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crónica

Josse de Pauw, en defensa de la humanidad

El director y actor belga agita el Temporada Alta con 'De Mensheid', un alegato contra la difamación de la especie humana

César López Rosell

Una de las escenas de ‘De Mensheid’, la pieza representada por Josse de Pauw el viernes en el Temporada Alta.

Una de las escenas de ‘De Mensheid’, la pieza representada por Josse de Pauw el viernes en el Temporada Alta.

El ser humano ha sido estafado. Esta es lo que sostiene Arnon Grunberg  en su libro 'Praise of mankind' ('Alabanza de la humanidad') y que es el punto de partida  de la nueva producción de Josse de Pauw, 'De Mensheid'. El vanguardista director y actor belga, que ya visitó Temporada Alta con su triunfal espectáculo de diálogo con el jazz ‘An old Monk, desgrana las líneas maestras de un texto pletórico de surrealista ironía. En su propuesta escénica se hace acompañar por el propio escritor, la delicada soprano Claron McFadden  y el pianista Kris Defoort.

El montaje inauguró el viernes en El Canal de Salt el ciclo 'Connexió Flandes' que contará también con la presencia de Alain Platel Guy Cassiers. Mark Schaevers ha adaptado la obra de Grunberg  para ponerla al servicio de un divertido y sugerente espectáculo en el que se desenmascara todo lo ilusorio del ser humano, pero manteniendo la adhesión a la especie.

"Somos grandes pensadores. Hemos inventado la economía, el microondas, la fraternidad, el reloj de cuco, el jersey de lana, la igualdad y hasta la Cruz Roja". El texto de Grunberg  suena convincente en la voz de De Pauw, en su rol del actor que defiende ante un tribunal la exoneración de una humanidad maltratada durante siglos. "Es codiciosa, lasciva, violenta y cobarde, pero puede considerarse en su defensa que no sabe hacer nada más", dice en el relato.

Caramelos para el público

Lo ambiguo de nuestro interior y el enfrentamiento con tantas visiones pesimistas sobre el hombre aparecen en este montaje, que empieza con una sublime interpretación de McFadden de 'Sweeter than roses' de Henry Purcell, a modo de himno de la felicidad. Este hilarante fondo musical perfuma el monólogo que recita De Pauw. Mientras, Grunberg  se ejercita en una máquina de remo hasta que el brillante monólogo se interrumpe para dar paso a las improvisaciones de la cantante y el pianista.

El escritor acabará saliendo de su mutismo para poner en cuestión el trabajo del actor y el de sus propios textos y se entremezclará con el público repartiendo caramelos para buscar su complicidad. De Pauw cederá el protagonismo escénico a un Grunberg  de gran vis cómica y le sustituirá en los ejercicios en la máquina hasta desaparecer en la oscuridad. Es una metáfora que sugiere que al ser humano le toca siempre remar para superar la dificultad en la que le sitúan sus propias contradicciones.

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