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CRÓNICA

Jabier Muguruza, por otro camino

El cantante fundió su mundo poético con un tratamiento electrónico en Barnasants

Jordi Bianciotto

Jabier Muguruza en el Auditori Barradas de LHospitalet. 

Jabier Muguruza en el Auditori Barradas de LHospitalet.  / FERRAN SENDRA

Un artista demuestra que tiene una voz propia cuando ya no importa tanto de qué materiales se rodea porque su esencia pasa por encima de la manufactura. Jabier Muguruza sigue siendo Jabier Muguruza aunque ahora no acompañe sus versos con el acordeón o el piano, sino con un ‘sampler’ y la aventurera guitarra eléctrica de Ander Mujika, en esa nueva versión de sí mismo con la que abrió caminos inéditos este viernes en el auditorio Barradas, de L’Hospitalet, en el marco de Barnasants.

Un movimiento atrevido, porque asociamos la canción de autor a una estética clásica, orgánica, en que parece que la tecnología equivalga a artificio. Pero no hubo más que escucharle entonando la primera estrofa de ‘Leiho bat zabalik’ para percibir una continuidad, aunque matizada por un tacto distinto, un poco más abstracto y menos sentimental. Esa ‘ventana abierta’ que da titulo al nuevo disco ilustró la historia de un suicida que se lanza a través de ella y, brindando un contraste quizá irónico, ofreció otras perspectivas a su canción minuciosa, que sugiere más que imponer.

Pistas electrónicas

Notas ásperas y llenas de distorsión, las de Mujika en ‘Spam kanta’, o expresadas a través de limpios arpegios en ‘Ez zait gustatzen poesia’ ("No me gusta la poesía / porque es tramposa"). Tormentosa o acogedora, la guitarra tenía una vida propia que, solapada a veces con los discretos ‘loops’ electrónicos y fugaces tramas rítmicas, se adhirió piel con piel a esos poemas de fondo un tanto oscuro, como en ‘Izana, izatekoa’ (‘Lo que fue, lo que será’). Un texto este que alude al alzheimer y que toca muy de cerca de Muguruza: como explicó, mientras trabajaba con el autor de poema, Gerardo Markuleta, fallecieron de esa enfermedad las madres del uno y del otro.

Aunque, a propósito de la repescada ‘Maite zaitut, ez’ (‘Te quiero, no’), ironizó con el “estereotipo vasco” del “hombre incapaz de expresar sentimientos”, él mismo lo desmontó haciendo notar la emotividad de ‘Etxera iritsi’ (‘Tus ojos’), texto de Iñaki Irazu. Las enmiendas no son totales en su mundo: suele haber lugar para la réplica o la matización, para el interrogante o los puntos suspensivos. Y poco a poco, tras contar con la voz invitada de Mariona Castillo, caminó hasta el fundido con el poema ‘Tan petita’, de Maria-Mercè Marçal, recordando que cantaba “en una lengua minorizada”, un apunte inhabitual en sus recitales. "Hay gente que no lo entiende. Y esas cosas no se pueden explicar".

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