CRÓNICA

Emotivo grito contra la pena de muerte

La ópera `Dead man walking¿, basada en el libro de la monja Helen Prejean, sacude al Teatro Real gracias a la fuerza de la música de Jake Heggie

Joyce DiDonato, recreando a la religiosa, deslumbra con un actuación llena de matices dramáticos y vocales

El barítono Michael Mayes  durante el ensayo de  ’Dead man walking’.  

El barítono Michael Mayes  durante el ensayo de  ’Dead man walking’.   / Javier del Real

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¿Estamos a favor de la venganza o del perdón? La pregunta central de ‘Dead man walking’ (Ahí va el hombre muerto), pronunciada por Jack Heggie autor de la ópera con libreto de Terrence McNally basado en las experiencias en el corredor de la muerte de la monja Helen Prejean, resonó el viernes en el Teatro Real. Era la noche del estreno en España de la composición contemporánea de más impacto del siglo XXI, con 60 diferentes producciones y más de 300 representaciones en todo el mundo. Emoción hasta las lágrimas. Lo había advertido la propia Prejean, durante su estancia en Madrid para asistir, a sus 79 años, a la primera de las seis funciones (hasta el 9 de febrero) de este relato y ejercer de incansable activista en su cruzada contra la pena capital: “Abrochénse los cinturones porque difícilmente podrán contener todo el caudal de sentimientos que proyecta la música al narrar esta historia sobre el poder redentor del amor”.

Tenía razón la religiosa al hacer esta afirmación y decir que un arte como la ópera era la mejor forma de expresar la fuerza del drama. El público no pudo contenerse después de la sacudida que había recibido y estalló, puesto de pie, con bravos y aplausos. Entre los espectadores se encontraba un conmovido Joaquín José Martínez, primer español en salvarse de una condena a muerte en EEUU. Prejean vivió en primera persona la dura experiencia que relata en un libro acompañando en su periplo hacia su ejecución al preso Joseph de Rocher. El texto se convirtió en la primera ópera de Heggie, estrenada en el 2000, cinco años después de la película ‘Pena de muerte’, protagonizada por Susan Sarandon (Oscar a la mejor actriz) y Sean Penn, en el rol del preso. La monja, abrazada, en los saludos finales a una descomunal Joyce DiDonato, que revive en escena el angustioso pero firme trayecto de la hermana, demostraba lo feliz que se sentía por el resultado del montaje de Leonard Foglia, de ágil y descriptiva estructura carcelaria, y por su repercusión en España, país donde encuentra más comprensión en su lucha contra la pena capital

La coloratura de la mezzo norteamericana, puesta al servicio de los diferentes estilos musicales utilizados para plasmar su estado de ánimo, viene como anillo al dedo para dar fuerza dramática a la historia. Igual sucede con la actuación del fibroso y potente barítono Michael Mayes (De Rocher), la imponente Measha Brueggergosman  (hermana Rose, confidente de Prejean) y la gran Maria Zifchak (madre del condenado). Completa este estelar cuarteto un reparto con la siempre estimulante Maria Hinojosa, Damián del Castillo, Roger Padullés, Vicenç Esteve y Toni Marsol, entre otros. La orquesta, dirigida con dominio de la obra por Mark Wigglesworth, y los coros estuvieron a la altura del acontecimiento.

El asesinato de dos adolescentes

La escritura de Heggie, centrada sin complejos en proyectar la emoción del libreto, facilita el fácil seguimiento del auditorio al huir de toda tentación vanguardista. Jazz, soul, gospel, rock e influencias como Bernstein o Ravel aparecen en una partitura que bebe en las fuentes del musical americano. La ópera plantea la historia más crudamente que el filme. Empieza por escenificar con desinhibidas y violentas imágenes el asesinato de los dos adolescentes y estableciendo desde el principio la culpabilidad de un asesino cruel. Prejean defiende que no por eso merece morir y menos a manos del Estado: “A cualquiera hay que ofrecerle una oportunidad de redención”.

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Los ‘leivmotivs’ de la obra marcan sus momentos culminantes, como el dramático del inicio o el final con la ejecución, antes de la emocionante despedida de los familiares. Arias, recitativos, plegarias, emocionantes duetos y coros carcelarios e infantiles salpican el tratamiento musical. Es significativo el pasaje en el que la hermana y el preso se arrancan con ‘The jailhouse rock’ de Elvis Presley, demostrando que seres humanos tan distintos pueden compartir cosas en común. Pero hay muchas más cosas en esta ópera que es una verdadera lección de cómo enfocar las nuevas composiciones para atraer a un nuevo público. Christina Scheppelmann, del Liceu, presente en el estreno, explicó que la pieza no vendrá al Gran Teatre, aunque si ‘Mobby Dick’, una de las otras piezas de un autor destinado a marcar una época.