grafitero haciendo una falla, que al fin y al cabo es arte en la calle. No debería sonar tan raro, ¿no?
El hecho de hacer una falla y que sea efímera me hace reencontrarme con mis raíces, que están en pintar una calle para nada, para que se destruya.

¿Está preparado para verla arder?
No, no lo estoy. Creo que voy a tener una locura sentimental, porque es la pieza más increíble que he hecho en 3D y estoy flipando con cada pieza que va saliendo. Voy a llorar. Con lo guay que es lo que hemos construido, seguro que no voy a entender muy bien que se vaya a quemar, pero creo que los millones de personas que están alrededor de esto y que tienen un sentimiento tan fuerte me lo van a hacer entender.

¿Tenía alguna imagen preconcebida de las Fallas? Suele ser vista desde fuera como una fiesta antigua y folclórica...
Sabía que estaba más cerca de la tradición que de la modernidad. Mi papel aquí es abanderar de alguna manera un cambio, y estoy muy contento. Esta es una de las grandes fiestas tradicionales de España porque, para empezar, es arte, no son solo toros corriendo y no sé qué. Las fallas son unas construcciones que unos artesanos hacen durante un año y con una historia de más de un siglo. Me parece increíble.

MIGUEL LORENZO

El monumento que ha diseñado en colaboración con los artistas Latorre y Sanz se llama 'Equilibrio Universal' y lo corona un euro sonriente. ¿De quién se ríe el capitalismo?
Está arriba de todo porque es lo que hace que funcione todo, el equilibrio universal. He intentado poner a los humanos y a los animales en el mismo nivel, pero por encima está el dinero, creado por el hombre, que es a la vez su víctima. Y sí, se ríe un poco de nosotros.

Dicen que su falla va a marcar un antes y un después. Que suscitará críticas y elogios, pero se recordará...
Seguramente, sí, y estoy muy contento de ser el artífice del cambio, como ya pasó con la iglesia. Iglesias y Fallas, me meto en todos los berenjenales. Pero me puedo meter en los charcos que sea, de tradición o de religión, porque si haces algo de corazón, tienes licencia para hacer lo que sea.

Temas: Grafitis Arte

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