04 jul 2020

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EL ANFITEATRO

El legado musical de Lutero

Bach, Grieg y Holst para conmemorar el 500º aniversario del inicio de la Reforma protestante

Rosa Massagué

La Orquesta Sinfónica Victoria de los Ángeles y el Coro Anton Bruckner, dirigidos por Pedro Pardo, en el concierto conmemorativo del 500º aniversario de la reforma luterana, el 1 de noviembre.   

La Orquesta Sinfónica Victoria de los Ángeles y el Coro Anton Bruckner, dirigidos por Pedro Pardo, en el concierto conmemorativo del 500º aniversario de la reforma luterana, el 1 de noviembre.    / ELISENDA CANALS SOLLA

El día en que un monje agustiniano indignado clavó sus 95 tesis sobre el poder, el tráfico y la eficacia de las indulgencias en la puerta de la capilla del palacio de Wittenberg cambió la historia de Europa, y también lo hizo la música. De ello hace 500 años y en Barcelona ha habido conmemoración de la mano de la Orquesta Sinfónica Victoria de los Ángeles (OSVA), con la mesosoprano Helena Ressurreiçao y el Cor Anton Bruckner, dirigidos por Pedro Pardo en la iglesia de la Bonanova, el 1 de noviembre. Tratándose de la aparición de la reforma protestante, no podía faltar Johann Sebastian Bach en el programa en el que también se interpretaron obras de Edvard Grieg y Gustav Holst.

La reforma que la acción de Martin Lutero desencadenó en 1517 trajo consigo dos cambios fundamentales en la función religiosa en las comunidades que la adoptaron, función que por otra parte era una parte sustancial de la vida cotidiana de la gente. Un cambió fue el abandono del latín y el uso de la lengua vernácula, el alemán, en los servicios religiosos. El otro, la participación directa de los feligreses en dichos servicios mediante el canto (el mundo católico no incorporó estos cambios hasta el Concilio Vaticano II, en los años 60 del pasado siglo).

Musicalmente, estas novedades no marcaron una cesura neta con la música religiosa que se interpretaba en aquel momento y que bebía, entre otros, de Claudio Monteverdi, pero incorporaron nuevas formas como los corales, las cantatas o las ‘pasiones’ en las que el texto, siempre cargado de poesía y comprensible para todos, tiene la misión de comunicar directa y profundamente con el creyente, algo que, como señala la estudiosa de las religiones, Karen Armstrong, no se consigue solo limitándose a leer las escrituras, “por eso Händel y Bach entran ‘al rescate’ de las ceremonias protestantes, para darles esta dimensión”.

La Reforma protestante tuvo su respuesta en la Contrarreforma y la música religiosa en el ámbito católico también entró en una nueva dimensión con Pierluigi da Palestrina, pero esta es otra historia. Lo cierto es que el papel de la música a partir de la Reforma luterana abrió un nuevo capítulo que llega hasta nuestros días, no solo por la continuada interpretación de obras escritas en aquel marco. También por la composición de formas nacidas en aquel momento que hoy siguen interesando a los compositores como lo demuestran las ‘pasiones’ de los contemporáneos Arvo Pärt y Sofia Gubaidulina.

Programa coherente

El programa ofrecido por la OSVA, especializada en obras para voz y orquesta, tenía mucha coherencia tratándose del 500º aniversario de dicha reforma. La primera parte, dedicada a Bach en estado puro, estaba formada por uno de sus conciertos de Brandenburgo, el BWV 1048, y por la cantata ‘Ich habe genug’.

La segunda se inició con ‘Aus Holberg Zeit’, la ‘Suite Holberg‘, de Edvard Grieg (1843-1907), una composición dividida en cinco movimientos en la que cada uno de ellos adopta la forma de una danza del siglo XVIII. La mirada de Grieg hacia el pasado y el vínculo con la tradición musical luterana se hace más que evidente en el cuarto movimiento, ‘Air: Andante religioso’, en el que la proximidad con Bach es muy notoria. El compositor noruego escribió la pieza como homenaje a Ludwig Holberg, un escritor y filósofo noruego-danés de aquella época, divulgador de los principios humanistas de la Ilustración y defensor de la duda frente a la fe.   

El concierto acabó con ‘Dos salmos’, de Gustav Holst (1874-1931), el 86 y el 148. La composición del británico, de 1912, tiene su origen en una  melodía de una colección de salmos calvinistas del siglo XVI para los que había hecho un arreglo seis años atrás.

Pedro Pardo tuvo que lidiar con una acústica de la iglesia poco favorecedora, lo mismo que Helena Ressurreiçao que era la solista de la cantata de Bach. La orquesta, impulsada por la Fundación Victoria de los Ángeles, se desempeñó mejor en la segunda parte con la música romántica y postromántica que con la del cantor de Leipzig. El Cor Anton Bruckner que dirige Júlia Sesé hizo una buena interpretación en la pieza de Holst en la que tuvieron una actuación muy destacada los solistas de la formación Sara Sarroca (soprano) y Robert Bailey (tenor).  

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