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CRÓNICA

Kepa Junkera, enciclopedia catalana

El acordeonista bilbaíno desplegó el cancionero tradicional de 'Fok' en el Auditori con invitados como Marina Rossell, Xavier Baró y la Cobla Sant Jordi

Jordi Bianciotto

Kepa Junkera, en el Auditori

Kepa Junkera, en el Auditori / FERRAN SENDRA

Que Kepa Junkera, estrella internacional y cómplice de figuras como The Chieftains, Béla Fleck o Dulce Pontes, dirija la mirada al cancionero tradicional del mundo catalanohablante hasta el punto de dedicarle todo un doble disco es un toque de atención hacia un imaginario no siempre valorado en su justa medida. Un cancionero de amplísimas miras, tan ancestral como ilustrado, que el bilbaíno recorrió a placer dándole un toque personal con su acordeón diatónico, la trikitixa, en un concierto poco menos que enciclopédico, este jueves en el Auditori, bajo el doble paraguas de Barnasants y Tradicionàrius.

En el disco, ‘Fok’, toman parte hasta 200 músicos, una treintena de los cuales fueron desfilando por el escenario después de que los directores de ambos festivales, Pere Camps y Jordi Fàbregas, dirigieran unas palabras de bienvenida con un recordatorio al destituido ‘conseller’ de Cultura, Lluís Puig. El sonido de la trikitixa desnuda se abrió luego paso por la platea del Auditori en manos del mismo Junkera, evocando la mágica melodía de ‘El rossinyol’.

Panderos y arpas

El mundo de la música de raíz alimenta anhelos prodigiosos, como que un joven músico, Guillem Ballaz, se las apañe para que alguien le construya un pandero cuadrado, como los que habían ido de mano en mano en otros tiempos y de los que ya no quedan. Golpeándolo amorosamente en una canción del Urgell fuimos entrando en el país de las polkas y las ‘balladetes’, de los ritmos festivos y de melodías encantadas como las de ‘La cançó del lladre’, pieza esta que interpretó Xavier Baró, cantando con los ojos cerrados, sobre la hechizante telaraña del arpa de Josep-Maria Ribelles.

Los caminos de la Catalunya vieja se cruzaron con el carácter del sur: de las canciones del Pirineo, evocadas por El Pont d’Arcalís, a las jotas de un tándem atómico, el del valenciano Hilari Alonso y la mallorquina Miquela Lladó. El romance ‘El testament d’Amèlia’ expresó tragedia en boca de Gemma Humet, quien se alió luego con Lladó en un ceremonioso viaje a ‘La ciutat de Nàpols’ envuelto en los serenos metales de la Cobla Sant Jordi.

Junkera respetó los contornos de todas esas canciones, añadiendo su sabor propio con la trikitixa e integrando a veces la txalaparta. Y así, dirigiendo discretamente el concierto, el escenario se fue llenando más y más, incluyendo ‘bastoners’ y ‘castellers’ que levantaron una prodigiosa torre. Tonos melancólicos con ‘La Balanguera’ y solemnes en ‘Els segadors’, cénit en la sentida voz de Marina Rossell, dejando a su paso el legado de muchas vidas.