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CRÍTICA DE JAZZ

Ambrose Akinmusire, oscura conmoción

Intensidad de principio a fin en la vuelta del trompetista californiano al 49º Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

Roger Roca

Concierto de Ambrose Akinmusire en el Conservatori del Liceu

Concierto de Ambrose Akinmusire en el Conservatori del Liceu / CARLOS MONTANYES

A menudo en los conciertos hay ese momento catártico en el que parece que la música toca techo. El momento que todo el mundo recordará, bien porque es la pieza que todos y todas estaban esperando, bien porque en ese instante el artista parece que se rompe por dentro y su emoción se expande por toda la sala. El subidón. Pero un concierto de Ambrose Akinmusire funciona distinto. No va de menos a más, no tiene un momento cumbre. Su directo es una catarsis permanente. Todo, concentración, intensidad, emotividad, está amplificado al máximo de principio a final.

El viernes en el 49º Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona el joven trompetista de California presentaba 'A rift in decorum”, un potente doble disco en directo que le confirma como una de las voces de su generación que mejor han sabido tomarle el pulso al presente. Con su cuarteto, una banda de una compenetración casi telepática, hace una música densa, oscura y a menudo turbia que debe poner los pelos de punta a quienes creen que el jazz, si no tiene swing, no es jazz. En cambio llamó la atención del rapero Kendrick Lamar, que contó con el trompetista para el disco que le convirtió en estrella. El caso es que Akinmusire está en alza y su vuelta a Barcelona atrajo al auditorio del Conservatori del Liceu a un buen número de músicos, muchos estudiantes y algunos nombres propios del circuito de jazz de la ciudad.

Sensación de trascendencia

¿Con qué recuerdo se quedará el público que le vio esa noche? ¿Con esa pieza hipnótica construida sobre una sola nota que arremetía como una tormenta de las que arrancan sin avisar y parece que no se van acabar nunca? ¿Con el lamento triste de 'Moment in between the rest', mitad vals triste, mitad marcha fúnebre, mitad grito de rabia? ¿Con el bis, cuando la trompeta solitaria de Akinmusire parecía un enjambre de pájaros en desbandada? ¿Con el muro de sonido que levantaban batería y contrabajo mientras piano y trompeta se perseguían en una cadena de explosiones que parecía infinita? ¿Con el sonido de la trompeta de Akinmusire, que de tan expresivo parece el de una voz humana? Al final de cada pieza, antes de los aplausos, se hacía un silencio breve pero sepulcral, como si nadie se atreviera a romper el clima que la banda había conjurado. El ademán de Akinmusire, silencioso y grave, amplificaba la sensación de trascendencia en la sala. Hombre de poquísimas palabras, prácticamente solo se dirigió al público al final de la noche para hacer una petición. "Nunca lo hago, pero a los que estáis grabando el concierto os pido que no lo subáis a Youtube, que os lo quedéis para vosotros". Quizás intuyó que era una noche de las que se amplifican en la memoria.