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AMPLIA RETROSPECTIVA

Joan Ponç, una isla en el mundo del arte

La Pedrera salda la deuda del mundo del arte con el artista que fundó Dau al Set y siempre se mantuvo fiel a su estilo

Natàlia Farré

Nocturn (1950), una de las telas más preciadas de Joan Ponç que puede verse en La Pedrera. 

Nocturn (1950), una de las telas más preciadas de Joan Ponç que puede verse en La Pedrera.  / ALBERT BERTRAN

Tarde, con mucho retraso, pero por fin llega la exposición que hace años viene anunciándose sobre uno de los creadores más originales e importantes de la escena catalana de la segunda mitad del siglo XX; también uno de los menos valorados y a veces menos apreciados de la historia del arte de este país. Es Joan Ponç (Barcelona, 1927 - Saint-Paul-de-Vence, 1984), cuya trayectoria muestra La Pedrera, hasta el 3 de noviembre, en 'Diàbolo', una retrospectiva comisariada por la historiadora Pilar Parcerisas, quien no duda en afirmar que al autor "se le hizo un cierto vacío en la época, no se le hizo el caso que merecía y se le silenció". Así, la muestra pretende poner las cosas en su sitio y resituar en la escena artística al 'Príncipe de las tinieblas', como le llamaba Joan Perucho.

Creó un universo propio rico y único, onírico y simbólico, poblado 
de criaturas inquietantes y paisajes imposibles

El apelativo viene a cuento por la peculiaridad nunca abandonada por Ponç de pintar por la noche. Siempre lo hizo así, desde que empezó en el altillo del guardamuebles que regentaban sus padres hasta el final, momento en el que la oscuridad ya no venía de la noche sino de la ceguera que padeció. Una manera de crear que condicionó la luz de sus obras, siempre interior: "Ilumina sus pinturas desde dentro", apunta Parcerisas. Una verdad física y metafísica. Porque tan cierto es que nunca pintaba con luz natural como que la búsqueda de la esencia del ser era lo que le movía: "Le interesaban las grandes preguntas: qué hace el hombre en el mundo, qué relación tiene con Dios... Las preguntas básicas de la filosofía", resume la comisaria. De ahí, que creara un universo propio extremadamente rico y único, también onírico y simbólico, poblado de criaturas inquietantes, mitad humanas y mitad animales, y paisajes fantásticos habitados por animales y plantas irreales. Todo con el fin de plasmar sus inquietudes anímicas con gran contundencia y revelar los secretos de sus miedos más íntimos.

"Se le hizo un cierto vacío en la época, no se le hizo el caso que merecía y se le silenció" 

Pilar Parcerisas

Empezó con su mundo muy pronto, cuando decidió abandonar la influencia de Georges Rouault y su misticismo y religiosidad para lanzar la primera piedra de la renovación plástica después de la guerra civil. La irrupción de su arte, en los grises años 40, supuso ganarse calificativos como grotesco, torturado, diabólico, carnavalesco, mágico... Pero se mantuvo fiel y coherente a su estilo hasta el final. De ahí su insularidad. No se apuntó a ninguno de los ismos de las vanguardias. Y esa inclasificación es, en parte, el motivo que lo mantuvo y lo mantiene en un cierto olvido. Hay más razones, como la pelea familiar por su legado tras su muerte y, por encima de todo, la alargada sombra de Antoni Tàpies. Ponç fundó junto con Brossa el Dau al Set, movimiento al que el pintor matérico se sumó y del que después siempre renegó, hasta el punto de que para Tàpies Ponç siempre fue ese pintor que hacia monstruos. "Su carácter singular. Y la diferencia de clase entre los pintores de Dau al Set" son otras de las razones que apunta Parcerisas para dicho vacío. "La sociedad catalana y la burguesía tampoco apoyaron sus monstruos y diablos, en cambio sí apoyaron a los artistas de su misma clase social". De manera que Ponç, disgustado con todo lo acontecido (también hubo una disputa por una beca del Instituto Francés que finalmente fue para Tàpies), se fue una década al Brasil, entre 1953 y 1962. 

Cézanne, Dalí y Foix

La exposición recorre estas etapas, el inicio, Dau al Set y Brasil y llega hasta 1984, con el fallecimiento del pintor. De hecho, un autorretrato firmado en 1982 con Ponç dirigiéndose dignamente hacia su muerte cierra la exposición que abre un tríptico de homenaje a Cézanne, con el que el catalán se identificaba plenamente: "Me identifico milímetro a milímetro con el personaje, pues yo también lucho con todo lo que me rodea. Será mi estrella polar", afirmaba en 1978. En medio, para obras inéditas, como 'La gran pastoral. Homenatge a Joan Miró', un lienzo de 1948 que dejó enrollado a Joan Brossa antes de partir a Brasil y que desde entonces ha estado en manos próximas al poeta. Y otras que no son inéditas pero son fantásticas, como 'Nocturn', la pieza que recoge el viaje que J.V. Foix hizo con los componentes de Dau al Set desde El Port de la Selva a Portlligat para visitar a Salvador Dalí y que inspiró el poema 'Balada dels cinc mariners exclusius, i del timoner que era jo'.   

Las 150 piezas de la muestra viajarán luego a Céret (Francia), plaza donde Ponç pasó muchos veranos y que está tan en deuda con el pintor como Barcelona: el museo de la localidad nunca le ha dedicado ninguna exposición y no posee obra suya. Un tratamiento muy diferente al tenido con otros miembros de Dau al Set, como, por ejemplo, Tàpies.