19 sep 2020

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ENTREVISTA

Joana Serrat: "Estoy fuera de todo, y ya me está bien"

La cantautora de Osona publica su cuarto disco, 'Dripping Springs'

Jordi Bianciotto

Joana Serrat, entre guitarras.

Joana Serrat, entre guitarras. / DANNY CAMINAL

Joana Serrat ha viajado de la plana de Vic a la localidad tejana de Dripping Springs, que da título a su cuarto disco. Una obra grabada en el estudio del productor y cantautor Israel Nash en la que desarrolla su personal y sensible noción del sonido Americana.

¿Tiene la impresión de que desconcierta a los norteamericanos por su música con acentos ‘roots’? Me dicen que tengo una visión diferente, que aporto algo al sonido Americana. Como Sergio Leone con el ‘spaghetti western’. Eso va de sensibilidades: conectas o no. El country, el folk, tienden a reflejar una soledad, una melancolía, ese dilema de buscar un lugar en el que enraizarte y no saber si te quedas o no… Y no importa de dónde vengas, se trata de ser sincero.

"El country y el folk reflejan ese dilema de buscar un lugar en el que enraizarte y no saber si te quedas o no"

¿Qué representa Dripping Springs? Está en Heys County, una zona montañosa con fuentes y cascadas, y hasta playas, y le puse ese título al disco como un pequeño homenaje a unos días que han sido casi los más felices de mi vida por la gente que conocí y la comunión que tuve con los músicos. Tuve la sensación de que entraba en un mundo nuevo en el que podía encontrar una casa.

¿Qué le ha aportado el productor Israel Nash? Me ha dado muchas alas y ha reafirmado en mi discurso. Igual que Ted Young, ingeniero y mezclador. En seguida entendieron mi visión. Les dije: “He venido a hacer el mejor disco de mi vida hasta ahora”. Con ellos me sentí muy libre.

Dominan los tiempos recogidos y los ambientes melancólicos y un poco místicos, con excepciones como ‘Come closer’. Esta la hice antes de coger el avión e ir para allá. Grabamos 15 o 16 piezas y elegimos 11, seleccionando las canciones de las que estaba más contenta y pensando en que quedara un disco equilibrado. Esta es un poco más ‘upbeat’, sí, a lo Bryan Adams y The Cardinals.

Hay bastante presencia del ‘pedal steel’. Mi intención era que no hubiera variaciones de género en el disco, que el sonido fuera compacto. No tengo ganas de hacer pop. El sonido del ‘pedal’ me encanta, aunque si no estuviera ahí creo que el disco seguiría siendo Americana por el concepto de las canciones, las letras, el envoltorio… Sí que había voluntad de que hubiera algún elemento psicodélico, que conectara con el subconsciente.

Más que contar historias, su música parece transmitir estados mentales. Totalmente. Antes llevaba una maleta pesada, pero ya me he desprendido de muchas cosas. En este disco estoy relajada. Sigo mis pautas. Israel y todo ese equipo facilitaron que pudiese sentir que estaba volando, sin pensar en nada más que no fuera la música, viviéndola desde la parte más bonita y emocionante. La música que nos acerca a todo, que es amor… Ya sé que suena muy hippie.

Pues un poco, sí. Me gusta ese espíritu, aunque no me definiría como hippie. Me siento más ’singer-songrwriter’. Me identifico con un Blaze Foley, con Hank Williams o Woody Guthrie. Esos personajes bastante solitarios y errantes. Pero también me gusta mucho la actitud del punk.

¿En qué sentido? Por ese punto, sobre todo del punk norteamericano, de intentar encontrar tu lugar porque no lo tienes representado en ningún sitio. El punk británico es otra cosa; me interesa más por su lado político.

"Antes llevaba una maleta pesada, pero ya me he desprendido de muchas cosas; sigo mis pautas"

Le atrae la historia de la música. Mucho, hace poco he leído ‘Please kill me’, la historia oral del punk. Me pareció brutal.

Conecta con el punk en seguir su camino a contracorriente. Yo creo que uno tiene que ser fiel a sí mismo, y eso es lo que hago. Espero que mi carrera sea de largo recorrido. No soy una ‘one hit wonder’.

Entre sus referentes no ha mencionado figuras femeninas. ¡Es verdad! Ahora estoy escuchando a Alela Diane, y me gusta Curtney Marie Andrews… Pero no soy demasiado fan ni de Joni  Mitchell, ni de Emmylou Harris, al menos al 100%. Si pienso en una figura femenina, me iría a PJ Harvey. Cuando era adolescente me compré todos sus discos y me gusta todo su discurso. Me gustan las mujeres con carácter. Y los hombres también (ríe).

¿Siente que cantando en inglés, en Catalunya, llega a la gente exclusivamente a través de la música, sin connotaciones de ‘fer país’? Yo ‘hago país’ igualmente. Allá donde voy todo el mundo se interesa por Vic, por Catalunya. Al final, la música es lo primordial. Yo, con diez años, cuando oía a Neil Young tampoco entendía las letras. En mis canciones las letras en inglés van en el paquete.

¿Tiene la sensación de que lo que hace es comprendido en su tierra? Sí. Si no, la gente no vendría a verme a los conciertos. No hago la música más popular ni la que está más de moda, pero si dijese que no me siento comprendida me parecería que estoy siendo injusta. Siento que voy por libre, sí, y que con este disco me he reafirmado; estoy fuera de todo y ya me está bien.