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Llega a España "la declaración de amor" de Andrea Marcolongo al griego

EFE

Concha Barrigós.

El aoristo, el dual, la ausencia de tiempo... A primera vista un texto griego antiguo "es" una sola palabra infinita y entera en mayúsculas pero alberga "tanta belleza y encanto" que la "declaración de amor" que Andrea Marcolongo le ha dedicado en un libro va ya por la 21 edición en su Italia natal.

"Nueve razones para amar el griego. La lengua de los dioses", que acaba de editar Taurus en castellano, no es una gramática, un diccionario, un ensayo académico o un manual de estudio, es, simplemente, el resultado de la pasión por ese idioma de su autora (Milán, 1987), escritora, filóloga y profesora.

"Esto empezó porque un alumno me preguntó por qué tenía que aprenderse de memoria los verbos griegos, que no le encontraba ningún sentido. Me quedé pensando que llevaba doce años aprendiéndolo y que no había entendido nada. Fue una especie de búsqueda del tiempo perdido y jamás imaginé que iba a caer rendida de amor", señala en una entrevista con Efe.

No es, sostiene, una defensa del griego antiguo ni "una llamada a la salvación de las lenguas muertas" sino la constatación de que hay en él algo esencial para el hombre: "es una lengua que expresa el tiempo con el cómo y no con el cuándo, es decir con lo que somos".

Los griegos se expresaban de una manera que consideraba el efecto de las acciones sobre los hablantes, el aspecto, "libres de la cárcel del pasado, el presente y el futuro".

"Los griegos antiguos piensan fuera del tiempo y eso libera al ser humano de la prisión del pronto, el tarde, el hoy o el mañana. Para ellos es siempre volitivo, una promesa. Hoy tenemos agendas, calendarios para recordarlo todo y ellos nada de eso, solo esa forma de expresarlo porque en el futuro no ocurría nada", explica.

En griego antiguo, explica en su libro (200 páginas), solo el que habla evalúa la vida y es quien da una medida de ella, "escogiendo con libertad el modo verbal con el que se la va a representar a sí mismo y a los demás: vida verdadera, concreta, objetiva o bien eventual, subjetiva o en entredicho. Posible o imposible. Deseo realizable o irrealizable".

En el mundo actual, dice la autora, que ha dedicado cinco meses a la escritura del texto, "la rapidez es un valor". "Uno no se puede enamorar en un minuto. Eso es inaceptable", subraya.

En su libro hay mucha ironía y humor y reconoce que sus nueve razones para amar el griego "lo pueden ser también para odiarlo" porque es cierto que requiere "mucha atención y esfuerzo".

"No soy la profetisa del griego pero sí lo soy de las palabras. El griego es el antídoto a la pereza por saber que domina en nuestra época. Somos demasiado vagos y nuestro mundo se ha limitado muchísimo. Cuanto más se empequeñece nuestro vocabulario, más pequeño se hace nuestro mundo" .

El griego es "una lengua fértil, no una lengua muerta, pero no quiero convencer a nadie de que caiga enamorado del griego", advierte, aunque insiste en que es la lengua "dual, el deseo, de la realización del sueño".