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CRÓNICA

Bunbury, la actitud correcta

El cantante viajó de la ira política a la redención romántica en la presentación de 'Expectativas' en Razzmatazz

Jordi Bianciotto

Bunbury, en Razzmatazz.

Bunbury, en Razzmatazz. / FERRAN SENDRA

A veces parece que las estrellas del rock a escala hispana tengan que pedir perdón por serlo, pero ese nunca ha sido el caso de Enrique Bunbury, que desde el principio se ha mirado en el espejo de los iconos anglosajones sin ponerse mayores límites por el hecho de haber nacido en Zaragoza. Cultivando palmo a palmo su propia mística, su relato, y saliendo a escena, este martes, en la primera de sus dos noches en Razzmatazz, con gafas oscuras y traje blanco de caballero del sur.

Vino Bunbury a presentar ‘Expectativas’, un disco enojado y denso, en el que aplica capas de esmaltes inhabituales a elaboradas texturas rockeras y a sentidas canciones interioristas. El carácter de la obra quedó un poco diluido: aportó seis de las 24 canciones. Pero hay que decir, repertorio al margen, que ‘Expectativas’ se hizo notar a través de un perfil sonoro expandido a otras canciones, con ciertas pistas electrónicas y, sobre todo, el saxo de Santi del Campo (¿recuerdan a Los Especialistas?), siguiendo de cerca las líneas melódicas vocales con un punto de excitante desvarío.

Glam-rock y política

‘La ceremonia de la confusión’, corpulenta y con el saxo dándole una capa 'art-rock', abrió la noche acompañada de ‘La actitud correcta’, asentada en un aparatoso ritmo glam muy Gary Glitter, donde parece dirigirse al joven artista diseñado para triunfar pero al que le falta “ese no sé qué”. Y ‘Cuna de Caín’, una de esas canciones grandiosas de Bunbury, de estribillo ardiente, en torno a la historia de “una guerra civil entre hermanos”. Luego, los mensajes más políticos en la álgida balada ‘Parecemos tontos’ y en el anuncio apocalíptico de ‘En bandeja de plata’.

Estrenos sustanciosos que convivieron con renovadas aproximaciones a piezas, sobre todo, de su período moderno, como ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’, con solo del guitarrista Jordi Mena (Sau, Jarabe de Palo), y la escalada melodramática dibujada por ‘De todo el mundo’. Cuatro rescates de Héroes del Silencio con texturas renovadas: ‘Tesoro’, las primerizas ‘Héroe de leyenda’ y ‘Mar adentro’, y un ‘Maldito duende’ en el que Bunbury revivió épicas pasadas: mirada clavada en el suelo, piernas separadas, gesto de ‘rock star’.

En el bis, la reserva de ‘hits’: ‘El extranjero’, ‘Sí’ (de Adrià Puntí), ‘Lady Blue’… Y, rebajando los ánimos, una canción discreta pero resaltable del nuevo disco, ‘La constante’, con la que Bunbury se confiesa “consciente y libremente” salvado por el amor, indicando al mundo cuál es, después de la ira y la acusación, la “actitud correcta”.

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