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BALANCE

Americana 2018, seis días en otro lugar

El festival de cine independiente norteamericano cierra su quinta edición con buen balance a todos los niveles

Juan Manuel Freire

Una imagen de Jane, premio del público en el Americana 2018.

Una imagen de Jane, premio del público en el Americana 2018.

"Él tampoco se lo esperaba", decía la campaña promocional del Americana sobre ese crítico (diseñado desde el tópico) al que llegaba un zapatazo tras disertar con ranciedad sobre el programa de, creemos, un festival muy parecido a este.

Ellos, los del Americana, no se esperaban llegar a los cinco años, pero esta edición parece asegurar un segundo lustro. Las colas y el calor humano en alguna sala de los Cinemes Girona certificaron que existe un público para las historias pequeñas contadas con bajo presupuesto, pero altura a nivel de ideas.

Es más: existe hambre de toda clase de estímulos, si nos atenemos a los premios del Jurado Joven Next y del público. El primero ha sido para 'Flesh and blood', de Mark Webber, "por la honestidad de una propuesta que transita la delgada línea entre realidad y ficción". El segundo, para un documental, 'Jane', el retrato de Brett Morgen de la primatóloga Jane Goodall, que se podrá ver este domingo, día 18, en National Geographic y Geo Wild. La realidad (y algo que se le parece) supera a la ficción.

Vaqueros al poder 

Si Webber convirtió a su propia familia en centro de una docuficción, algo parecido hizo Chloé Zhao al poner al antiguo jinete de rodeos Brady Jandreau (y su padre y su hermana) en el centro de 'The rider', retrato realista pero poético de un hombre enfrentado al final de sus sueños. El abismo que se abre ante otro vaquero, el Harry Dean Stanton de 'Lucky', es aún más negro: es el final de su tiempo. No se ruedan suficientes películas sobre la vejez; sobre la muerte y cómo recibirla. Después de esta de John Carroll Lynch, quizá tampoco hacen falta otras. Clásico instantáneo.

Sí que se ruedan un montón de películas sobre jóvenes que luchan por vivir a gusto con su propia sexualidad. Sus protagonistas luchan consigo mismos, como en 'Beach rats', panorámica devastadora de la cultura juvenil más machirula. O contra el infierno que pueden ser los demás, como en 'Saturday church', drama musical sobrado de buenas intenciones pero falto de creatividad en sus números de canción-y-baile. 

La idea de masculinidad necesita una actualización: ya no se trata de educar a tíos de verdad, sino, quizá, solo buenos tíos. Tanto el vaquero de 'The rider' (incitado por su padre a "apretar los dientes") como los protagonistas del intenso documental 'The work', reos de Folsom y externos compartiendo terapia de grupo, son el producto de una idea anticuada de lo que significa ser hombre.

Vanidad virtual

Teléfonos, 'selfis' y redes sociales estuvieron muy presentes en la programación, como es natural en el 2018. 'Ingrid goes West' podría haber sido el 'Mujer blanca soltera busca…' de la era de Instagram, pero se pierde en una peripecia difusa a la que falta mordiente. En el 'thriller' de Aaron Katz 'Gemini', casi se podría decir que la raíz del mal es una foto mal tirada que acaba en la red. Junto con la descubierta en Sitges 'The endless', el mejor ejemplo de cine de género visto en estos seis días.

Estamos despidiendo una edición del Americana que, en realidad, no se ha acabado: quedan pases del ciclo de Alex Ross Perry en la Filmoteca, y el festival cogerá en breve su Route 66 para exhibir títulos por toda España.

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