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CRÓNICA

Natalia Lafourcade, dulce conquistadora

La cantante mexicana ofreció un generoso recital en Apolo en el que recorrió toda su carrera y contó con Sílvia Pérez Cruz como invitada

Jordi Bianciotto

Natalia Lafourcade, en la sala Apolo

Natalia Lafourcade, en la sala Apolo / FERRAN SENDRA

Aunque en sus dos últimos discos, los dos volúmenes de ‘Musas’, Natalia Lafourcade orienta su mirada al folclore latino, en su regreso a Barcelona primó el recorrido por toda su trayectoria, incluyendo rescates de su etapa más tierna. Dado su escuálido currículo de conciertos en la ciudad, la mexicana estimó más oportuno explicar al público de dónde viene, y de este modo causó, este jueves en Apolo, algo parecido al delirio entre sus seguidores, que agotaron hace semanas las entradas del concierto.

Lafourcade tenía una espina clavada. “Hace unos siete años íbamos a tocar aquí y tuvimos que cancelar porque no se vendió ni una entrada”, deslizó. Hay que decir que ella pasó en el 2009 por el Sónar, y tres años después por el festival Viva la Canción, en la sala Music Hall. Conciertos breves y ante un público reducido, eso sí, en contraste con ese Apolo volcado desde que la cantante comenzó a entonar ‘Vámonos negrito’, una de las piezas del disco más citado de la noche, y con motivos, ‘Hasta la raíz’ (2015).

Pop y canción

De ahí salieron canciones que en su día la afianzaron como autora, como la que da título al disco, ‘Nunca es suficiente’ o la ardiente balada ‘Palomas blancas’, que recorrió con su voz de mujer a medio hacer pero precisa y expresiva en sus entonaciones. Envoltorio de banda con el plus chispeante de la trompeta, construyendo un sonido pop muy elaborado y fundido con fuentes de canción tradicional. Las ‘musas’ se manifestaron en el bolero ‘Tú me acostumbraste’, de Frank Domínguez, y en la intrigante oscuridad de ‘Qué he sacado de quererte’, de Violeta Parra, y entre ambas introdujo ella una encantadora pieza propia, ‘Soledad y el mar’, que parecía haber salido de algún remoto cancionero criollo.

Momentos de deleite en ‘Amor, amor de mis amores’, de Agustín Lara (que la cantante grabó con Devendra Banhart), y por qué no, en los rescates de su primera y multicolor vida pop: ‘En el 2000’ y esa juguetona aunque rabiosa ‘Ella es bonita’,  inspirada, informó, en una chica que “se llevó” a su novio. También en su faceta de cantautora solista: ‘Un pato’, con João Gilberto en mente y su repertorio de onomatopeyas.

Y hubo sorpresa cuando Sílvia Pérez Cruz fundió su voz con la suya en ‘La llorona’ y en un ‘Cucurrucucú paloma’ con dilatado festival de trinos. Noche de cumpleaños para ampurdanesa, como le cantó un público que estaba al tanto, después de que Lafourcade entonara ‘Tú sabes quererme’ con un cuatro venezolano. Todo apunta a que esta vez tardará menos en volver. “Siempre que quieran, aquí vengo yo a cantar”.