04 jul 2020

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CRÓNICA DE MÚSICA

Sufriendo con Josep Bros

El cantante, afectado por un fuerte resfriado, renunció a cancelar el recital de sus 25 años en el Liceu y pasó apuros para llegar al final

César López Rosell

Josep Bros, el domingo en el Liceu

Josep Bros, el domingo en el Liceu / A. BOFILL

"Daré todo lo que pueda", dijo Josep Bros (Barcelona, 1965) al regresar al escenario tras haber tenido que interrumpir la interpretación de la célebre ‘Una furtiva lacrima’  de ‘L’elisir d’amore’ de Donizetti al atacar un agudo. El tenor tomó aire y concluyó la recreación de la  pieza, y tras un breve descanso explicó que había vivido momentos de tensión en los días previos, agravados por un resfriado con tos intensiva. "Me ha podido la ilusión", resaltó antes de reconocer, al final de la sesión, que podía haber cancelado pero que no lo hizo porque creía que podía superar los problemas que le ocasionaban su afección. El cantante, que siempre se ha distinguido por su seguridad a la hora de afrontar las actuaciones incluso en situaciones extremas como las de haber tenido que asumir alguna sustitución de última hora, midió mal sus fuerzas y el público, que en todo momento se mostró cariñoso y comprensivo con el artista, acabó sufriendo tanto como él.

Las dificultades para abordar con garantías el repertorio ya aparecieron en las dos iniciales canciones de Francesco Paolo Tosti, ‘Aprile y ‘L’ultima canzone’. Con ellas empezó a  aflorar una aspereza en la garganta traducida en vacilantes transiciones de la voz. Estaba claro que tenía que haber cancelado para evitar el viacrucis en que se convirtió la velada con sus seguidores temiendo un 'accidente' canoro. A mitad de la primera parte se produjo un nuevo y no programado descanso, con cambio de impresiones con el cómplice pianista Marco Evangelisti, para intentar encauzar el recital. Bros había superado con muchos problemas 'Musica proibita' de Gastadoni y la exigente 'Quando le sere al placido' de 'Luisa Miller' y llegó con coraje de resistente y apuros a las canciones de Luigi Denza y 'El lamento de Federico' de 'L’arlesiana' de Franceco Cileà.

El temor de la suspensión

El temor de la suspensión planeó antes de abordar la segunda parte, pero el tenor insistió en su voluntad de seguir "con todo lo que pueda" y anunció un ligero retoque al repertorio para acomodarlo a su estado vocal y a la inseguridad mental que este le provocaba. Sustituyó la clamorosa aria 'Porquoi me réveiller?' de 'Werther' por 'Canticel' de Eduard Toldrà, evitando un problema innecesario. Dos piezas más  del autor catalán y un tramo final de zarzuela con 'Bella enamorada', 'Mujer de los ojos negros' y la aguda 'No puede ser' le permitieron llegar, aunque sin brillo, a la meta. A pesar de los gritos de "ja n'ha prou, Josep" de una espectadora, él se empeñó en ofrecer una propina con la napolitana 'Non scordar di me', tras la cual recibió en escena un pastel conmemorativo de sus bodas de plata en el Gran Teatre, entre aplausos y algún bravo alusivos sin duda a su impecable trayectoria.

El Liceu, en un acto posterior, en el Saló dels Miralls ensalzó la figura del tenor: "Todos somos humanos, Josep. Siempre te agradeceremos tu profesionalidad, tu compromiso y tu amor a esta casa y a su público", resumía un tuit en el que le felicitaban por sus 25 años en el coliseo de la Rambla. Pues eso, que lo del domingo solo haya sido haya sido un accidentado concierto para olvidar, de esos que se producen de vez en cuando en la carrera de riesgo de un cantante de ópera.