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ESTRENO TEATRAL

Vilarasau vuelve al Lliure como una dura mujer de campo

Protagoniza junto a Eduard Farelo, Clàudia Cos, Lluís Marquès y Laura López 'Si mireu el vent d'on ve', un drama contemporáneo de Nell Leyshon

Marta Cervera

Eduard Farelo y Emma Vilarasau, en Si mireu el vent don ve. 

Eduard Farelo y Emma Vilarasau, en Si mireu el vent don ve.  / ROS RIBAS

Emma Vilarasau regresa al Lliure de Montjuïc este miércoles con una obra de la escritora inglesa Nell Leyshon (Glastonbury, 1962), más conocida en España por novelas como 'El color de la leche' y 'El show de Gary' que por sus obras de teatro. 'Si mireu el vent d'on ve' ('Comfort me with apples') es una obra extraña, un drama familiar intenso y brutal, como la naturaleza, sobrevolado por un profundo dilema existencial y metafísico. "Es un texto intenso, de gran belleza y lirismo, ambientado en una granja en absoluta decadencia", explica Fernando Bernués, director del montaje.

Vilarasau encarna a Irene, una mujer de campo de 70 años, unida a la tierra y marcada por los ciclos de la natruraleza y los secretos de su familia. Le acompañan Len,  su hermano, un hombre simple y con ciertas limitaciones (Eduard Farelo), y sus hijos mellizos Roy (Lluís Marqués) y Brenda (Laura López). El regreso de Linda (Clàudia Cos), que se marchó hace tres años y vuelve tras enterarse de la muerte del padre de familia, desencadenará el drama. 

Incomunicación

Las supersticiones, el arraigo a la tierra y la incomunicación marcan a los personajes que, pese a vivir bajo el mismo techo, están aislados. No hay empatía entre ellos. "Es como si cada uno viviera en su propia isla", dice el director, encantado con la implicación de todo el equipo del Lliure en el intenso trabajo de creación. También Leyshon, que asistió a un ensayo la semana pasada, quedó impresionada con el montaje y, en especial, con el trabajo de Vilarasau, explica Bernués: "Es impresionante cómo este pedazo de actriz  es capaz de pasar de un plano cotidiano y más bien costumbrista a una dimensión casi épica". 

El entorno natural juega un papel  importante en el montaje, como resalta la despejada escenografía de Max Glaenzel. "La naturaleza impone sus reglas. Y los personajes están marcados por ella y por sus ciclos. La idea de que todo tiene un principio y un fin está muy presente".

El espectador debe ser activo y estar muy atento no solo a lo que se dice sino a lo que ocurre, añade el director, porque "Leyshon escribe de forma austera". Los silencios a menudo explican mucho más que las palabras. "Es el propio espectador quien debe cerrar el puzle que plantea la obra a partir de los datos que le va proporcionando". Pero no es un texto cerrado. Ofrece lecturas múltiples. "Es de aquellas obras en las que cada uno puede salir con una visión diferente".

Entre Macbeth y Chéjov

El director destaca la gran ambivalencia del Irene, todo un desafío para Vilarasau. "Por un lado, tiene una gran capacidad de seducción. Por otro, es frágil y vulnerable. Y tiene una determinación brutal que choca con la conciencia de su propio deterioro y el del mundo que la rodea". Se niega a compararlo con otros roles, pero en su capacidad para manipular, dice, hay algo de Lady Macbeth. La obra también tiene un aire chéjoviano. "El mundo que Leyshon plantea tan marcado por la naturaleza tiene algo de 'El jardín de los cerezos'".

La autora esciribó la pieza, su segundo texto teatral, en el 2005 inspirándose en sus recuerdos de adolescente en un área rural de Inglaterra. Le sorprendió el analfabetismo de la gente del campo tanto como las duras condiciones en las que vivían. 'Si mireu el vent d'on ve' va más allá del conflicto familiar.  "La obra podría pasar en los años 80 o hace cinco. Hay una lectura política y social clara. Muestra cómo la economía liberal hace muy difícil para los pequeños propietarios competir con las grandes empresas", comenta Bernués. Y recuerda que mienteas preparaba el montaje leyó un artículo acerca del aumento de los suicidios en granjas de Francia. "Es algo que también ocurre en las áreas rurales de Galicia", señala. "Hay toda una sabiduría acumulada por la gente del campo que es denigrada en el mundo moderno".