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NUEVO LIBRO SOBRE EL GENOCIDIO JUDÍO

Laurence Rees y las voces del Holocausto

El historiador británico presenta una monumental síntesis de la historia del exterminio nazi con testimonios de víctimas y de verdugos

Anna Abella

El historiador británico Laurence Rees, este lunes en Madrid, donde ha presentado El Holocausto. 

El historiador británico Laurence Rees, este lunes en Madrid, donde ha presentado El Holocausto.  / DAVID CASTRO

Desde 1919, cuando Hitler era un don nadie, "un exsoldado sin novia, esposa, hogar, carrera o amigos", pero que ya hablaba del "enemigo judío", hasta la caída del III Reich, uno de cuyos grandes pilares fue el exterminio de ese ejemplo de "parásito, chupóptero y bacilo pernicioso" que amenazaba la raza alemana, como argumentaba el Führer en ‘Mein Kampf’. El historiador y escritor británico Laurence Rees (1957) ha armado ‘El Holocausto. Las voces de las víctimas y de los verdugos’ (Crítica), una monumental síntesis de 600 páginas de sus 25 años de investigación sobre el nazismo para premiados documentales de la BBC en la que ha recabado testimonios de supervivientes y nazis, muchos inéditos.   

De entre estos se alzan los de los presos destinados a los Sonderkommandos de los campos de exterminio, que aún ancianos arrastran culpa, angustia, remordimiento y pesadillas por haberse visto obligados a hacer el trabajo sucio de los nazis en las cámaras de gas y los crematorios con los cadáveres de los asesinados. "Antes de quemarlos teníamos que cortarles el pelo y arrancarles los dientes de oro –recordaba el judío polaco Henryk Mandelbaum-. Y mirar si se habían guardado algo en las ventanas de la nariz o algún objeto de valor en la boca; las mujeres, en la vagina". "Si me niego me liquidan", afirmaba. 

"Muchos nazis eran gente muy educada. No pensaban que hubieran hecho nada malo ni se arrepentían de nada"

Laurence Rees

Rees explica desde Madrid que, de esos testimonios siempre piensa en el de Toivi Blatt, un joven de 15 años enviado a Sobibór. "Le pregunté qué había aprendido de esa experiencia. Una sola cosa, me dijo: 'Que nadie se conoce a sí mismo. Que cada uno de nosotros puede ser una buena o una mala persona dependiendo solo de las circunstancias'. Añadía que tras la guerra, cuando conocía a una persona amable que le ayudaba siempre pensaba en cómo se hubiese comportado en Sobibór. Decía que nunca era capaz de precedir quiénes sobrevivirían en aquella atmósfera tan terrible, que quienes creía que eran fuertes, morían, y que quienes veía débiles, de repente hallaban algo dentro de sí mismos que les ayudaba a continuar". 

"Muchos supervivientes eran entonces adolescentes o estaban en la veintena, tenían aún una gran fuerza vital -continúa el autor de 'Auschwitz'-. Toivi y la mayoría de estos sonderkommandos estaban atormentados por verse obligados a ayudar a los nazis. Algunos judíos que sabían que iban a ser asesinados les decían: '¿qué clase de persona eres tú, que puedes hacer esto para salvar tu vida?'. Y me confesó: ‘Me despertaba y pensaba ‘solo quiero sobrevivir durante el día de hoy. Y luego llegaba el día de mañana y me decía lo mismo’. Para muchos era inportante centrarse solo en el momento y el presente. Muchas de las personas más atormentadas que fueron enviadas a campos eran intelectuales que se sentían obligados a intentar sacar algún sentido a aquello y eso a menudo les destrozaba por completo".  

"Una de las peores cosas que hicieron los nazis fue hacer saber al mundo que el Holocausto era posible"

Pero Rees recoge también voces de antiguos nazis. "Conocerlos me hizo querer entender el Holocausto porque la manera que tenían de hablar no era la que yo esperaba. Muchos eran gente muy educada. No parecían pensar que habían hecho nada malo, no se arrepentían de nada. Eran como los de la conferencia de Wannsee". A esa cita en las afueras de Berlín, en enero de 1942, acudieron funcionarios y altos cargos nazis, "elegantes y refinados", entre ellos Reinhard Heydrich y Adolf Eichmann. "Es posible que muchos de ellos no pudieran matar a un judío cara a cara pero sí apoyaron con entusiasmo medidas que eliminarían a 11 millones de personas. Si el ser humano es capaz de esto, ¿qué mas puede hacer?", se pregunta.  

De Wannsee al terror en pleno funcionamiento

Los acuerdos de Wannsee se suponen un punto de inflexión para aplicar "la Solución Final al problema judío", pero Rees opina que no es tan crucial. "Hay una serie de momentos que contribuyen a la escalada que da lugar al Holocausto. Te puedes remontar a la gran explosión de odio hacia los judíos en Alemania que fue la Noche de los cristales rotos, en 1938. Luego, con la guerra, los nazis persiguen una política de marginación antisemita y en 1940 sopesan enviarlos a Madagascar, que hubiese sido casi un genocidio. Luego invaden la Unión Soviética y empiezan a matar a miles de judíos en 1941 y después, con una serie de experimentos improvisados de matanza como los de Auschwitz con Zyklon B y el campo de Chelmno (Cracovia), con camiones donde gasean a los judíos que llegan del gueto de Lodz. Todo eso es antes de Wannsee. Luego, en 1942 abren los campos de exterminio de Treblinka y Sobibór y en otoño todo ese terror ya está en pleno funcionamiento". 

"Un historiador me dijo que nunca ha habido un genocidio en la historia que se haya frenado por falta de personas dispuestas a cometer un asesinato masivo. Hay muchísimas dispuestas a ello"

Sin olvidar el odio racial, el supremacismo ario, el enriquecimiento personal o el puro sadismo, un soldado del frente oriental, Walter Fernau, le ofreció a Rees una razón "simple" para las atrocidades: "Si le das a una persona un arma y poder sobre otras personas y luego le permites beber alcohol, se convierte en un asesino". Alcohol al margen, Rees cita al historiador Christopher Browning. "Me dijo que nunca ha habido un genocidio en la historia que se haya frenado por falta de personas dispuestas a cometer un asesinato masivo. Hay muchísimas personas dispuestas a cometerlo". 

"Nadie se conoce a sí mismo"

Quizá por ello, a pesar de que víctimas e historiadores siempre insisten en que hay que contar y conocer lo que pasó para que no se repita, Ruanda, Bosnia, Camboya... prueban que los genocidios se repiten. "Es que mucha gente no se entera. En el Reino Unido, por ejemplo, somos un país bastante inculto a nivel histórico. La mayoría de niños dejan de estudiar Historia a los 13 años. Por otro lado, la gente cree que la historia se repetirá de forma exacta y no es así. El Holocausto es la historia sobre lo que significa ser un ser humano y de lo que es capaz nuestra especie. Es terrorífico. Espeluznante. Alguien dijo muy sabiamente que una de las peores cosas que hicieron los nazis fue traer al mundo el conocimiento de que esto era posible”. Y alerta: "Hoy estamos en una ciudad civilizada donde la gente se respeta pero es así porque no se nos ha puesto a prueba. Todo es mucho más frágil de lo que pensamos. Recuerde lo que dijo Blatt: 'Nadie se conoce a sí mismo'".