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CRÓNICA

Pires y Cambra lucen junto a una gris OBC

Los dos intérpretes y la orquesta recrearon un concierto para dos pianos de Mozart y Ferran Cruixent sorprendió con su tecnológica 'Deus ex machina'

César López Rosell

Maria Joao Pires, en una de sus anteriores actuaciones. / JULIO CARBO

Maria Joao Pires, en una de sus anteriores actuaciones.
El pianista Ignasi Cambra, tras una actuación.

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Era una velada rica en contrastes. Quizás demasiados como para que todo funcionara con la precisión de un reloj. No es difícil imaginar la complejidad de la preparación de un programa como el de este fin de semana en el Auditori con la mezcla de tan diferentes conceptos. El salto del estreno de la tecnológica 'Deus ex machina' de Ferran Cruixent (Barcelona, 1976) a la imponente 'Sinfonía, núm. 1' de Johannes Brahms, pasando por el 'Concierto para dos pianos y orquesta, núm. 10' de Wolfgang Amadeus Mozart con la mítica Maria Joao Pires y el ascendente Ignasi Cambra como solistas era demasiado grande. Y sucedió que los resultados no pasaron, en cuanto a la formación dirigida por Kazushi Ono se refiere, de discretos denotando una evidente falta de ajustes que perjudicaron los resultados del conjunto.

Poderoso despliegue sonoro

El poderoso despliegue sonoro de la obra de Cruixent requirió de todo el bloque orquestal, además de los archivos de audio MP3 preparados por el compositor y descargados en los teléfonos móviles de los músicos para ser utilizados en el concierto como una forma de interacción entre el autor y los intérpretes.  Sonidos como el del código morse, el latido de las 60 pulsaciones por minuto o la melodía de un despertador se mezclan con el de los instrumentos creando efectos y sensaciones destinadas a mostrar la dependencia humana de la tecnología. Un repetitivo minimalismo no restó interés a esta innovadora inmersión en el cyberg singing (cibercanto), usado por primera vez por el autor en 'Cyborg', obra con la que abrió una tetralogía que se cierra ahora con el prometedor de debut de Cruixent con la OBC.

El plato fuerte de la cita era la actuación de Pires (antes de actuar en mayo con la Orquesta de París y de volver a hacerlo en febrero del 2019 con los 'Nocturnos'de Chopin con Ibercamera) acompañada por Cambra. El joven pianista barcelonés forma parte de su proyecto Partitura que promociona nuevos talentos. Su actuación junto a la excelsa intérprete en el concierto mozartiano permitió un continuo juego de complicidades.

El resultado de la conjunción, con la prodigiosa portuguesa como voz cantante, resultó correcto. Ella exhibió una sensibilidad de luminoso sonido, directo y sin artificios, e intentó siempre buscar generosamente el equilibrio con su discípulo. Cambra resolvió con corrección su rol, lo que ya es mucho porque es difícil equipararse a una artista tan grande. El timorato acompañamiento de la OBC, intentando no perturbar el diálogo entre los solistas, mermó algo el resultado final. Las cariñosas aclamaciones del público a los intérpretes dejaron un buen sabor de boca antes de que los pianistas ofrecieran un bis con el primer movimiento de la 'Sonata para piano a cuatro manos K381' del propio Mozart.

La recreación de sinfonía de Brahms, uno de los ejes de la actuación de Ono sobre la orquesta, resultó menos estimulante que en otras ocasiones. La fuerza del trasfondo épico de la obra se manifestó sobre todo en el final que es donde la OBC mostró todas sus cualidades.  

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