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CRÓNICA

Diferente reparto, idéntico éxito

Ernest Villegas se enfrenta a Laura Aubert en la reposición de 'L'hostalera', de Goldoni en la Biblioteca de Catalunya

Marta Cervera

Ernest Villegas y Laura Aubert, en una escena de Lhostalera.

Ernest Villegas y Laura Aubert, en una escena de Lhostalera. / BITO CELS

Tras el buen sabor de boca que dejaron el año pasado las funciones de 'L'hostalera', acaba de regresar a la Biblioteca de Catalunya. Pese al cambio de intérprete en todos los roles masculinos, la comedia de Goldoni que Pau Carrió traslada a la Italia de los años 60 volvió a triunfar en su estreno el pasado miércolesErnest Villegas, Pau Vinyals, Jordi Llobet y Oriol Guinart se estrenaban en los roles masculinos del misógeno Ripafratta, el camarero Fabrizio, el Marqués de la Flor del Albarracín y el empresario Albafiorita, en sustitución de David Verdaguer, Jordi Oriol, Javier Beltrán y Marc Rodríguez, respectivamente.  

Laura Aubert, mucho más suelta como Mandolina, la propetaria del hostal, también se mostró más sensual y pícara. Parecía disfrutar en su reto de conquistar a su oponente en la obra, el áspero señor Ripafratta. Villegas dio otro tono al personaje, más malhumorado y amargo que cínico pero igualmente convincente tanto al principio como al final, cuando su personaje, alérgico a las mujeres, evoluciona. La química entre ellos funciona.

Amor y risas

También brillaron el resto de los intérpretes nuevos. Pau Vinyals bordó la desesperación de ser fiel servidor de la patrona que bebe los vientos por ella y debe soportar a los clientes babosos que aspiran a seducirla.  Tanto Oriol Guinart, con una caraterización que recordaba al mediático Paco Marhuenda, como Jordi Llobet hicieron reír de lo lindo en su guerra particular por los favores de la jefa del hostal. 

El director ha sabido sacar partido de las nuevas incorporaciones. También ha pulido también algunos detalles, agilizando la acción y matizado las interpretaciones de Alba Pujol y Júlia Barceló, que encarnan a dos actrices que se hacen pasar por nobles. El público se divirtió con esa mezcla de desfachatez y encanto de sus cómicos personajes. Por desgracia, sus referencias a la profesión son tan válidas ahora como en el siglo XVIII, cuando se estrenó la obra. 

Perfecto engranaje

Aunque quedan algunas cosas por afinar, algunas en el aspecto musical -Vinyals no practicaba con el saxo desde hace tiempo- la obra de Goldoni funciona como un reloj. El cambio de más de la mitad de las piezas no ha alterado una maquinaria perfecta de un texto que plantea temas que no pasan de moda como: ¿Qué buscamos en una relación? ¿Cuánto hay de interés económico a la hora de comprometerse? 

En esta ocasión las mesas con manteles a cuadros donde se sienta el público como si fueran huéspedes del hostal están colocadas de otra manera. Permiten a los intérpretes moverse mejor entre ellas, tanto a la hora de actuar entre el público como a la hora de servir los macarrones y el vino que la patrona ofrece a mitad de la función. Ningún pero al servicio. Buen provecho y reserve mesa, no sea que se agoten las localidades como ocurrió la pasada temporada.