ÓPERA

Beczala y Álvarez iluminan un oscuro 'Ballo'

El tenor y el barítono brillan en el minimalista pero plano montaje inaugural de la temporada del Liceu

’Un ballo in maschera’ en el Liceu.

’Un ballo in maschera’ en el Liceu. / Quique Garcia

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Un Verdi que merecía más. El minimalista y plano montaje de ‘Un ballo in maschera’ a cargo de Eric Boussard, con vestuario de Christian Lacroix, acabó salvándose por la soberbia actuación de Piotr Beczala y Carlos Álvarez. El tenor y el barítono elevaron el tono lírico y dramático de una función marcada por la tensión política que vive Catalunya reflejada con notables ausencias en el palco. La dirección musical de Renato Palumbo, pasada en decibelios que con frecuencia tapaban a los intérpretes, y la mediocridad del resto del reparto, exceptuando Elena Sancho-Pereg, no ayudó a mejorar el resultado global de una producción en la que el coro de la casa y el infantil de Amics de la Unió desempeñaron con corrección sus prestaciones.

Nada tiene que ver esta con la contestada pero acertada propuesta de Calixto Bieito en el 2000

Nada que ver con la contestada y acertada propuesta de Calixto Bieto del 2000 ambientada en los lavabos del Congreso. En esta visualmente oscura versión de Boussard, orientada a potenciar el perfil psicológico de los personajes de una trama con triángulo amoroso entre conspiraciones para asesinar al protagonista, es patente la falta de nervio escénico. De ahí que fueran los propios cantantes lo que se la dieran con una decidida implicación que arrancó ovaciones después de algunas de sus intervenciones en las arias y dúos de más intensidad de esta ópera de madurez del compositor de Busseto.

QUIQUE GARCÍA (EFE)

Beczala, encarnando con elegancia a Riccardo, gobernador de Boston a donde hubo que trasladarse la ambientación de la obra por las presiones de la censura, dio respuesta a un rol que exige un despliegue de todos los matices del arco vocal. La belleza de su inmaculado timbre y su clara dicción volvieron a conquistar a un teatro que lo ha adoptado como uno de sus ídolos. Desde la primera y ya aplaudida aria ‘La rivedrà nell’ estas!’ el tenor compuso una actuación impecable en su decena de intervenciones, entre las que destacó su dúo con Amelia ‘Teco io sto’ del segundo acto, lleno de sensible apasionamiento, o ese final en el que, ya herido, canta a la pureza de su amada, la esposa de su secretario y amigo al que también perdona.

Delirio con Carlos Álvarez 

Pero si Beczala paseó su elegancia por las tablas, Carlos Álvarez (Renato), paradigma del barítono verdiano, demostró que cuando él sale a escena sube el precio del pan de la dramaturgia. Aplaudido en su primera aria, provocó el delirio con la incisiva ‘Eri tu che macchiavi quell’anima’, en la que se queja con amargura por la traición de Riccardo. Keri Alkema (Amelia) estuvo lejos de equipararse a los otros dos protagonistas. Empezó dubitativa, metida en la atmósfera tenebrosa de su encuentro con Riccardo, pero creció en los dúos y el desgarrador lamento final, aunque no convenció. Lo propio hay que decir de Dolora Zajick (Ulrica), cuya sola presencia marca, aunque esté en horas bajas, el dibujo de la bruja adivinadora. Fue estupenda la actuación de  la ascendente Elena Sancho Pereg (el paje Oscar), mostrando un buen nivel en sus arias y en los concertantes.

QUIQUE GARCÍA (EFE)

 

El montaje, asentado en la iluminación y en un vestuario que mezcla la estética de la  época con la de la actualidad, solo sirve para hacer cómodo el trabajo de los cantantes. Detalles como el del figurín colgado en la escena ‘Ecco l’orrido campo’, o el ridículo Ferrari de juguete no aportan nada especial. Todo ello no restó glamur al estreno, con solo dos 'consellers', Lluís Puig y Dolors Bassas, representantes del mundo bancario (Banc de Sabadell y BBVA) en un momento de crisis y personajes del mundo de la farándula. Un comienzo de temporada con incógnitas a despejar, pero con el estímulo que siempre supone escuchar la música de Verdi.

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