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ESTRENOS DE CINE DE LA SEMANA

'Madre!': ¿obra de arte o tomadura de pelo?

La retorcida película de Darren Aronofsky, protagonizada por Jennifer Lawrence y Javier Bardem, desata una encendida controversia entre 'haters' y fans

Beatriz Martínez

Jennifer Lawrence en ¡Madre!.

Jennifer Lawrence en ¡Madre!. / Photo credit Niko Tavernise

Hacía tiempo que una película no generaba opiniones tan antitéticas. Desde su primera proyección en el pasado Festival de Venecia'Madre!', la última película del director Darren Aronofsky consiguió crear dos bandos claramente diferenciados sin que hubiera lugar para el término medio: mientras que a muchos les pareció una obra de arte, otros la consideraron como un auténtico insulto.

Lo cierto es que el cine del director norteamericano nunca ha dejado indiferente al espectador. Es un especialista en poner al público contra las cuerdas y tensar los hilos mientras disfruta situándose en territorios poco acomodaticios para provocar una reacción visceral. Sus universos obsesivos, sus personajes al borde de la abstracción, esa necesidad compulsiva que tiene de convertir en metáfora cualquier minúsculo detalle de la narración y su tendencia al manierismo formal, al abigarramiento estético y a la fragmentación narrativa, puede fascinar o irritar.

En sus películas siempre hay una extraña mezcla entre pensamiento racional y búsqueda de la espiritualidad. Y casi siempre parecen desarrollarse en espacios mentales, en otro plano de la realidad que suele adquirir una naturaleza pesadillesca. 'El luchador' (2008) continúa siendo su trabajo más concreto y físico, pero en realidad todas sus películas se mueven alrededor de una extraña coreografía orgánica, como si tuvieran vida propia.

Es algo que también ocurre en 'Madre!', ambientada en una mansión de reminiscencias góticas que parece respirar al ritmo de los protagonistas, transformándose dependiendo de sus pulsiones internas en un lugar acogedor o en un entorno hostil capaz de albergar todos los males del mundo. En ella vive una pareja prácticamente aislada del mundanal ruido. Él (Javier Bardem), es un escritor en plena crisis creativa. Ella (Jennifer Lawrence), vive prácticamente para servir a su marido: arregla la casa, limpia, ordena compulsivamente. Hasta que su rutina cotidiana se rompe cuando aparece un matrimonio (formado por Michelle Pfeiffer y Ed Harris) dispuestos a trastocar esa falsa armonía y convertirla en caos.

Michelle Pfeiffer y Ed Harris, en un fotograma de 'Madre!'.

El director sigue en todo momento la perspectiva del personaje de Jennifer Lawrence. Acompaña con la cámara cada uno de sus movimientos, escudriña su rostro ante cualquier tipo de reacción y nos envuelve con su carácter puramente introspectivo. Nos introducimos literalmente en las entrañas de la protagonista y sentimos su angustia y su desorientación a medida que la realidad se vaya descomponiendo a su alrededor. A partir de ese momento, la anarquía se adueñará de la función, también la locura y la psicosis, y dejará de existir un manual de instrucciones para sumergirnos directamente en el territorio de la fantasía y el horror. Así, lo que comienza siendo un cuento avieso sobre ogros y princesas, terminará basculando entre el género de la 'home invasion' y la metáfora desaforada en torno al concepto de creación.

Es complicado explicar 'Madre!'

Resulta complicado explicar 'Madre!'. Es una película abierta a múltiples interpretaciones, porque se encuentra construida a partir de montones de metáforas que se superponen entre sí. Unos pueden verla como un choque entre contrarios (femenino/masculino, pureza/perversión), otros como una descripción de la crisis de la pareja, o incluso como una recreación de todos los males que contiene la sociedad, de todo lo que se encuentra podrido en ella (las guerras, el racismo, el fanatismo) y que nos conducen al borde mismo del pandemónium. También habrá quienes la consideren como una tomadura de pelo y la obra de un narcisista.

Lo que parece indiscutible es el carácter mitológico y religioso que alberga la propuesta, casi como si se tratara de una película de tesis teológica: ella simbolizaría la Madre Tierra. Él sería el Creador. También tenemos a Caín y a Abel, a Adán y Eva, al hijo prometido para ser el Mesías, el jardín del Edén. El propio Aronofsky ha revelado que se trata de su particular rescritura del libro de la Génesis. Así que, en el fondo, está jugando a ser Dios. En 'La fuente de la vida' muchos de estos conceptos ya estaban presentes, así como la idea de la circularidad, el ciclo de las reencarnaciones y la necesidad de encontrar un final para la historia. Aunque en este caso, lo mejor es que espectador pueda construir su propia interpretación a partir de unas imágenes tan sugestivas como poderosas.