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CRÓNICA

Pep Gimeno 'Botifarra', la memoria más viva

El cantador valenciano recorrió en Barnasants su repertorio popular con un refinado grupo dirigido por el piano de Pau Chàfer

Jordi Bianciotto

 Pep Gimeno Botifarra, este viernes durante su actuación en el Teatre Joventut. 

 Pep Gimeno Botifarra, este viernes durante su actuación en el Teatre Joventut.  / FERRAN SENDRA

Ahora que se habla más que nunca de una canción popular ajena a las transacciones industriales y al ‘star system’, Pep Gimeno ‘Botifarra’ es un referente cercano y de primer orden. Además de llevar décadas recogiendo cantos de sus mayores en las comarcas valencianas, es un cantante, o cantador, de altos vuelos con un don para ponerse al público en el bolsillo. Una mezcla de arqueólogo musical, fino vocalista y ‘showman’ que dio una nueva exhibición de sus artes este viernes en el Teatre Joventut, de L’Hospitalet, dentro de Barnasants.

Un recital en el que se mostró en su versión más sofisticada, arropado por el joven pianista Pau Chàfer y otros cinco músicos, entre ellos el padre de este, Vicent Chàfer, probo bandurrista que en 1982 acogió al Botifarra en el seno del histórico grupo folk Sarau. Tejidos instrumentales refinados, sí, pero sin rebajar un ápice el genuino poderío vocal, con su punto de pureza telúrica, del cantante de Xàtiva, desplegado en un repertorio que se asentó en un disco de título desafiante cocinado a medias con Pau Chàfer, ‘A un home que ve del poble ningú fa abaixar la cara’ (2015).

Un conejo llamado Cervantes

Orgullo popular y destellos de humor en el modo de presentar canciones como el ‘Romanç del Tio Ximo Feliu’ o ‘La massurca de l’agredolç’, trenzadas con refranes, glosas e historias que han corrido de boca a oreja a lo largo del tiempo. Como la historia de la sirvienta que fue a comprar un conejo para el señor y que, viendo que en el pueblo habían cambiado el nombre de una calle llamada del Conill por calle de Cervantes, y sabiendo apenas castellano, le entregó el animal con la frase “señor, aquí tiene su Cervantes”. Carcajadas en el Joventut. Licencias coloquiales y rigor ejecutivo en ‘L’havanera Tita’, con solo de laúd del virtuoso Tobal Rentero, y en un ‘Bolero creuat’ en el que Gimeno se acompañó de las castañuelas. Un recuerdo para “nuestros mayores”, transmisores de la memoria compartida como el Tío Trabuc y el Tío Cagalló, porque “sin ellos no tendríamos nada”.

El Botifarra se metió en el jardín de las ‘Habaneras de Cádiz’, ésta en su castellano original, una cita a Carlos Cano que resolvió con sensibilidad, sin alejarse en realidad de su imaginario y valiéndose de los sobrios arreglos de Pau Chàfer. Le siguieron, en el bis, otras dos muestras de plenitud expresiva: la ‘Havanera de la tia Alberta’, con su voz a solas con el piano, derritiendo las paredes del Joventut, y de nuevo con el grupo al completo, una frondosa ‘Malaguenya de Barxeta’ con la que dio a entender que, en manos como las suyas, el canto tradicional no debe temer al futuro. 

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