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BCNEGRA

B. A. Paris cocina un 'thriller' paranoico

La escritora británica publica su segunda novela, 'Confusión', tras el éxito de 'Al cerrar la puerta'

Elena Hevia

La escritora británica de novela negra B. A. Paris. 

La escritora británica de novela negra B. A. Paris.  / RICARD FADRIQUE

Hay varias pistas que arrojan luz a la trayectoria de B. A. Paris: un trabajo en el mundo de las finanzas, un matrimonio por el que lo abandonó, una larga estancia de años en París, cinco hijas y un síndrome de nido vacío del que se sobrepuso escribiendo novelas de intriga. Detrás de esta británica de 60 años que en realidad se llama Bernadette MacDougall está uno de esos éxitos editoriales fulminantes que llevaron a su primer trabajo, 'Al cerrar la puerta', a convertirse en superventas y, próximamente en película. Ahora, mientras redacta su cuarta novela, presenta en BCNegra la segunda, 'Confusión' (Alianza de Novelas), otro ‘thriller’ en el que nada es lo que parece.

Asegura que siempre se había imaginado a sí misma escribiendo en el futuro, pero fue arrinconando ese deseo hasta que una de sus hijas hace unos diez años supo de un premio literario y la animó a ponerse manos a la obra. "Yo empecé casi como un juego, escribí una novela y luego otra y todas se quedaron en el cajón hasta que una editorial aceptó 'Al cerrar la puerta' sin conocerme. El editor no sabe la edad que tienes cuando recibe un libro manuscrito",  explica. Dicho así parece fácil, pero hay más datos que hacen el dibujo menos claro. Para empezar la experiencia de Paris (o MacDougall) en novela policiacas se reduce a su pasión adolescente por los enigmas de Agatha Christie y en la actualidad apenas lee novela negra.

El dilema

‘Confusión’, una novela que ha escrito de una forma mucho más consciente que su primera obra publicada, nace de una experiencia de la autora. "Ocurrió cuando yo volvía a casa conduciendo y me sorprendió una gran tormenta. Pensé qué ocurriría si en esa situación viera un coche averiado. ¿Llegaría a detenerme para ayudar. Si no me paro me iba a sentir muy mal, pero si lo hago, a lo mejor es una trampa. Y todo un dilema". 

A ese dilema al que se enfrenta la protagonista desde las primeras páginas se une la confusión mental en la que se ve sumida y es que  alguien, intuye el lector, le debe de estar haciendo luz de gas. “Tengo varias amigas con padres que padecen demencia senil y están muy preocupadas ellas también de padecerla. Yo mismo pienso en ello, porque me hago mayor y se me olvidan las cosas pequeñas. Quería explotar ese miedo”. 

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