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ENTREVISTA

Raphael: "Voy a seguir hasta el final"

El cantante presentará en el Palau Sant Jordi un disco escrito por artistas de nuevas generaciones

Luis Troquel

Rapahel, durante una actuación el pasado mes de septiembre.

Rapahel, durante una actuación el pasado mes de septiembre. / EFE / MARCIAL GUILLÉN

El paso de Raphael por el festival pop Sonorama dejó aún más huella de la que se preveía. Tanto en la historia de la muestra (abierta desde entonces a otras figuras melódicas) como en la suya propia. Pues aquella experiencia alumbró la idea de grabar 'Infinitos bailes', el disco que este sábado le trae a un Palau Sant Jordi acondicionado al formato anfiteatro y con todos los asientos numerados. Un álbum producido y escrito por artistas de generaciones posteriores, que podrían ser sus hijos y hasta sus nietos; consagrados y novísimos; comerciales y alternativos. Nombres como Izal, Dani Martín, Rozalén, Bunbury, Manuel Carrasco, Pablo López, Iván Ferreiro, Vega, Diego Cantero o Vanesa Martín. 'Infinitos bailes' y una infinidad de viejos éxitos para una cita que se promete tan extensa como intensa.

Gran parte del disco tiene un halo autobiográfico. ¿Propuso de qué quería que hablaran las canciones? En absoluto. Eran canciones escritas expresamente para mí pero sin ningún condicionante. Y me han sorprendido muy gratamente. A los compositores no hay que decirles lo que deben escribir.

¿Antes nunca lo hizo?  ¿Ni siquiera con Manuel Alejandro o José Luis Perales? No. Puedo haber sugerido algo, pero en general es mejor dejar que sean ellos quienes te sorprendan.

¿Y qué canción le ha sorprendido más? 'Volveré a nacer', de Manuel Alejandro. Sobre todo porque la gran sorpresa vino muchísimo después de que la estrenáramos. Es como si hubiese adivinado lo que iba a pasar en mi vida tres décadas después.

¿Y de este nuevo disco? ¿La sensacional 'Loco por cantar'? Sí. Ya forma parte de las joyas de la corona. Pero al compositor, Diego Cantero, no le dimos ninguna premisa sobre la temática. No le dijimos nada de nada. Eso se lo prometo.

Parecen palabras y vivencias suyas. Es que si la hubiese escrito yo, hubiese sobre dicho exactamente lo mismo... Aunque de peor manera [risas].

¿La vida sigue siendo un juego entonces también para Raphael? Un juego serio.

¿Es de los que se siguen poniendo nervioso antes de cantar? Tuve épocas más inseguras, pero ahora hace ya mucho tiempo que no. A mí la responsabilidad no me pone nervioso. Al revés. Yo sé que el público está ahí conmigo y desde que salgo voy a disfrutar con ellos.

Se atrevió a rapear con 'Escándalo' nada menos que en 1992. ¿Qué le parece la eclosión del reggaetón? Bueno... Mejor no meterme con eso porque igual un día me da por cantarlo yo [risas]. Nunca diré que de este agua no beberé.

¿Antes de grabar 'Escándalo' no se imaginaba cantando rap? No. Eso nació de una apuesta de Willy Chirino con otro músico que decía que yo no cantaría nunca un rap, y Chirino dijo: "¿Que no? ¡Este hace lo que le dé la gana!". Y entonces escribió esa parte.

"Yo soy aprendiz de todo y maestro en nada. Los pajaritos en la cabeza a nadie le sientan bien"

¿'Infinitos bailes' es el trabajo en que más ha intervenido su hijo Manuel Martos? Hace ya un tiempo que está completamente volcado en todos mis discos, tanto en la producción ejecutiva como en la dirección artística.

Manuel formará ahora también parte del jurado del nuevo 'OT'. Y yo me lo voy a pasar bomba viéndolo. Además, de este tipo de concursos yo creo que siempre ha sido el más atractivo.

En una ocasión le preguntaron a Bunbury por qué le gustaba tanto escribir para usted y respondió: "Yo no sé si pasaré a la historia, pero Raphael sí lo hará. E igual por ahí puedo colarme yo". Enrique es maravilloso. En todos los sentidos. Me contó que la primera vez que me vio tenía solo cuatro años, cuando fue con su madre al Teatro Principal de Zaragoza.

¿Cómo se vive sabiendo que uno es un mito y pasará a la posteridad? Yo no soy consciente de esas cosas. Ni debo ni quiero. Pretendo ser el mismo que era cuando empecé. Siempre tengo que aprender. Como suele decirse, yo soy aprendiz de todo y maestro de nada. Y así debe ser, porque los pajaritos en la cabeza a nadie le sientan bien.

Viéndolo actuar nadie le echaría 74 años. Uno de sus artistas referenciales, Charles Aznavour, sigue cantando con 93. ¿Usted se ve sobre un escenario a esa edad? No sé. Eso dependerá del público. Yo desde luego voy a seguir... Hasta el final.

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