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ENTREVISTA

Xarim Aresté: "La música es algo sagrado"

El cantante y guitarrista presenta 'Polinèsies', su disco de sonoridad más intimista, en El Molino, dentro del Festival del Mil·lenni

Jordi Bianciotto

El cantante y guitarrista Xarim Aresté

El cantante y guitarrista Xarim Aresté / FERRAN SENDRA

Xarim Aresté ha canalizado esta vez su creatividad en un disco en el que abundan los medios tiempos y canciones acogedoras, ‘Polinèsies’, que presenta este miércoles en El Molino (21.00 horas), dentro del Festival del Mil·lenni. Una obra con fondo humanista servida por este músico que fue miembro de Very Pomelo y que ha trabajado con artistas como Pantanito, Maika Makovski, Sanjosex, Josele Santiago, Paul Fuster y Sopa de Cabra.

En la última entrevista nos advirtió de que estaba componiendo baladas, y aquí estamos. Si, canciones como ‘La flor’, ‘Indomables’… Tenía un centenar de composiciones, y podría haber hecho un disco solo de baladas, pero me bloqueé un poco. Era incapaz de saber qué quería, y por eso decidí trabajar con Santos & Fluren, gente con la que podía confiar. En este disco he intentando, cómo decirlo, llegar al núcleo, ir al lugar esencial. Quería hacer algo monumental, texturas que tengo en la cabeza, pero cuando me pongo a hacer una canción me sale lo que me sale.

¿Hay una distancia grande entre lo que le gustaría hacer y lo que hace? Sí, en mi cabeza hay muchos sonidos, pero luego una canción no la puedo hacer desde la cabeza, sino desde el estómago, y desde ahí no puedo decidir.

‘Polinèsia’ significa ‘muchas islas’. ¿Se refiere a las individualidades? Sí, a los roles que las personas asumimos sin pensar si quizá son herencias de nuestros padres o abuelos. Me imaginaba un infinito fractal de islas interconectadas, cada una distinta pero a la vez iguales, como las personas. El disco va de encontrarse y reconocerse en el otro para encontrarte a ti mismo.

Y en el camino aparece el amor. Sin amor eso es imposible. En positivo o en negativo: odio, amor malentendido. Es imposible hacer algo, una canción, una película, sin tener en cuenta el amor.

En ‘Ha quedat clar’ va repitiendo “hem vingut aquí a estimar” como un bálsamo. Es el principio y el final, tanto del disco como de la vida. Aunque tiene una estructura distinta, me parece la canción más de género. ¿Qué género? Pop-rock, ¿no? Supongo que es el mío.

‘Mil antenes’, la canción más corpulenta, hace pensar en sus aventuras colectivas y un poco místicas: El Conjunt del Miracle y Branca Santa. Es un momento oriental: en todos mis discos hay uno, como ‘El presseguer’, ‘Magenta’… Canciones que tienen algo de mántricas, de un solo tono, modales, y que te permiten meter muchos colores.

Momento oriental, ¿de qué parte de oriente? Es complicado decirlo. A veces tengo conversaciones con taxistas pakistanís sobre música. Como me ven con la guitarra… Música con muchos versos, con frases largas, complicadas. Cuando pienso en oriente, para mí es eso. He escuchado un poco a Zakir Hussain y, sobre todo, a Nusrat Fateh Ali Khan. Me conmueven cuando suenan tradicionales, no tanto cuando se ponen eléctricos, casi ‘bakalao’, en plan Bollywood.

"No estoy enamorado de mí. Las virtudes las das por supuestas y yo veo más mis defectos, mis vicios, mis imperfecciones…"

Después de embarcarse en proyectos con muchos músicos, ¿aquí se ha vuelto individualista? No crea, este disco es en solitario pero tiene una nota muy larga de agradecimientos. Veo a mis maestros en él, la gente que me ha nutrido desde siempre: Maika (Makovski), Sanjosex, Paul Fuster, Josele (Santiago), Edgar Ramentol (Very Pomelo)… Por mucho que te hayan influido los Beatles, más te marca la gente que tienes alrededor, y quizá de eso no somos tan conscientes. Con el tiempo me doy cuenta de que todo lo que sé lo he aprendido de alguien.

Da la sensación de que sufre tratando de preservar una relación pura con la música. Siempre resulta raro hablar de pureza, pero sí, para mí la música es algo sagrado. Hay mucha sabiduría dentro de la música, dentro de esa vibración que no sé qué es. Sí, para mí es bastante religioso.

En lugar de quejarse de cómo está el mundo, o el sector musical, tiende a la autocrítica. Sí que me quejo, pero me da mucho miedo ser un reaccionario: estar reaccionando y no accionando. Y por eso hago autocrítica.

¿Le hace sentir mal pensar que no está a la altura de lo que querría? No estoy enamorado de mí. Las virtudes las das por supuestas y yo veo más mis defectos, mis vicios, mis imperfecciones… Pero me he dado cuenta de que, por ejemplo, Robert Plant, que para mí fue siempre el mejor cantante de la historia, en algunos discos míticos desafina. ¡No me había dado cuenta! Y no es tan grave. Así que juzgarse a uno mismo quizá no tenga tanto sentido.