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TEATRE GOYA

Pou contra la ballena

El actor se mete en la piel del capitán Ahab en una ambiciosa versión teatral de 'Moby Dick', dirigida por Andrés Lima

Elena Hevia

Josep Maria Pou ante La Real, réplica de la galera de Don Juan de Austria, en el Museu Marítim.  

Josep Maria Pou ante La Real, réplica de la galera de Don Juan de Austria, en el Museu Marítim.   / RICARD CUGAT

No le llaméis Ismael si acaso llamadle Ahab o mejor todavía, Josep Maria Pou. Acostumbrado está el actor a los personajes 'bigger than life', así que este capitán con pata de palo y fijación perpetua por una ballena blanca que le llevará a la muerte (o que es la muerte misma) es solo la tercera estación en una escalada interpretativa por su ambición escénica. Pou fue el rey Lear, también Orson Welles y ahora recala en 'Moby Dick', el clásico proteico de Herman Melville que todo el mundo conoce y tan pocos han leído. Lo explica como una cumbre, un 'tour de force'.

El montaje dirigido por Andrés Lima con adaptación de Juan Cavestany se instala en el Teatre Goya a partir del viernes y tendrá su estreno oficial el día 29. Promete espectacularidad audiovisual, efectos especiales (la pierna postiza del capitán está diseñada por el equipo DDT SFX que ganó un Oscar por 'El laberinto del fauno') y magia teatral de la de toda la vida. Paradójicamente, el reparto se resume en tres actores, Pou, por supuesto, pero también Jacob Torres y Oscar Kapoya, que encarnan ellos solos el resto de la tripulación del Pequod, el barco maldito. Ahí están el narrador Ismael, al primer oficial Starbucks (sí, como la cadena de cafeterías) o el insignificante Pip, entre otros muchos. Y otra reducción a lo esencial, en tan solo hora y media Lima y Cavestany han logrado liofilizar, en castellano, el impresionante metraje original.

Juan Cavestany, Josep Maria Pou y Andrés Lima, en el Museu Marítim / RICARD CUGAT

Como Welles y Gassman

La idea de montar 'Moby Dick', una montaña que en su momento escalaron dos monstruos teatrales como Orson Welles –de nuevo él- y Vittorio Gassman, partió de un viejo deseo del productor de Focus David Martínez que veía en Pou al mejor Ahab posible. “Este es un montaje de productor”, recalca Pou que lleva 12 años pensandose esta propuesta que ahora se concreta y que llega en uno de sus momentos más dulces porque en octubre de este año celebrará sus 50 años con la profesión. A los veintitantos fue un enfermero cachas con el torso desnudo que, sin frase alguna, metía en cintura a los locos de ‘Marat-Sade’, el legendario montaje de Adolfo Marsillach.

"Ahab exige que empieces la función con el máximo de revoluciones que puede alcanzar un bólido y se mantiene así hasta el final" 

Josep Maria Pou 

En Ahab el actor ve “el personaje que Shakespeare se olvidó de escribir” y por ello lo aborda a lo grande con esa característica sobrehumana que tienen algunos personajes del británico. “Ahab exige que empieces la función con el máximo de revoluciones que puede alcanzar un bólido y se mantiene así hasta el final, sin desfallecer para llegar el primero a la meta”. Y para más complicación, debe mantener esa intensidad durante toda la función con una prótesis de madera. “Colocármela es toda una ceremonia previa a la función y cuando lo hacen siempre pienso que no voy a poder caminar. Pero luego todo se pone en marcha, me dejo arrastrar por la locura de Ahab y no me entero”.

Abstracta y oscura

Sabido es que 'Moby Dick' es una novela de novelas: una historia de aventuras, un tratado sobre las ballenas, un estudio filosófico, una tragedia, una parábola religiosa... Cavestany ha optado por orillar su vertiente aventurera, esa que debidamente rebajada, colocaba el libro en las bibliotecas infantiles, y se ha centrado en sus aspectos más abstractos y oscuros, los más importantes para él. “He querido meter las manos en el barro del libro, atravesar la experiencia místico-filosófica de un libro extraño con cuatro protagonistas: Ismael, el narrador que va desapareciendo paulatinamente, el torturado Ahab, la ballena que se mantiene oculta hasta el final y el propio Melville del que no dejamos de oír su voz en toda la novela”.

"El enloquecido personaje navega en un mar bíblico dominado por un Dios vengativo, pero en cierta forma camina hacia la luz"

Andrés Lima 

Concibe Lima, su director, el montaje como una especie de oratorio. Un oratorio con tres actores que bebe directamente de la Biblia, así que nadie vaya al Goya pensando que va a encontrarse con el technicolor de aquella película de Huston (donde por cierto Orson Welles, de nuevo él, tenía un papelito). “Es la historia de una obsesión –explica Lima- y todo se explica a través de los ojos de Ahab, dictador y héroe a la vez. El enloquecido personaje navega en un mar bíblico dominado por un Dios vengativo, pero en cierta forma , camina hacia la luz, lo que lo hace profundamente humanista”.

El milagro 

Y en esa luz (atención, ‘spoiler’), Ahab encuentra el fin en forma de ballena blanca. ¿Cómo resolverá el montaje ese duelo final? ¿Veremos la ballena? Posiblemente no, pero sentiremos su presencia. Tules e imágenes traerán a escena al cetáceo albino que para Ahab, y en palabras de Lima, “es una imagen llena de sangre y de ojos, en ningún caso realista”. En todo caso, el equipo espera que esa emoción para el espectador se traduzca en la lectura de un clásico del que el crítico Harold Bloom dijo que “no era un novela sino un milagro” y del que Borges, uno de sus principales valedores, aseguraba que “página a página usurpaba el tamaño del cosmos”. 

Temas: Teatro

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