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PRIMERA NOVELA DE LA AUTORA HOLANDESA

Una mujer en la mente de un pedófilo

Un paciente que luchaba contra sus impulsos sexuales hacia niños inspiró a la psicóloga forense Inge Schilperoord su debut literario, 'No volverá a pasar'

Anna Abella

La escritora y psicóloga forense Inge Schilperoord, en Barcelona.

La escritora y psicóloga forense Inge Schilperoord, en Barcelona. / RICARD FADRIQUE

En su trabajo como psicóloga forense, Inge Schilperoord (La Haya, 1973) se cruzó con un pederasta. “Había cometido delitos sexuales contra niñas y había estado en prisión. Le hice una evaluación para entender por qué la terapia que seguía no le funcionaba. Y empecé a sentir pena y empatía por él porque aunque las cosas que había hecho eran espantosas, él se sentía mal y culpable y hacía un gran esfuerzo por cambiar. Pero estaba atrapado en sí mismo”. Ese fue el origen real de Jonathan, el protagonista de ‘No volverá a pasar’ (Catedral, en castellano y catalán), donde la autora se pone en su mente de un pedófilo, palabra que nunca aparece en la novela. “Pensé en lo difícil que debe ser vivir con esos impulsos y pulsiones y luchar contra ellos. ¿Cómo puedes eliminarlos? Él no es un psicópata. Y planteo una pregunta más universal: ¿cómo puede cambiar un ser humano lo que es? ¿Cómo luchar contra una adicción o un deseo que llevas dentro? También en la adicción a las drogas o el alcohol se luchan esas batallas interiores”.     

La novela ha sido un éxito de ventas y crítica en los Países Bajos y Bélgica, se ha traducido a siete lenguas y este verano empezará el rodaje de la película. Pero Schilperoord se para a reflexionar sobre cómo se habría acogido su debut literario “si en lugar de ser una mujer hubiera sido un hombre quien lo escribiera”. “Me habrían convertido en sospechoso y preguntado si tenía la mente sucia”, asegura.   

¿Enfermedad o maldad?

Ella realiza evaluaciones psicológicas y psiquiátricas a personas acusadas de todo tipo de delitos y envía los informes al juez. Los pederastas, ¿son enfermos o lo suyo es maldad? “La pedofilia está catalogada como trastorno mental. Pero en mi trabajo evaluamos la capacidad del delincuente de rendir cuentas. Un pedófilo puede ser considerado mentalmente responsable porque, como cualquier ser humano, puede controlar sus impulsos y deseos. En psicología forense no emitimos juicios morales, los mantenemos aparcados aunque lo que han hecho pueda causarte asco, náusea o terror”.     
 

"Paradójicamente, el aislamiento al que la sociedad somete a los pederastas les lleva a amargarse y enfurecerse y a reincidir"

Inge Schilperoord

Psicóloga forense y escritora

Su protagonista tiene 30 años y ha salido de prisión por falta de pruebas. Y vuelve a vivir con su madre enferma, a la que cuida, con un perro y un pez. En plena canícula, en una atmósfera asfixiante, en un barrio solitario y desmantelado, la tentación vive al lado, en forma de una niña cuya madre nunca está en casa. “Le pongo a prueba hasta el límite. Quiere mantener la distancia pero la niña se le acerca y él quiere cuidarla y de alguna manera protegerla de sí mismo”. Culpabilidad, vergüenza, miedo a recaer, angustia por autocontrolarse... Schilperoord no sabe cómo le habrá ido a su antiguo paciente, pero “la tasa de reincidencia es muy elevada”, admite.

“Es difícil vivir sabiendo que lo que anhelas solo puedes satisfacerlo haciendo daño a otros. No todos son monstruos, hay pedófilos que sienten esas pulsiones pero no actúan, las reprimen y no llegan a delinquir. Es posible desear y no actuar -recalca-. Hay otros que actúan porque se sienten atraídos por niños y no tienen relaciones con adultos. Pero también hay personas que hacen cosas terribles con los niños y no son necesariamente pedófilos”.  

A su personaje, como a su antiguo paciente, la terapia para autocontrolarse no le funciona. “Pero hay otros casos en que sí. Deben quererlo. Y las condiciones deben ser las adecuadas. En el libro creé una situación anormal. El hombre vive en un vacío, con su madre, que le necesita y no quiere ver los aspectos oscuros de su hijo. No quiere enfrentarse a lo que ocurre”.  

Castración química

Según la psicóloga, que participó en un taller de escritura creativa de Amsterdam, “la soledad y aislamiento que sufren los pederastas, paradójicamente, es un problema gravísimo”. “Son los delincuentes más odiados, menospreciados y marginados por la sociedad y en las cárceles, donde son maltratados por los otros presos, porque se aprovechan de los más vulnerables, nuestros hijos. En Estados Unidos e Inglaterra se publican sus fotos y direcciones y son señalados y agredidos. Pero eso es un factor de riesgo enorme porque solo hace que se amarguen, se sientan rechazados, se enfurezcan y vuelvan a reincidir” .  

Schilperoord admite que, aunque “hay mucha investigación científica del cerebro, no hay nada concluyente” que explique estos comportamientos. También duda sobre la efectividad de la castración química porque hay muchos tipos de pedófilos. “Quizá para algunos funcione, pero, ¿se les puede obligar a someterse a ella? Otros dicen que ellos no tienen ningún problema, que no ven qué hay de malo en que les gusten los niños. ¿Qué hacer? ¿Encerrarlos en prisión y lanzar la llave al océano?”.   

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