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PREMIO PLANETA

Javier Sierra: "Necesitamos conectarnos con lo sublime"

El hacedor de best-sellers sigue la pista de la copa que Jesucristo utilizó en la Última Cena en su novela 'El fuego invisible'

Elena Hevia

Javier Sierra, este lunes en su comparecencia ante la prensa. 

Javier Sierra, este lunes en su comparecencia ante la prensa.  / Andreu Dalmau

El Premio Planeta es transversal y 'democrático', por decirlo de alguna manera. En su trayectoria caben dos premios Nobel -aunque el de Cela quedara salpicado por el plagio- y en el otro extremo, como es el caso de esta edición, escritores como Javier Sierra. El autor es la respuesta local a Dan Brown, que no le ha hecho ascos a aparecer en un programa como 'Cuarto Milenio' desbrozando misterios esotéricos. Uno de los más transitados, el enigma del Santo Grial, la copa que Cristo utilizó en la Última Cena, está en el centro de la novela ganadora, 'El fuego invisible'. 

Ha ganado el Planeta con una obra de entretenimiento. ¿Era esa su intención?  Lo que pretendo es iluminar. 

Muy místico le veo.  La mía no es tanto una visión religiosa como que el lector logre un efecto que le haga ver las cosas desde un punto de vista distinto. Cuando te pones las gafas con una óptica distinta y te enfrentas a la realidad descubres que la vida es mucho más rica de lo que pensabas. 

Entretener en un momento de tensión como el actual no parece tan malo. Pero quizá lo que necesitemos sea precisamente amplitud de miras. Mi visión es que el conflicto del encaje de Catalunya en España es minúsculo, el universo tiene cosas mucho más grandes de las que ocuparse. Mi visión es más cósmica.  

"El conflicto catalán es minúsculo. El universo tiene cosas mucho más grandes de las que ocuparse. Mi visión es más cósmica"

La del domingo fue una gala del Planeta extraña, sin políticos de primera línea. Yo me sentí a gusto, porque el bajo perfil politico que tuvo la noche hizo que luciera mucho más el perfil literario. 

Pero era difícil olvidar la presión política exterior, tras el anuncio del traslado de la sede de Planeta. Sí, pero sentí que se quedaba fuera. Y eso hizo que se ganara tiempo para hablar de creación. Las mesas estuvieron muy animadas, hubo muy buen ambiente. 

¿Su interés por el Santo Grial viene de lejos?  Nací en Teruel. La provincia es fronteriza con València y de niño siempre me contaron que el Grial estaba allí, en la catedral, la Seu de València. 

¿Y lo cree? Lo que creo es que el Grial de València, en el momento en que aparece, es un elemento de propaganda para animar a los cristianos a reconquistar Tierra Santa. Lo que nos dice es que los símbolos son muy importantes. Además, si nos creemos la Última Cena, tal y como nos la han contado, hubo al menos 12 copas. 

¿Qué valor simbólico le da al Grial?  Esta no es una novela tópica sobre la búsqueda de la reliquia. Habla más de su valor. ¿Para qué sirve el Grial? Que justamente es la pregunta que en 1180 formula Chretien de Troyes en el primer libro en la historia en el que se menciona y que el propio autor dejó sin responder porque debió de fallecer antes de acabar un libro que despertó la fiebre griálica. Lo que yo hago es tomar ese testigo y trato de llevarlo hasta el final. 

¿Cómo interpretar ese simbolismo en el materialista siglo XXI. ¿No nos queda un poco lejos?  Cuando Chretien de Troyes describe el Grial no habla de una copa sino de un objeto que sostiene una dama que camina en un cortejo y de ese objeto irradia una luz que ofusca todas las demás luces. Y eso es una maravillosa metáfora de la iluminación interior. Esa metáfora también aparece en 'La lámpara maravillosa', un raro libro de Valle Inclán, un tratado de autoayuda espiritual, que ha sido muy inspirador para mí. La gran pregunta de mi libro es de dónde vienen las ideas. 

¿Y de dónde vienen? De la razón, por supuesto, pero también de la sensilidad que tenemos para conectarnos con lo sublime. El creador es un canal, recibe, sintoniza con las cosas que están ahí fuera y las trasmite. Y esa es la alquimia mágica del proceso creativo. 

Su Grial parece muy  trascendente, pero al fin y al cabo esta es una historia de aventuras.  Sin duda. Todas mis novelas son novelas de aventuras. ¿Cómo voy a renunciar a la parte lúdica? La diversión es la cinta transportadora sobre la que coloco las ideas del libro. Evidentemente que quiero entretener al lector pero también deseo que cuando llegue al final del recorrido se quede con un buen montón de sensaciones e inquietudes. Y que sienta esa maravillosa energía que se percibe cuando termina una gran novela y quiere continuar aprendiendo sobre lo que se ha encontrado allí. 

Además de proponer esas grandes emociones, también vale como guía de viaje.  La novela arranca en Dublín, de ahí salta a Madrid, a Barcelona y a Huesca. 

¿Qué es lo que ocurre en Barcelona? Ahí está la clave de la novela. Centrada en los frescos románicos que se encuentran en el Museo de Arte de Catalunya (MNAC). En el relato he trazado un hilo conductor entre los distintos ábsides que sorprenderá e invitará a muchas personas a acercarse a comprobarlo por sí mismas. 

"Dan Brown me mandó una dedicatoria diciendo que debíamos de ser hermanos gemelos" 

¿Le halaga que le comparen con Dan Brown? Yo soy lector de Dan Brown, le conozco y hemos hablado en alguna ocasión. Él pone mucho más peso en la acción trepidante que en el mensaje. A mí me gusta poner el acento en el mensaje y desde ese punto de vista somos distintos. Una vez, Dan me envió una de sus novelas con una dedicatoria muy graciosa que decía que debemos ser gemelos separados al nacer porque tenemos grandes ideas comunes. 

¿Es así?  Sí, cuando se produjo la eclosión de 'El código Da Vinci', yo publiqué 'La cena secreta', una novela sobre Leonardo. Además solemos coincidir en los tiempos de lanzamiento de nuestras respectivas novelas. 

En la reciente novela de Brown Barcelona también tiene protagonismo.  Son coincidencias. Mi vida está llena de ellas.  

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