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CRÓNICA

Música en los ojos

SAI Trio despliega una poderosa alianza de danza y música en el festival de jazz de Barcelona

Roger Roca

Sonia Sánchez, durante el concierto de SAI Trio, el viernes en el 49º Voll Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona. 

Sonia Sánchez, durante el concierto de SAI Trio, el viernes en el 49º Voll Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona.  / Lianca Aymerich D'Agata

SAI Trio son Sonia Sánchez, Agustí Fernández Ivo Sans: una bailaora que se arrima siempre a los márgenes de la tradición, un pianista de larga carrera que cree en la improvisación como método para llegar a lo más hondo y un percusionista que toca con una intensidad primitiva, como si cada vez que se sienta frente a la batería descubriera los platos y los timbales. Se juntaron en el 2014 para hacer algo que no es música adornada con danza ni danza acompañada de música sino un todo en que música y baile pesan por igual. Una síntesis de sonido y movimiento. Y allí siguen, 'rara avis' en los escenarios del país, porque su reto es doble: mezclar disciplinas artísticas y también tradiciones distintas. SAI Trio se alimentan del flamenco, el jazz y la música contemporánea y lo casan todo a través de la improvisación.

El viernes en la sala Luz de Gas, SAI Trio debutaron dentro del 49º Voll- Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona bajo una única premisa: el concierto, anunció el director del festival al inicio, duraría 55 minutos. Por lo demás el guión no estaba escrito, aunque quien estaba familiarizado con la obra de Agustí Fernández podía reconocer algunas de las piezas del pianista, sacadas de su disco en solitario 'El laberint de la memòria' y de otro de sus proyectos, el trío Aurora. El piano proponía una melodía, la batería dibujaba un fondo con un murmullo de platos y el cuerpo de Sonia Sánchez se desplegaba al mismo tiempo como una escultura y un instrumento. No era tanto el sonido de sus zapatos, que de vez en cuando arañaban el suelo, ni el repique de sus tacones, que muy de tanto en tanto marcaban un compás. No. Era más bien como si las figuras que Sánchez dibujaba en el aire con esos brazos suyos tan poderosos, los imponentes perfiles que producía doblándose sobre sí misma, sus movimientos, ahora rápidos y flamencos, ahora microscópicos como de máquina de alta precisión, completaran la música. Como si esas formas tuvieran también un sonido.

Nunca a medio camino

La música, como ocurre siempre con Agustí Fernández, saltó varias veces de lo lírico a lo tormentoso, pero nunca se quedó a medio camino. Lo tibio no le pega al pianista de Mallorca, tampoco a la volcánica Sánchez ni a Sans, que hierático como un Buster Keaton de la batería, creaba más ambientes que ritmos. Porque el ritmo lo ponían entre tres, como todo lo demás. Porque no fue danza con música en directo, no fue un concierto con el añadido de lujo de una bailaora. SAI Trio hicieron algo más insólito: música que entra por los ojos.

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