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una artista a redescubrir

Olga Sacharoff sale del olvido en Girona

Una exposición en el Museu d'Art recupera a la pintora vanguardista rusa que vivió en Barcelona

Natàlia Farré

Uno de los apartados de la exposición que el Museu d’Art de Girona dedica a Olga Sacharoff.

Uno de los apartados de la exposición que el Museu d’Art de Girona dedica a Olga Sacharoff. / ICONNA / JOAN CASTRO

Participó de las vanguardias parisinas de principios de siglo. Expuso en la mayoría de salones de la ciudad, los de otoño y los de los independientes, y cosechó buenas críticas. También se codeó con los mejores: Picasso, Van Dongen, Chagall, Hugué, Soutine... Y Modigliani. Con el italiano compartió amistad y complicidad artística. Y a él, dicen, debe cierta influencia: las caras alargadas, los ojos de mirada vacía y las cabezas ladeadas. O no. "Nadie ha probado que la influencia no fuera al revés", afirma Elina Norandi. Es Olga Sacharoff (Tbilisi 1881- Barcelona 1967), artista rusa que transitó con éxito por la modernidad y que la contemporaneidad ha olvidado. Hasta la fecha. 

Ahora, el Museu d’Art de Girona recupera su figura con una exposición que reúne 80 obras suyas, además de documentación, y que tiene como objetivos "redescubrir a la pintora" y evidenciar que no hay una "ruptura categórica entre la artista de París y la de Barcelona", donde residió desde el fin de la segunda guerra mundial hasta su muerte, explica Norandi, comisaria de la muestra y gran experta en Sacharoff. "Hay una continuidad sobre todo en la temática y en el enfoque, quizá no tanto en el resultado pictórico, pero sí en la presencia constante de la naturaleza y el mundo de la mujer y en el uso del humor y de la ironía. Recursos que utiliza de una manera muy personal para cuestionar y criticar sutil pero punzantemente la moral burguesa", afirma la comisaria. Vamos, que su pintura aparentemente amable e incluso con un punto naíf es eso: apariencia. "Si algo no es, es naíf. Pues tenía una sólida formación artística", prosigue Norandi. 

Hay varias razones para entender porqué una pintora con buena fortuna crítica, con peso en las vanguardias y solidez artística ha caído en el olvido. Su condición de mujer es una: "La historia del arte siempre la han escrito los hombres", apunta Carme Clusellas, directora del museo. El hecho de que muchas de sus piezas se conserven en colecciones privadas es otra. Y no es menor la fidelidad que Sacharoff siempre mantuvo a su estilo: "Su singularidad tanto pictórica como temática no acabó de encajar con los postulados de los años 40, 50 y 60", a juicio de Clusellas. Singularidad que no aislamiento porque cuando se instaló definitivamente en Barcelona, entre la primera y la segunda guerra mundial combinó estancias entre París y la capital catalana, mantuvo contacto permanente con la intelectualidad de la ciudad.

Casa en el Putxet 

Un contacto que ahora que su figura se ha recuperado, muchos rememoran. "Pero recuerdan más el personaje que la obra. Es aquella pintora rusa un poco excéntrica que vivía en una casa en el Putxet", explica la directora. En una torre de la calle de Manacor, concretamente, en la que ejercía de anfitriona y cocinera de artistas, músicos y poetas; y una torre con un jardín en el que perros, gatos e insectos tenían un trato casi humano. Su amor por la naturaleza, las plantas y los animales, es una constante en  su obra. En sus cuadros aparecen caballos, peces, pájaros, perros... "pero no de cualquier forma, sino con mucha simbología y mucha carga poética fruto tanto de la tradición rusa como del momento: la desacralización de la naturaleza con la aparición de la sociedad industrial", puntualiza Norandi.

De hecho, en muchas telas son los animales los que interpelan y miran directamente al espectador porque son los únicos inocentes, los únicos no atrapados por las convenciones sociales; mientras los personajes, todos burgueses, mantienen la cara tapada por sombreros o paraguas ('Promenade') o tienen los ojos negros e inexpresivos ('Una boda'). Y en otras piezas, los animales son los que dan la pauta de lo simbólicamente expresado. En 'Autorretrato de la jaula', un pájaro permanece encerrado mientras el otro vuela: la sociedad encierra a la mujer en una jaula y esta solo puede encontrar la libertad fuera de la jaula social.

Obra inédita

Las flores y el mundo femenino, también el de la pareja, fueron otros de los temas repetidos por Sacharoff a lo largo de toda su carrera. Pero en sus manos no fueron ni temas cursis ni decorativos. La pareja es tratada con sarcasmo, no en vano ella fue una mujer emancipada. Y las flores son representadas como naturalezas muertas siguiendo la tradición del género pero con un añadido: son parte de su amor por la naturaleza y evocan el interior femenino. Hasta el punto que luego los mismos motivos florales aparecen mezclados en otras escenas y en algunos autorretratos: no se representarse con la paleta de trabajo, sino con flores o animales, elementos tan o más importantes para ella.

La muestra reúne una treintena de piezas casi inéditas, como 'Consuelo'. Un cuadro especial porque esta hecho sobre tabla, al estilo de los iconos rusos que se hacen sobre madera. Y es un cuadro especial porque tuvo muy buena crítica en París cuando lo presentó, en 1924, y desde entonces no se había vuelto a ver.