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CRÓNICA

MAP Trio, la chistera infinita

Los potentes Mezquida, Aurignac y Prats despliegan una exhibición de recursos en el festival de jazz de Barcelona

Roger Roca

El MAP Trio, durante el concierto del viernes en el 49º Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona. 

El MAP Trio, durante el concierto del viernes en el 49º Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona.  / Conservatori del Liceu

Decía el pianista Marco Mezquida al final del concierto que MAP Trio parece el inicio de un chiste malo: van un menorquín, un malagueño y uno de Banyoles. No contó que, además, el grupo no fue idea de ninguno de los tres, sino de un productor discográfico que les propuso juntarse, como cuando los ejecutivos de Hollywood montaban 'boy bands' y supergrupos de estrellas de rock. Mezquida, el saxo alto Ernesto Aurignac y el batería Ramon Prats no son un grupo de superestrellas porque eso en el jazz de aquí no existe, aunque en los últimos tiempos el pianista se ha ganado un estatus privilegiado: actúa en el 49º Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona en cinco formaciones distintas. En MAP Trio no es el líder sino una de las tres patas, todas muy robustas. Mezquida es el pianista más completo del panorama, capaz de tocarlo todo; Aurignac es un saxofonista volcánico con técnica e inventiva, y Prats, el más heterodoxo, le pone al grupo el espíritu del rocanrol.

Son tres, pero con los ojos cerrados, en el auditorio del Conservatori del Liceu parecía que en el escenario había el doble de músicos. El sonido, extraordinariamente nítido para un grupo de tanta pegada, parecía venir de todos lados, y la sensación de alud se hacía aún más fuerte porque encadenaban una pieza tras otra. "Esta ha sido nuestra primera canción", dijo Mezquida tras tres cuartos de hora de avalancha sin interrupción, aunque en realidad habían tocado media docena de piezas de su único disco.

Algo en el estómago

De la chistera de MAP Trio sale de todo: pasajes hipnóticos, descargas torrenciales, un lirismo que a veces roza lo dulzón, un poco de 'groove', rompecabezas rítmicos y una pieza de colores orientales. Y lo tocan todo con una potencia fuera de lo común pero sin que la música parezca una competición de testosterona. Incluso 'U', que Aurignac describió con guasa como "el 'hit' del grupo" y que sonaba como el despegue de un cohete visto desde muy cerca, majestuoso y violento, tenía algo poético. El clásico 'Body & Soul' que eligieron para despedirse sirvió para aterrizar. A la puerta del Conservatori, en un corrillo, una chica intentaba explicarlo en palabras. "Se me ha hecho algo aquí en el estómago".

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