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ENTREVISTA

Julio Bustamante: "La música es un estado espiritual"

El cantautor valenciano presenta en Sidecar su nuevo disco, 'La misión del copiloto'

Jordi Bianciotto

Julio Bustamante.

Julio Bustamante. / DAVID SAGASTA

Julio Bustamante está de vuelta con el repertorio soleado de 'La misión del copiloto', un disco de encantadoras canciones pop inspiradas en el enamoramiento que presenta este viernes en Sidecar (21.00 horas). Actuará con el grupo Lavanda, que integran su hijo Lucas, la fiel Montse Azorín, Antonio Iglesias (Dwomo) y Gilberto Aubán (Gilbertástico), y a los que se unirán, en algunas canciones, Clara Viñals (Renaldo & Clara) y Hans Laguna.

El copiloto aparece en la canción como el actor secundario pero del cual dependen cosas decisivas. Sí, todos somos copilotos, todos vivimos en función unos de otros, y es así como tiramos las cosas adelante. Es un homenaje a la solidaridad que nos hace falta como especie al vivir cada día.

¿Diría que usted es más creador de canciones que de discos? Sí, porque mi trabajo principal es afrontar cada canción, empezando por la letra y viendo luego, a partir de las sensaciones que transmite, qué músicas encajan. La letra manda.

Pero aquí, por una vez, parece haber un hilo conductor en todo el álbum. En este se ha dado la circunstancia de que había muchas canciones que tenían que ver con una relación que tuve hace unos tres años. Por eso este disco tiene un aire más pop, porque refleja esa época de enamoramiento, alegría y esas cosas. En dos terceras partes de las canciones eso se refleja bien: son como un diario, desde el principio hasta el final. Hay que decir que fue una relación fugaz.

En 'Gran amor pequeño' confiesa haber descubierto lo que es "despertar con la mujer al lado, / desayunar en complicidad"… Sí, ese tipo de cosas. Como en 'Superulls del rodalies', 'Mientras lees en voz alta', 'La palabra cepillo'… Eso da al disco una centralidad que se percibe.

Cierra el disco 'El cel de les cançons', donde la creación musical aparece como el refugio después del amor. La tenía compuesta de antes, pero me iba bien porque representa el volver a la vida solitaria. Es cortita. Se la mandé a Maria Rodés para que la cantara. Tiempo atrás me dijo que le gustaría colaborar en alguna canción mía.

Los invitados no se limitan a hacer unos coros o cantar una estrofa: llegan a interpretar casi canciones enteras. Sí, no es la primera vez, ya lo hice en otros discos con Soledad Vélez o Carol McCloskey. Me gusta compartir la voz con alguien que pueda enriquecer la canción, como Montse [Azorín], que lleva muchos años con nosotros. También Clara Viñals, que ya cantaba una balada, 'Somriure astut', en el disco anterior.

Nacho Vegas canta en 'Iratxi'. ¿Qué significa? Viene de un sueño que tuve. Transcurría en la sierra valenciana, allí donde comienza el sistema ibérico, y una chica estaba ahí encantada señalando los bosques y diciendo "iratxi, iratxi"… Una imagen de abundancia, con mucha masa forestal. He investigado un poco y resulta que en el idioma íbero, del que proviene el euskera, esa palabra significa bosque, madera, y por extensión, cantidad, porque había tanta… En esa canción digo lo que pienso de la vida urbana.

"Todos somos copilotos, todos vivimos en función unos de otros, y así es como tiramos las cosas adelante"

Sus canciones transmiten una ilusión juvenil eterna. Yo me identifico mucho con la música como un estado espiritual que no tiene nada que ver con la edad ni con tu oficio. Es totalmente espiritual, y ayuda a ello tener unos sentimientos, si no juveniles, sí entusiastas.

¿La música debe servir para sentirte mejor, no para hundirte? Sí, y para divulgar cosas que hay que divulgar, como los sentimientos. Por eso para mí es tan importante la letra.

Con sus canciones ha conectado con músicos más jóvenes. ¿Se siente más cerca de ellos que de los de su generación? Es que en la música desaparece ese tipo de separación. Lo que pasa es que de mi generación van quedando poquitos, pero cuando la gente de Maderita, hace ya diez años, me propuso hacer algo juntos, no dudé. Luego vino Xesc Cabot, con Fred i Son, y lo mismo. Pero yo también ha aprendido mucho de todos ellos. Aunque es verdad que en este disco se nota mucho la juventud.

Hace unos años dijo a este diario que reunir a In Fraganti sería "el summum" para usted. ¿Lo ve posible? No, eso desgraciadamente ya no puede ser. Mi hermano Tico está lejos de la música, y Remigi [Palmero] lleva también unos años apalancado en su pueblo. Pero tampoco pienso en el pasado. Mi filosofía siempre ha sido pensar en el presente.

En la prensa nos gusta hablar de tres álbumes clave del llamado 'rock mediterráneo' valenciano: 'Brossa d’ahir' (1977), de Pep Laguarda; 'Humitat relativa' (1979), de Remigi Palmero, y su propio 'Cambrers' (1981). ¿Ve correcta esa asociación? Bueno, sí, aunque nosotros no habríamos hecho lo que hicimos si no hubieran estado antes Sisa y Pau Riba, que eran nuestros referentes. Esto está clarísimo. También Ia & Batiste, unos maestros. Nosotros solo queríamos normalizar el pop de la calle en catalán. Un pop normalito, sin pretensiones.

¿En sus inicios bebió más del pop o de la canción de autor? Yo he bebido de muchas fuentes. Comencé en el folk, y cuando conocí a Remigi me quitaron la guitarra acústica de las manos y me pusieron el bajo eléctrico, y fue una lección muy grande para mí. Pero nunca me he olvidado de mi lado folk: a lo largo de una carrera no dejas una cosa para ir a otra, sino que te vas enriqueciendo.

¿Bob Dylan era su faro? Sí, claro, como para todo el mundo, pero también muchos cantautores italianos, como aquel genovés, Fabrizio de André. El folk sigue siendo mi filosofía: no importa que la canción sea pop, o bossa nova, o lo que sea, que si no funciona con la guitarra y con mi voz, no es cuestión de insistir. Tengo una visión muy de música tradicional.

Cuando uno lleva tiempo componiendo canciones, ¿hacer una es más fácil o más difícil? Mi sensación es la de siempre, la de que hay que tener algo que decir, ya sea tuyo a a través de una adaptación de un poema. Y armarse de paciencia para hacerlo bien, trabajando el texto, vistiéndolo… Pero sin miedo. Siempre salen ideas.

Suele basar sus conciertos en material reciente, ¿recuperará clásicos en Sidecar? Pues estamos muy contentos porque últimamente nuestras actuaciones se alargan hasta las 20 canciones o así. Tocamos primero 11 de las 12 canciones del nuevo disco, luego algunas del anterior, 'En el nombre del gato', y al final recuperamos 'València no s’acaba mai', 'Al sur del corazón', 'Hablando de Van Morrison'... Siempre se monta mucha fiesta.

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