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CRÓNICA

Paco Camarasa, negro y amarillo

El librero y excomisario de BCNegra recibe la medalla de oro al mérito cultural del ayuntamiento de barcelona tras entregar placa y pistola

Ernest Alós

Ada Colau aplaude a Paco Camarasa, que ha recibido la medalla de oro del mérito cultural de la ciudad en el Saló de Cent.

Ada Colau aplaude a Paco Camarasa, que ha recibido la medalla de oro del mérito cultural de la ciudad en el Saló de Cent. / JOAN PUIG

Íntegramente de negro y amarillo se ha presentado Paco Camarasa en el Saló de Cent. Negro y amarillo de taxi de Barcelona, la ciudad por la que dejó su Valencia (la culpa la tiene 'la librera', Montse Claver). El negro y amarillo, por supuesto, de las cubiertas de la mítica colección la Cua de Palla. Negro el traje y la camisa, amarilla y negra la corbata con cintas policiales de ‘No trespassing’, amarillo el lazo para pedir la libertad de los encarcelados y amarillo el cordón del que cuelga la amarilla medalla de oro al mérito cultural de la ciudad de Barcelona que le ha colgado la alcaldesa Ada Colau. Negro por su trayectoria como promotor del género en su librería Negra i Criminal y como comisario durante 12 años de BCNegra y amarillo reivindicativo: Camarasa ha empezado su discurso de agradecimiento celebrando que el plenario que aprobó su medalla de oro fue el mismo que decidió retirar la de su muy odiado Rodolfo Martín Villa, el que le hizo pasar junto con otros estudiantes sus buenas 19 noches en calabozo y ha acabado así pidiendo “libertad de los presos políticos y el retorno de los exiliados”. “Porque los lectores de novela negra –ha dicho- sabemos que la ley y la justicia a veces no son sinónimos, lo legal y la justicia a veces no son sinónimos, y los jueces y juezas son personas y no son infalibles, se pueden equivocar y se equivocan”.

BCNegra triunfó. El género se reivindicó. Pero Negra i Criminal cerró porque no vendía libros

Vaya a saber si también ha sido en clave política la respuesta de la alcaldesa: “Queremos ser audaces sin perder nunca la ironía, valientes pero sin arrogancia y siendo conscientes de nuestras debilidades“. Aunque de lo que se trataba, ha dicho poco antes, de reconocer su “contribución al mundo literario barcelonés, su entusiasmo vital, su labor de librero, de historiador y recuperador del género y de jefe de BCNegra”.

 “Comisario”, y el número uno de la historia del género en Barcelona, precisa el concejal socialista Jaume Collboni, que propuso el reconocimiento estando al mando del Icub y que es quien ha hablado para juzgar al comisario y declararlo “culpable de algunas de las cosas más maravillosas que han sucedido en los últimos años literariamente en Barcelona”, tras agradecer la deferencia del responsable del área desde hace días, Jaume Asens, por cederle la palabra. “Como siempre que está Paco por en medio, todo son complicidades y facilidades”, dice.

Negras, también, por cierto, las gafas que llevaban puestas todos los asistentes al acto del Saló de Cent para recibir a Camarasa en su entrada escoltado de ediles y guardias civiles con casaca roja y plumero.

Negro el día que cerró la librería Negra y Criminal en la calle de la Sal de la Barceloneta, que no todo ha de ser decir qué estupendos que somos. “Cerró porque no vendía libros y porque Paco tenía otras cosas que hacer que montar guardia esperando a los guiris que querían hacer fotos del local. Estaban cerrando un templo de amistad y de buen rollo, un punto de peregrinación donde nunca faltaba alguien con quien tomar una copa y hablar de literatura e incluso de política. Porque entre los autores de este género hay mejor ambiente que en el colectivo de poetas o de autores de cuentos infantiles”, añade Andreu Martín.

Elegía por los libreros perdidos

Pero es Camarasa el que ha de hablar desde el mismo atril donde ha presentado a 12 premios Pepe Carvalho. Recuerdo para Manuel Vázquez Montalbán; elogios para la ciudad acogedora a la que todos los escritores quieren venir, algo que tanto ha contribuido al éxito de BCNegra, dice, humilde; reivindicación del género, marginal cuando apostó por él, “que entretiene un rato y permite conocer la parte oscura a la que los periodistas no pueden llegar”; canto al “mejor oficio del mundo”, el de librero, que permite el “milagro” de poner en contacto a autor y escritor que pueden no tener nada en común, ni el tiempo ni el espacio; y elegía por los libreros perdidos. “Quiero citar a algunos de ellos aquí, y pedirles que no los olviden: Jesús Ayuso, de Fuentetaja, en Madrid, Pau Bordonaba, de la Cinc d’Oros, de Barcelona, Teresa Castells, de Lagun, en Donostia, Paco Dávila, de la Librería del Pasaje en València, Pep el de Iona, cuando Horta era aún un barrio, Aurelia de Arrels, cuando la calle Ferran, de esta ciudad, no era una cinta mecánica de libreros clónicos…”.

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