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ENTREVISTA

Núria Graham: "Ser mujer es como un subgénero musical"

La cantante y guitarrista publica su segundo disco largo, 'Does it ring a bell?', que presentará el 19 de enero en el Auditori

Jordi Bianciotto

Núria Graham.

Núria Graham. / FERRAN SENDRA

Aquella adolescente de Vic que se dio a conocer con la maqueta ‘First tracks’ (2013) se ha convertido en una creadora sólida, que quema etapas con rapidez, se rige por sus impulsos artísticos y apunta a una carrera de largo recorrido. Ahí está su flamante segundo disco, ‘Does it ring a bell?’, que presentará el 19 de enero en el Auditori, dentro del ciclo Sit Back.

¿Qué le ha aportado trabajar con Joan Pons, El Petit de Cal Eril, como productor? Yo tenía claro que el disco debía tener un sonido concreto: seco y duro. Y el lugar para grabarlo era su estudio, con él. Luego, yo soy muy caótica y él me enseñó a ser perfeccionista. Quería un sonido cercano e intimista, y con Joan lo he conseguido. Tanto él como la gente de El Petit de Cal Eril son las personas más puras que conozco en el mundo de la música.

Este es un disco muy sutil, más de ambientes que de canciones pop directas. La idea era hacer algo con pocos elementos, con la guitarra metida en el amplificador sin pedales ni efectos. Al grabarlo en directo consigues crear un ambiente, una magia.

Parece invitar al oyente a meterse poco a poco en un paisaje. Últimamente estoy mucho en el ‘flow’ lento. Me gusta la música que va entrando poco a poco. Y aunque se hable de la presión del segundo disco, yo no me he planteado hacer el disco de mi vida. Creo que es el disco de un momento. No sé, John Coltrane no hizo el disco de su vida hasta el final de su carrera.

"Aunque se hable de la presión del segundo disco, yo no me he planteado hacer el disco de mi vida. John Coltrane no lo hizo hasta el final de su carrera"

El disco de un momento. ¿Qué clase de momento? Hice todas las canciones hace un año, excepto una, ‘Sinner’, que es anterior. Una época en que me sentía bastante pesimista, y visto ahora creo que he hecho un poco de exorcismo con lo que me pasó. 

¿A qué se refiere? Hay una parte de mí que es desconocida para mí misma y que intento no investigar, y que se refleja en las letras. Y lo de dar explicaciones… Es como una maldición: la música es mi gran suerte pero a la vez escribo cosas que no entiendo y que quizá no veo con claridad hasta pasado un tiempo.

Hay frases de canciones que parecen diálogos consigo misma: “Chica, ya es hora de crecer / No sabes hablar / Pareces tonta, nada divertida, y ya no eres tan joven”. Sí, la mayor parte del disco viene a ser una conversación interior. Es una manera de perdonarme después de todo el barullo de este año, de salir de una relación… Lo suelto todo y me quedo más tranquila.

Con el título del disco, ‘Does it ring a bell?’ (‘¿Te suena?’), ¿sugiere que el oyente se identificará con lo que cuenta? Quizá no lo estoy preguntando tanto a la gente como a personas concretas. Si el oyente no lo entiende, se puede montar su película. Me gusta el misterio. 

Su música no forma parte de ninguna tendencia clara. Nunca he sentido que formara parte de algo. Sí, la escena de Vic, pero ahí todo el mundo tiene su propia voz. Esto no va de estilos: lo que más me interesa de alguien a veces es lo más inexplicable, que tenga una voz concreta. No me gusta Miles Davis porque me guste el jazz, sino por lo que transmite, por su alma.

No toca la guitarra como acompañamiento o muleta escénica: las texturas y el sonido están muy elaborados. No intento lucir guitarra, pero sí investigo mucho. Cuando hice las canciones me había comprado una eléctrica de 12 cuerdas y estaba escuchando a Love, el álbum ‘Forever changes’ y una pieza llamada ‘Orange skies’: después de oírla escribí ‘Cloud fifteen’. También toco mucho la acústica en casa. Pero no sé quién me ha influido como guitarrista. He escuchado mucho a John Martyn. Y a Ryley Walker, que es como un Martyn de ahora.

Es una de las protagonistas de la exposición ‘D’ONES’, en el Palau Robert, sobre las figuras femeninas en la música catalana. ¿Qué le ha parecido? Está bien que se hagan estas cosas, y es evidente que hay que hacerlas para dar visibilidad a la mujer. Pero, a la vez, es frustrante seguir en ese punto. Ser mujer es como un subgénero musical. Y tiende a orientarse todo hacia las cantantes, que ya está bien, pero faltan referentes en todo. Vas a una escuela de música y aún hay más niños tocando la batería que niñas, y en una ‘big band’ la cantante suele ser la mujer. ¿Y cuántas mujeres hay en el país que produzcan discos, o que mastericen?

Prima la mujer como diva o musa. Yo he sufrido estas cosas: cuando estás preparando un bolo, si alguien tiene que preguntar por algún aspecto técnico, ¡se lo preguntan antes a mi bajista que a mí, que soy la jefa del grupo! Con el tiempo vas aprendiendo: ahora digo “eh, ya te lo digo yo”. Pero las cosas van cambiando. Soy optimista.

Bien, conociendo su ritmo como compositora, ¿está pensando ya en el siguiente disco? Siempre estoy componiendo mucho, no puedo evitarlo, con la guitarra y con el piano. Yo haría un disco cada año, pero tal y como está todo montado, tendré que esperar más. Y mientras tanto, ¿qué hago? ¡Me aburriré!

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