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BCNEGRA

Kike Ferrari, un "pitufo" tarantiniano

El escritor argentino, que trabaja de limpiador nocturno en el metro de Buenos Aires, reedita 'Que de lejos parecen moscas', ajuste de cuentas con los que se enriquecieron en la dictadura

Anna Abella

El escritor argentino Kike Ferrari, autor de Que de lejos parecen moscas, este viernes en Barcelona.

El escritor argentino Kike Ferrari, autor de Que de lejos parecen moscas, este viernes en Barcelona. / JORDI COTRINA

Tras tomarse una Viagra y unas rayas de coca y beneficiarse de los favores de una de las chicas de su club nocturno, el señor Machi, vestido de Armani, con su Rolex y sus gafas Versace, sube a su BMW rumbo a casa. Pero un reventón le lleva a descubrir un cadáver en el maletero, encadenado con las esposas de terciopelo rosas que usa con sus amantes. Ahí empiezan seis horas frenéticas en la mejor tradición tarantiniana, influencia confesa del argentino Kike Ferrari (Buenos Aires, 1972), que en apenas 180 páginas logra que el lector sienta su mismo “odio” por el mezquino, prepotente y “miserable” protagonista sin escrúpulos de ‘Que de lejos parecen moscas’, premio a la mejor ópera prima en la Semana Negra de Gijón 2012. 

A pesar de las buenas críticas no logró con una pequeña editorial la difusión que ahora le proporciona Alfaguara, que ha recuperado la novela. Ferrari presenta la reedición en BCNegra, donde este domingo participará en la última jornada en una charla sobre ‘Pulp fiction’ en la Antiga Presó Model.

“El señor Luis Machi se llama igual que un empleador que tuve y que me despidió igual que el personaje despide a un antiguo trabajador. Hacía dos meses que no tenía un día libre y cuando por fin lo tuve quedé con la que hoy es mi mujer. Y apagué el móvil. Me había llamado y me despidió por no responder. Este es mi ajuste de cuentas”, sonríe Ferrari. Por un lado quería retratar a “un malo malísimo, ejemplo de aberración extrema del individualismo, la versión plus ultra de lo que el capitalismo desea crear, para quien todos los que le rodean existen para que los utilice, sus hijos y su esposa son adornos que hay que tener, sus amantes no son nada, mujeres a las que trata peor que a sus empleados”. 

Limipiador nocturno

Pero Machi es mucho más: “Es el paradigma del nuevo rico de la nueva burguesía argentina iletrada que hizo su fortuna en la dictadura haciendo negocios con el Estado y con la especulación financiera, igual que Mauricio Macri (presidente argentino)”, denuncia Ferrari, que lleva años compaginando la escritura con su trabajo de limpiador nocturno en el metro de Buenos Aires. 

El escritor argentino Kike Ferrari, autor de 'Que de lejos parecen moscas', este viernes en Barcelona / JORDI COTRINA

Es esta una etiqueta que espera borrar con su próxima novela (ya entregada a la editorial e influenciada por Philip K. Dick y que resume con un “Terminator rojo, que viaja en el tiempo hasta el México de 1940 para impedir que Ramón Mercader mate a Trotski). Pero asume que “los escritores son como la aldea de los pitufos, un montón de enanitos azules iguales hasta que alguien te pone una categoría: gruñón, etcétera. Y yo fui el pitufo que barre el metro. Lo acepto porque me da una visibilidad que necesito para que me lean”.   

Cuando Machi halla el cadáver, del que nunca se pregunta quién es, entra en “una especie de cinta de Moebius, sufre un castigo circular que nunca termina, como el de Sísifo, subiendo una y otra vez la roca”. En esas horas Ferrari intercala ‘flashbacks’ que descubren a los posibles enemigos del protagonista, que él nunca consideró tales pues “lo peor es que cree que nunca ha hecho mal a nadie”. 

Sin embargo, el autor, que en los 90 fue deportado de EEUU, adonde llegó buscando trabajo, confiesa, sin dar más detalles, que escribiendo se encontró con su “propia monstruosidad”. “Fue duro reconocerme en las miserias y porquerías que hay el libro y que son producto de cosas que vi y me sucedieron”.

Torturadores de segunda línea

Uno de los que rodean a Machi es ‘el Cloaca’, un loco sanguinario y extorturador sin escrúpulos de la dictadura argentina. “El tema está ahí. Sigue enojándote. Hace poco han sacado de la cárcel para arresto domiciliario a Miguel Etchecolatz (un importante cargo ejecutor de la represión condenado por crímenes de lesa humanidad)”. El problema no son, denuncia, los torturadores de primera línea como este sino los de segunda o tercera, que se acogieron a la ley de obediencia debida para no rendir cuentas. “Les ordenaban hacer hablar a alguien pero nadie les ordenaba que lo hicieran metiendo una picana intravaginal a un feto para que la madre hablara o inyectando algo para dormir a un preso para lanzarlo vivo de un avión. Y lo hacían”.  

Tiene Ferrari siempre presente a Borges. Fue un texto suyo en un prólogo de ‘Las palabras y las cosas’, de Michel Foucault, donde menciona una enciclopedia china que divide a los animales en 14 apartados, los que le dieron el índice de capítulos del libro. El último lo reservó para el título, ‘Que de lejos parecen moscas’. Un aviso sobre el final de la novela: “Como lector creo que odiaría cómo acaba”. 

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