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exposición

Las delicadas estampas de Ito Shinsui llenan la Fundació Miró

El artista japonés es uno de los máximos representante del grabado 'shin hanga', heredero del tradicional 'ukiyo-e'

Natàlia Farré

Una visitante observa los grabados Delante del espejo (izquierda) y Mujer vestida con faja obi, en la Fundació Miró. 

Una visitante observa los grabados Delante del espejo (izquierda) y Mujer vestida con faja obi, en la Fundació Miró.  / JOAN CORTADELLAS

En 1917, Joan Miró todavía no había viajado a Japón, no lo hizo hasta 1966, ni se había interesado por la influencia del budismo zen en la creación, algo que ocurrió en los años 40 y 50, pero sí mostraba querencia por lo japonés, como muchos de los artistas de principios del siglo XX. Una admiración que el pintor dejó clara en 'Retrato de Enric Cristòfol', en él incluyó, a modo de 'collage', una estampa japonesa de las muchas que tenía en su taller. "No la pintó sino que la incorporó. Todo un homenaje a este arte", afirma Marko Daniel,  director de la Fundació Miró. El óleo luce normalmente en las salas del Moma de Nueva York y llevaba 25 años, desde que se celebró el centenario del pintor en 1993, sin pisar el centro de Montjuïc. Ahora cuelga de una de las paredes de la fundación, hasta el 20 de mayo, junto con 60 grabados sobre madera de Ito Shinsui (1898-1972), el gran maestro del 'shin hanga'.

La muestra evidencia el vínculo de la obra mironiana con el pensamiento y arte del Japón

'Tradición y modernidad' es el nombre de la exposición, un título que evidencia la esencia de este movimiento, el  'shin hanga', heredero del 'ukiyo-e' y nacido de eso, de la tensión entre la tradición y la modernidad que vivieron las artes en Japón tras la reinstauración del poder imperial en 1868 y la apertura hacia Occidente. Entonces, las nuevas técnicas llegaron al país y la fotografía y la litografía dejaron obsoleta la tradición artesanal del grabado sobre madera. De manera que el muy histórico y respetado 'ukiyo-e', con todas sus imágenes de cortesanas, samuráis, geishas y actores de 'kabuki', dejó de interesar en el país. Y así inició su declive. Paradójicamente mientras en Japón se despreciaba, en Occidente se apreciaba cada vez más y la demanda de obras de los grandes artistas del grabado, como Utamaro Hokusai, aumentó considerablemente. La suma de las dos situaciones hizo que hubiera un replanteamiento identitario japonés y un regreso a los valores autóctonos.

'Retrato de Enric Cristòfol' (1917) de Joan Miró.  / JOAN CORTADELLAS 

Y así apareció el 'shin hanga', movimiento que retomó la técnica tradicional del 'ukiyo-e' pero con una estética más contemporánea. El gran promotor fue el editor Watanabe Shozaburo y el gran artista Ito Shinsui. El primero llegó al segundo cuando quedó fascinado al ver en una exposición el cuadro 'Delante del espejo'. Le propuso convertirlo en una estampa. Fue la primera de muchas. La mayoría retratos de mujeres hermosas, llamados 'bijinga'; el resto, grabados de paisajes (fukeiga), menos conocidos pero de gran valor artístico por su originalidad. 'Delante del espejo' abre la muestra y luce junto a 'Mujer vestida con faja obi', obra que permite a la comisaria de la exposición, y nieta del artista, Akiko Katsuta fijar la atención en la perfección y el detalle de los grabados: el rosado de las uñas y del lóbulo de la oreja son fruto de ello y de que las piezas no han perdido color porque no se han mostrado nunca. La minuciosidad de la técnica queda clara también con la demostración del proceso de estampación hecha 'in situ' por otro maestro, Takuya Okada. Y por las 36 planchas necesarias para llegar al grabado final de 'El cabello', que también se exhiben en la exposición.

Takuya Okada, durante la demostración del proceso tradicional de estampación sobre madera, este miércoles en la Fundació Miró / JOAN CORTADELLAS 

Las obras llegan de la mano de la mano de Kazumasa Katsuta, gran coleccionista de Miró con un depósito de 32 obras en la fundación, pone de manifiesto la relación entre la obra mironiana y el pensamiento y el arte japoneses. Vínculo que no se limita a la colección de estampas o al interés por el budismo zen. Está también la importancia del gesto, muy relacionado con la caligrafía japonesa que es básicamente gesto, como lo son los trípticos 'Pintura sobre fondo blanco para la celda de un solitario' y 'La esperanza del condenado a muerte', que Miró pintó el día que ejecutaron a Salvador Puig Antich. Y la relevancia del triangulo, el círculo y el cuadrado, elementos budistas, en muchos de los dibujos del pintor.

En total 60 grabados de Shinsui, escogidos por la comisaria por su belleza,  y un óleo de Miró para una exposición que se enmarca en el programa de actos conmemorativos de los 150 años de relaciones entre Japón y España.