Ana Karenina baila en el Liceu

La compañía de Boris Eifman debuta en el Gran Teatre con su versión de la obra de Tolstoi y música de Chaicovski interpretada por la orquesta del Liceu

Una escena de ’Ana Karenina’.

Una escena de ’Ana Karenina’. / SOUHEIL MICHAEL KHOURY

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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El Eifman Ballet de Sant Petersburgo Eifman Ballettraslada el apasionado drama de Anna Karenina al escenario del Liceu. A partir de este miércoles y hasta el sábado, los protagonistas de la  novela de Tolstoi bailarán la obra creada por el aclamado coreógrafo Boris Eifman (Siberia, 1946), inspirada en el drama de León Tolstoi. En el debut de la compañía en Barcelona este miércoles, Maria Abashova, Oleg Markov y Oleg Gabyshev encarnarán respectivamente los roles principales de Ana, su esposo Karenin y su amante, el conde Vronsky.

Estructurado en dos actos de 45 minutos cada uno, la obra sigue una partitura musical que integra diferentes y reconocibles pasajes de obras de Chaicovski. La interpretará la Orquestra Simfònica del Liceu dirigida por Conrad van Alphen.

"La gran literatura satura el ballet de contenido filosófico y le confiere fundamento dramatúrgico. Además, te sumerge en un mundo de grandes pasiones, algo irresistible para cualquier coreógrafo", afirma Eifman. "Nunca es fácil trasladar una novela a escena. Lo más complicado en este caso fue hallar soluciones plásticas que permitieran mostrar el drama de una mujer que cae en la trampa de depender sexualmente de un hombre, que se siente  atrapada y se desmorona espiritualmente", explica Eifman, que a menudo se ha inspirado en clásicos de la literatura para crear ballets que combinan danza clásica, moderna y teatro.  

En clave freudiana

En su opinión Tolstoi fue "un antecesor del psicoanálisis". Para él, "La novela 'Ana Karenina' es un brillante estudio psico-erótico del mundo interior de una heroína que experimenta una división interna". Uno de los aspectos que más le preocupó fue "encajar en escena toda la profundidad psicológica e intelectual de la obra".

Eifman Ballet tiene una considerable trayectoria de 40 años con un estilo propio que integra danza clásica y moderna. A su fundador le apasiona explorar "los secretos del alma" en sus obras. 

"La música es el recurso primario de donde brotan mis fantasías creativas. Es la mecha que enciende la composición coreográfica y ayuda a plasmar ideas e imágenes imprecisas a veces que surgen en mi mente". Aunque también se ha inspirado en biografías de grandes creadores como Molière y Rodin para elaborar ballets, al coreógrafo le gusta adaptar obras literarias porque es una manera de conectar con la tradición del ballet. "No me interesa que mis creaciones sean meras ilustraciones de una novela sino ir más allá y, a través del movimiento mostrar todo aquello que queda escondido entre líneas, descubrir otras facetas semánticas de la obra". 

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Eifman prefiere no comentar la oponión de ciertos críticos que han echado en falta en el ballet la lucha interna de Ana Karenina entre su pasión por Vronsky y su deber como esposa y madre de familia en esta novela, una crítica a la hipocresía de la alta sociedad rusa del siglo XIX. "No puedo comentar nada sobre la percepción subjetiva de mi arte. Solo diré que la opinión de cada persona es distinta y que también he escuhcado cosas diametralmente opuestas". El coreógrafo, añade: "Soy mi propio crítico y el más estricto. No me preocupa que ciertos periodistas no estén preparados para aceptar mi trabajo y las leyes estéticas que lo sustentan. Al fin y al cabo, no creo ballets pensando para la crítica sino para el público". Con 'Ana Karenina' ha conectado con espectadores de todo el mundo.  

Bailarines top

<span style="line-height: 2.6rem;">También es muy estricto a la hora de elegir a sus bailarines, la mayoría rusos. "Hay una serie de requerimientos formales que deben cumplir: ser altos, transmitir carisma y tener una formación impecable. Hallarlos no es fácil. Cuesta encontrar bailarines capaces de incorporar mi lenguaje coreográfico y de existir de forma orgánica dentro un mundo plástico. Es algo que no se puede entrenar, que se tiene o no. Ninguna escuela de ballet clásico es capaz de preparar a un bailarín para el repertorio del Eifman Ballet".</span>

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