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CRÓNICA

Paramore, la terapia del baile

La banda estadounidense mostró en el Sant Jordi Club el efervescente punk-pop de su nuevo disco, 'After laughter', en su debut barcelonés

Jordi Bianciotto

Hayley Williams, durante la actuación de Paramore en el Sant Jordi Club.

Hayley Williams, durante la actuación de Paramore en el Sant Jordi Club. / FERRAN SENDRA

Aunque en la música la angustia cotice más que la felicidad, a medida que creces es de mal gusto hacerse el atormentado para parecer interesante, y llega un punto en que hasta las bandas pop-punk 'emo' como Paramore comienzan a hacer muecas de desagrado cuando se miran al espejo. Y reaccionan: la vida no es tan desoladora, al fin y al cabo, para unos chicos de Tennessee como ellos, que hace más de una década, sin apenas haber salido de la adolescencia, ya estaban cosechando discos de oro y de platino.

Así que Paramore debutó por fin en Barcelona, este domingo en el Sant Jordi Club, en una versión algo transformada. Sus dos últimos trabajos, y más en particular el reciente ‘After laughter’, lanzado el pasado mayo, rebajan la distorsión de las guitarras, potencian los sintetizadores afrutados e introducen tramas rítmicas ‘funky’ y estribillos color pastel. Un cambio que quizá haya ido parejo a la evolución de su público, que ocupó tres cuartas partes de la sala en una fría noche de domingo y bendijo con entusiasmo este nuevo repertorio dotado de banderines coloristas como ‘Hard times’, la potente canción disco-pop que abrió la noche.

Pop multicolor

Paramore dotó su música de un agradable detallismo cromático: banda ampliada de tres a siete miembros, ‘set’ adjunto de percusiones y hasta tres guitarras mimando las cenefas ‘afro’ de canciones como ‘Told you so’. Material tendente a un pop bonito y resultón, con pinceladas exóticas (‘Pool’) y recesos acogedores (‘Forgiveness’). Al frente, una Hayley Williams que de lejos era clavada a la Debbie Harry de 1978 si bien mostraba cierta tendencia a la sobreexcitación tanto en el canto como en las poses y los movimientos de su leonina melena. La mitad del repertorio lo aportó el nuevo disco, del que hay que mencionar golosinas como ‘Caught in the middle’, ideal para botar en un macrofestival, y esa ‘No friend’ desparejada y con puntos de fuga psicodélicos.

Rescates como ‘That’s what you get’ y ‘Still into you’, con sus guitarras punk-pop, no desentonaron en ese renovado guión de Paramore, aunque en sus momentos más rock, como ‘Misery business’ (de su segundo disco, del 2007, y en la que invitaron a cantar a una fan de nombre Nerea), sí evidenciaron las distancias entre pasado y presente. En las salvas finales, ‘Ain’t it fun’, con su desenlace góspel, estiró la fiesta rumbo a unos bises en los que destacó el descarado funk-pop de ‘French class’, una canción de HalfNoise, el proyecto paralelo del batería, Zac Farro, que él mismo se encargó de cantar. “Si no la conocéis, simplemente bailad”, pidió a un Sant Jordi Club que se moría de ganas de hacerle caso.