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ANÁLISIS

Oscar 2018: compensaciones y humillaciones

Quim Casas

Ni las campañas #MeToo y Time’s Up han ayudado a que Greta Gerwig fuera la segunda realizadora en 90 años de historia en obtener el Oscar a la mejor dirección, logro aislado que sigue recayendo solo en la virilizada Kathryn Bigelow por En tierra hostil. Todo el revuelo originado en el 2016 por la ausencia de nombres afroamericanos en las candidaturas, y que redundó en positivo al año siguiente con el Oscar para Moonlight, ya ha quedado olvidado: solo el premio al mejor guión original para Jordan Peele por su cítrica y demoledora Déjame salir cubre la cuota afroamericana de este año. Frances McDormand lo tenía todo de cara y se lleva a casa su segunda estatuilla tras obtener la primera hace 20 años por Fargo, con un registro interpretativo menos airado que el de Tres anuncios en las afueras.

Ni las campañas #MeToo y Time’s Up han ayudado a que Greta Gerwig fuera la segunda realizadora en 90 años de historia en obtener el Oscar a la mejor dirección

Entre los espléndidos Daniel Day-Lewis de El hilo invisible Gary Oldman de El instante más oscuro, el segundo lo tenía mejor: encarnar a una eminencia de la política del siglo XX como Winston Churchill da más votos. Willem Dafoe posiblemente nunca esté mejor que en The Florida Project, pero este año le tocó en suerte un durísimo competidor, el Sam Rockwell de Tres anuncios en las afueras. La homosexualidad y la transexualidad ya no son tabú -o lo son menos que antes- entre los votantes de la Academia, así que Una mujer fantástica salió recompensada justamente con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y James Ivory se sacó una espina de encima: ha ganado con su guión adaptado de Call me by your name, de Luca Guadagnino, crónica veraniega de la relación amorosa entre dos hombres que no dista tanto de la historia ofrecida en Maurice, película dirigida por Ivory en 1987 que solo fue nominada al mejor vestuario en unos tiempos en los que la homosexualidad, en el cine, solo podía distinguirse con galardones estéticos.

Y si seguimos con los trajes bonitos, recompensar El hilo invisible solo por su vestuario es una humillación. La película de Paul Thomas Anderson merecía muchas más cosas que destacar el diseño de sus trajes y vestidos, algo muy simplón teniendo en cuenta que es un filme sobre la alta costura. Ninguna de las películas nominadas este año la supera. Todas tienen cosas interesantes y alguna son muy buenas, como Tres anuncios en las afuerasDéjame salir y Call me by your name, pero nada como la elegancia confrontada con la tensión del filme de Anderson, tantas veces nominado como director o guionista (en seis ocasiones) y en tantas otras ninguneado. El vencedor fue Guillermo del Toro, otro realizador mexicano consagrado en los Oscar tras Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu. Ha triunfado con una serie B cara que no es mejor que la serie B barata que toma de referente, La mujer y el monstruo (1954). Pero Donald Trump la ha liado con México, así que… Como Martin Scorsese, que no ganó el Oscar por obras irrefutables (Toro salvaje Uno de los nuestros), pero lo obtuvo por un buen filme menos personal (Infiltrados), Del Toro ha alcanzado el gran premio con su película más domesticada.

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