Ir a contenido

CRÓNICA

Invencibles Stones

La banda británica ofreció un apabullante concierto en el Estadi en el que repasó más de cinco décadas de rock

El 'show' prescindió de los ingredientes circenses de otros tiempos y se asentó en 20 canciones legendarias

JORDI BIANCIOTTO / BARCELONA

The Rolling Stones en el Estadi Olimpic / FERRAN SENDRA

The Rolling Stones en el Estadi Olimpic
The Rolling Stones en el Estadi Olimpic
The Rolling Stones en el Estadi Olimpic
The Rolling Stones en el Estadi Olimpic
The Rolling Stones en el Estadi Olimpic
The Rolling Stones en el Estadi Olimpic
The Rolling Stones en el Estadi Olimpic

/

En un escenario iluminado al rojo vivo, un infierno humeante, rompió el silencio el tam-tam ritual de 'Sympathy for the devil', marcando el camino. Ahí estaba Mick Jagger, príncipe de las tinieblas, demonio tocado por el don de la seducción, silueta flaca y nerviosa, moviéndose como un figurín a los 74. «Encantado de conocerte / Espero que adivines mi nombre / Ah, lo que te confunde / es la naturaleza de mi juego»dice la canción, mascarón de proa del concierto con el que los Rolling Stones volcaron su leyenda ayer en un Estadi Olímpic lleno.

Un espacio que conocen bien, el mismo que les ha acogido siempre en Barcelona desde su regreso en 1990, y que lució la aparatosidad habitual tratándose de los Stones. Sin un argumento distintivo: en el montaje de la gira No filter tan solo destacan cuatro descomunales pantallas con las que poder fijarse en el anillo de calavera de Keith Richards y comprobar las caras de pasárselo bomba que dispensa Ron Wood. En un concierto de los Stones no puede haber nada que compita en protagonismo con los Stones. A quién se le ocurre.

PASO AL ROCK'N'ROLL / Las cartas de ese juego al que aludía Jagger estaban servidas, y del coqueteo con el lado oscuro pasamos a la fiesta: 'It's only rock'n'roll (but I like it)', al galope tras las notas de apertura de Richards con su Gibson negra. El mayor truco del diablo es hacernos creer que no existe, y los Stones se transformaron ahí en la excitante atracción ferial que todos quieren ver al menos una vez en la vida. Bestia con más fibra que circo, hay que decir: la banda ha dejado atrás últimamente el atrezzo de muñecas hinchables que le acompañó en otros tiempos.

Se abrió paso ese Jagger capaz de combinar su distanciamiento natural, de realeza del rock que no busca identificarse con su público, y una cortesía sin pompa ni discursos, dirigiéndose al público en un tono coloquial. «Bona nit! Estem contents d'estar aquí»saludó en catalán antes de entregarse a un 'Tumbling dice' arropado por los coros ululantes de Bernard Fowler y Sasha Allen.

TIEMPO DE BLUES / Su último disco, 'Blue & lonesome', contiene versiones de piezas de blues más bien oscuras, y a él acudieron luego para recordar de dónde vienen. En el otoño de sus días, la banda regresa a sus fuentes de alimentación, y ahí estuvieron Just your fool, de Buddy Johnson, y Ride 'em on down, apuntando al delta del Misisipí con maneras robustas.

La guitarra de Richards, que comenzó sonando a un volumen excesivo, fue suavizando su protagonismo. El cuarteto y sus siete cómplices sonaron a banda, a equipo cohesionado, siempre con esa sensación de estar a punto de descarrilar, sintiendo el aliento del peligro. En los shows actuales de estadios ya no sabes a veces donde terminan las cualidades artísticas y comienza la tecnología, y, sin querer sonar moralista, viendo a los Stones sigues teniendo la sensación de estar en un concierto ejecutado por seres humanos.

PETICIÓN POPULAR / Cayeron 'Under my thumb' y un inusual 'Rocks off', la apertura del disco 'Exile on main st.' (1972), canción ganadora de un concurso con los fans a través de una aplicación. Jagger, suelto y parlanchín, celebró «qué bonito es el estadio», ahora en castellano. «¡No puedo creer que hayan pasado 10 años!», señaló aludiendo a la anterior actuación en la ciudad. «Es el octavo show en Barcelona», apuntó (el séptimo abierto al público, habría que añadir: Jagger incluiría en la cuenta el concierto para el Deutsche Bank que dieron en el Palau Nacional en el 2007).

No hubo set acústico. ¡Viva! La función de destensar un poco el ambiente la hizo 'You can't always get what you want', que no es precisamente una cancioncilla ligera, con su letanía dolida con vistas a los límites de la vida y la muerte, drogas mediante, realzada por un lucido solo de Wood y tocada por coros gospel. Más material inspirador de reverencias: 'Paint it black'con fibras orientales, y 'Honky tonk women', al término de la cual, Jagger presentó uno a uno a sus compañeros. «¡El señor Charlie Watts!» El último fue Richards, que se quedó luego al frente de la banda en 'Happy' y 'Slipping away'Gran «oé, oé, oé» en el Estadi ante su figura.

En 'Miss you', el protagonista fue Darryl Jones, recreándose en el ritmo funky con un solo de bajo. Aquellos Stones disco-rock duraron poco. Quizá por eso los adoramos. De ahí, a 'Midnight rambler', con su trotón rhythm'n'blues, los soplidos de armónica de Jagger y un concentradísimo Richards, y al grito de guerra (y de frustración) de 'Street fighting man'«¡Fantástica noche!», gritó Mick Jagger tras confesar que en Barcelona se había zampado "una botifarra y un trinxat", antes de entrar en el rush final: 'Start me up', 'Brown sugar' («¿listos para la gran bomba?»), 'Jumpin' Jack flash', y, en el bis, 'Gimme shelter' y '(I can't get no) Satisfaction'. Casi nada. Las tablas de la ley del rock'n'roll, en manos de sus creadores. Stones, vivos y bien, sin filtros ni aditivos, cargados todavía de nutritiva nicotina.

Para darle la mejor experiencia posible estamos cambiando nuestro sistema de comentarios, que pasa a ser Disqus, que gestiona 50 millones de comentarios en medios de todo el mundo todos los meses. Nos disculpamos si estos primeros días hay algún proceso extra de 'login' o el servicio no funciona al 100%.