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Fotograma de Jesus shows you the way to the highway, de Miguel Llansó

CINE RARO

Batman y Stalin se citan en 'Matrix'

El inclasificable Miguel Llansó, autor de la obra de culto 'Crumbs', pone en marcha el proyecto de su segunda película, la alucinógena distopía 'Jesus shows you the way to the highway'

Julián García

Año 2035. El programa informático Psychobook controla la vida de los habitantes de Tallin, capital de Estonia. Ante la amenaza del virus Unión Soviética, el agente especial D. T. Gagano penetra en Psychobook, pero se pierde en su interior y, misteriosamente, acaba transportado a una realidad paralela en Betta Etiopía, cuyo líder político, Batfro, va vestido de Batman. Esta alucinación, o algo por el estilo, es la trama de ‘Jesus shows you the way to the highway (Jesús te muestra el camino a la autopista’, segunda película del director madrileño Miguel Llansó, cuyo rodaje tendrá lugar el próximo verano entre Etiopía y Estonia. “Es una copia de muchas cosas, una mezcla de ‘Matrix’ y James Bond destinada a denunciar los poderes en la sombra, las mafias, la corrupción. Cine político, en suma”, explica Llansó, autor de la obra de culto de ciencia ficción rara ‘Crumbs’ (2016), en comunicación telefónica desde Tallin, donde reside desde agosto.

Inclasificable relato de amor y ciencia ficción postapocalíptica producido y rodado en Etiopía, ‘Crumbs’ fue, dentro de su condición de cine alienígena, un notable éxito. "Recuperamos la inversión, llegamos a más de 100 proyecciones en festivales internacionales y hasta se pudo ver en los viajes de cinco aerolíneas", recuerda Llansó. El tiempo fue pasando, sin embargo, y las posibilidades de rodar en España se fueron diluyendo hasta el extremo de que el director madrileño, harto de la desidia institucional, acabó haciendo las maletas rumbo a Estonia. Allí, en la Universidad de Tallin, da clases de guión y dirección y se dedica al proyecto de ‘Jesús shows you the way to the highway'. Hace unos meses, puso en marcha un programa de financiación a través de Kickstarter que ha recaudado dinero suficiente como acometer la parte del rodaje que tendrá lugar en Etiopía. "Luego supongo que será más fácil encontrar dinero para rodar en Europa", comenta Llansó.

De momento, ya se puede disfrutar de su ‘teaser-tráiler’, pastiche distópico de poco más de tres minutos con escenas de guerra fría, artes marciales etíopes, superhéroes a lo luchador mexicano y rostros flamígeros de Stalin, en el que no falta el icónico protagonista de 'Crumbs', Daniel Tadasse, zarandeado por las fuerzas oscuras del poder. "Quería sacar la película del tiempo en que vivimos. El cine tiene que llevarte a otra dimensión del tiempo, y nada mejor para eso que el pastiche. Facebook es, para mí, la propia definición del pastiche", explica Llansó, que asegura haberse inspirado también en el cine de los demenciales estudios Wakaliwood de Kampala, Uganda. "No sé si los conoce. Son unos típos que hacen versiones de películas de artes marciales tipo Van Damme, pero supercutres. Películas de acción con un presupuesto de apenas 200 dólares que triunfan en internet. Unos tíos que han hecho de lo cutre y del pastiche su propio género. Como Picasso cuando pintó su versión de ‘Las Meninas’: absorber y reciclar influencias para hacer algo nuevo".

Miguel Llansó, en Etiopía, en el rodaje del 'teaser' de 'Jesus shows the way to the highway'.

En el ‘fitzcarraldiano’ rodaje de ‘Crumbs’, Llansó y su equipo temieron más de una vez por su vida. El director de fotografía, Israel Seoane, cayó en unas arenas movedizas de las que solo pudo salir con la ayuda de un palo y una cadena humana; y un grupo de hombres armados con kalashnikovs les asaltó en mitad del rodaje para pedirles dinero. "Esta vez todo ha ido bastante mejor", admite Llansó, fascinado por Etiopía desde que visitó el país africano por primera vez en el 2008 hasta el punto de quedarse a vivir allí durante algunos años y dirigir dos documentales sobre atletismo, dos cortometrajes y su citada ópera prima.

La cueva del ángel

Llansó recuerda que querían rodar escenas en las caudalosas cataratas del Nilo, pero las autoridades etíopes les advirtieron de que estaban secas. "¿Para qué vais a rodar allí si no hay agua?, nos dijeron. Por suerte, tres días antes de rodar cayó el diluvio universal". También pretendían grabar unas escenas de kung-fú en el interior de una iglesia, pero no tenían permiso. "Alguien nos habló de un tipo de Sashamane, la tierra prometida de los rastafaris, que llevaba 40 años excavando su propio sistema de cuevas porque un ángel se lo había pedido". Había construido 400 metros de galerías sin ton ni son. "Al principio iba a convertirlo en iglesia, luego en hotel. El hombre tiene como 75 años y sigue bajando cada día a picar piedra. Estaba encantado de que promocionáramos sus cuevas".

El director se entusiasma hoy al recordar el portentoso trabajo de los luchadores de artes marciales que protagonizan los clips promocionales. "Yared Negusse es subcampeón mundial de jiu-jitsu brasileño. Otros son profesores de taekwondo. Se prepararon la coreografía durante una semana sin haber ido a las localizaciones. Se lo curraron mucho. Yo sabía de la locura de los etíopes por el atletismo o el fútbol, pero desconocía por completo su pasión por las artes marciales. En cada pueblo hay un gimnasio de artes marciales, clubs de taekwondo y kárate. Un trillón de sitios".  

El propósito, ahora, es poder tener terminado el segmento etíope de la historia para julio del 2018. "Luego querríamos rodar el resto en Tallin, que es una ciudad llena de sitios como de otro tiempo, de estética de los años 70, construidos durante el comunismo, con una fuerza magnética para hablar de poderes desaparecidos o transformados como la URSS", explica Llansó. No en vano, rodaron parte del primer 'teaser' de presentación del proyecto en el Hotel Viru de Tallin, una de cuyas plantas estaba ocupada por los sofisticados equipos de vigilancia del KGB con el objetivo de espiar a los huéspedes. "Y si todo va bien, si lo conseguimos, podremos estrenar en abril del 2019. Ese es el objetivo". 

Habitación del KGB en el Hotel Viru de Tallin, Estonia. 

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