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Andreu Martín, un buen tipo fascinado por el mal

El novelista, maestro local de la novela negra, publica 'L'Harem del Tibidabo'

Elena Hevia

Andreu Martín, en la Llibreria Documenta.

Andreu Martín, en la Llibreria Documenta.  / RICARD FADRIQUE

Lo primero es constatar y sorprenderse de que un tipo tan afable como Andreu Martín (Barcelona, 1949) sea uno de los más esforzados y prolíficos autores de la novela criminal en catalán. Dice, y hay que creerle aunque el tono sea divertido y guasón, que lo suyo es la fascinación por el mal. Nada que no sintamos todos, la gente corriente, esa mezcla de repulsión y atracción por los detalles escabrosos. Lo explica el autor en la presentación de su última novela, 'L’Harem del Tibidabo' (Crims.cat / Al revés). “Si oímos que, sin más, un hombre ha asesinado a 12 personas no nos producirá tanto horror como si nos cuentan que ha torturado hasta la muerte a su mujer y su hija”. Flaubert decía que Dios está en los detalles, pero Martín debe estar convencido de que en realidad es el diablo el que se preocupa por ellos. Por lo menos en la novela negra.

No se exija rigor histórico en la localización del prostíbulo, eso es el Harén, que el escritor ha imaginado en el Tibidabo, concretamente en un edificio en el que durante la guerra civil se instaló el consulado soviético (esto es cierto pero hoy alberga una casa de seguros). Martín cambia la numeración y sobre todo fantasea con un lupanar sofisticado con cortinajes, deidades hindús en delicadas posiciones sexuales, una sala regia para las orgías y un subterráneo, el búnker que dejaron los soviéticos y que en la realidad se puede visitar.

Una noticia buena y otra mala 

El investigador es Mili (de Emili) Santamarta, propietario del negocio y un tipo peculiar al que le gusta travestirse. Y el crimen sucedió 12 años atrás, cuando la madre de Mili desapareció supuestamente con un cliente aunque en realidad fue asesinada. “Paradójicamente, Mili recibe a la vez una buena y una mala noticia. En realidad su madre no le abandonó como imaginaba pero la realidad es que está muerta”, cuenta Martin.

Ríe cuando se le pregunta si se ha documentado personalmente en esa retahíla de lugares nada santos que aparecen en el libro: cuevas de sadomasoquismo, templos de sectas satánicas y demás lugares de perdición. Le quita hierro al asunto: “Según los mossos d’esquadra hay 23 de sectas satánicas en Barcelona. Dicho así suena muy fuerte porque en realidad, ¿cómo se puede confiar en una secta satánica con sede y estatutos? ¿Qué harán más allá de matar una gallina y alguna que otra orgía?” De ahí que prefiera imaginarlas, con su mala baba de otros tiempos.

Protagonista, Barcelona 

Como en otras novelas suyas –más de 100, que se dice pronto- aquí una de sus protagonistas es también Barcelona. vínculo con una de sus novelas mayores, ‘Cabaret Pompeya’, un retrato la ciudad en los años 20 cuando imperaba el pistolerismo, parece directo.  “Retrata una cierta sociedad barcelonesa, porque Barcelonas hay muchas y se pueden identificar muchos lugares, pero no me gustaría que se relacionara directamente con ‘Cabaret Pompeya’ porque son libros distintos, aunque los haya escrito yo”.

Personaje sulfuroso, Martí se lamenta de que aquella novela no tuviera una mayor recepción y culpa a la editorial de no haberla ‘movido’ lo suficiente. Juró no volver a escribir después de aquello, también dijo que no firmaría por Sant Jordi. Pero aquí está con una nueva novela negra y otra en camino sobre el yihadismo y la lucha antiterrorista tras los hechos del 17 de agosto. En Sant Jordi, veremos. 

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