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BANDA DE CULTO

Slowdive, la misma emoción

El grupo de pop ensoñador presenta en Apolo su excelente primer álbum en 22 años

Juan Manuel Freire

Slowdive, la misma emoción

Por regla general, el primer disco de un grupo tras una gira de reunión es una mera excusa para volver a girar. Al escucharlo, salta al oído que se han dado por buenas canciones hechas con piloto automático. Después está el caso de 'Slowdive', primer disco grabado por la banda británica de mismo nombre en veintidós años: brota la misma emoción, la misma electricidad ensoñadora de su seminal carrera entre 1989 y 1995, sin que por otro lado asome un claro déjà vu. Puede que nunca hayan sonado mejor. Puede que nunca hayan sido tan abiertos a nivel de estilo. Puede que esta sea su mejor colección de canciones.

Público y crítica supieron reconocerlo, encumbrando el disco a notables posiciones en listas de ventas y resúmenes de fin de año (en estas páginas, quedó el octavo). No necesitaron hacer un disco de R&B, ni hip hop, ni trap, ni tratar de pulsar teclas políticas de forma obvia para ser tomados en consideración en el 2017. "Nos sorprendió mucho la recepción", explica Simon Scott (batería). "Ahora mismo, hay un montón de opciones entre las que elegir. Al final supongo que todo se basa en tener buenas canciones; si son buenas, resonarán en el público". El martes, día 6, resonarán con todo su glorioso eco en la sala Apolo. 

Los tres primeros discos de Slowdive, 'Just for a day' (1991), 'Souvlaki' (1993) y 'Pygmalion' (1995), se consideran clásicos de un estilo llamado 'shoegazing' (es decir, 'observarse los pies') porque sus practicantes podían pasar el rato mirando hacia abajo, en dirección a los pedales con los que sacaban sonidos neblinosos de sus guitarras. No toda la prensa defendió este género en su día, asociando la pretendida búsqueda de la belleza con una especie de anemia política. "Y sin embargo, nadie habla mal de nosotros", señala Scott. "Creo que grandes bandas recientes han allanado el camino para nuestro regreso: Radiohead, Tame Impala, Sigur Rós… Ahora sonamos más familiares que en los 90". Ahora parece entenderse mejor que, en días de culto a la agresividad y el cinismo, la búsqueda de la belleza resulta casi un gesto radical.

El dinero del Primavera Sound

La resurrección de Slowdive empezó quietamente a finales del 2013, cuando Neil Halstead (cantante, guitarrista y principal compositor del grupo; conocido también por los más 'roots' Mojave 3) invitó a su antigua compañera Rachel Goswell (voz y guitarra) a acompañarle en un par de conciertos íntimos en el Cecil Sharp House de Londres. Después, una oferta irrechazable del Primavera Sound terminó de obrar el milagro.

El viernes del Primavera Sound del 2014, el grupo salió al escenario y quedó visiblemente embriagado por la emoción. De entrada, el cielo se abrió ante ellos después de una tromba que había arruinado el inicio de la jornada. Y en lugar de con 35 personas –de veras, no esperaban tantas más– se toparon con 35.000. "Desde luego, fue especial, sorprendente. Pero en realidad todo en esta reunión ha sido una sorpresa. Recuerdo el día que volvimos a tocar juntos por primera vez. Probamos con 'Slowdive', arranque de nuestro primer epé… Y fue como si el último ensayo hubiera sido el día antes".

Lo que no significa que acabar el nuevo disco fuera fácil. Su primer concierto de reunión (en el Village Underground de Londres) fue el 19 de mayo del 2014 y el álbum se publicó el 5 de mayo del 2017. El principal obstáculo: la autoexigencia. "Sobre todo, la dificultad estribaba en dar con el estudio ideal. De no haber contado con el dinero del Primavera Sound ni nos habríamos planteado ser tan exigentes; no nos podríamos haber costeado un buen estudio. Al final grabamos, curiosamente, en el mismo donde habíamos hecho nuestro anterior disco, 'Pygmalion', dos décadas atrás". Esto es exactamente retomar las cosas donde se dejaron.

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