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REGRESO DE LA ICÓNICA BANDA DE ROCK

Los 20 mandamientos de los Rolling Stones

Los conciertos de la gira 'No filter' constan de una veintena de canciones con citas a álbumes como 'Let it bleed' y 'Beggars banquet'

Jordi Bianciotto

Ron Wood, Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts, en un concierto de los Stones, el pasado 20 de septiembre en Zúrich

Ron Wood, Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts, en un concierto de los Stones, el pasado 20 de septiembre en Zúrich / REUTERS / ARND WIEGMANN

Es la primera vez que los Rolling Stones nos visitan sin disponer de una sola canción nueva que incluir en el repertorio: las noches de la gira ‘No filter’, que les trae este miércoles al Estadi Olímpic, miran a los clásicos de los 60 y los 70 en su abrumadora mayoría. ¿Para qué desviar la atención cuando se trata de celebrar la feliz longevidad de la un día llamada “mayor banda de rock’n’roll del mundo”?

El grupo británico viene a ilustrar la idea de que en la vida de un artista hay una edad de la creación y otra de la recreación, y que el talento se puede expresar en la ejecución tanto como en la misma composición. Bien, esta es la tesis: veremos en Montjuïc si Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood, todos con los 70 cumplidos (o alguno más), siguen portando las propiedades más genuinas del rock’n’roll en un momento en que ya nadie les pide que suban el listón respecto a su obra pretérita. Un concierto en el que, ateniéndonos al guión de los cinco que han ofrecido por ahora en esta gira europea, se espera que toquen 20 canciones, quizá alguna más (en Hamburgo, noche de estreno, fueron 22).

Apertura con vudú

Tener donde elegir para dar forma a un repertorio nunca puede ser motivo de lamento, y ahí los Stones no dudan: 17 de las piezas que han tocado en lo que llevan de ‘tour’ son fijas. Si en conciertos pasados en Barcelona utilizaron como apertura ‘Honky tonk women’ (1976), ‘Start me up’ (1990 y 2007), ‘I can’t get no (satisfaction)’ (1998) y ‘Brown sugar’ (2003), en esta ocasión todo apunta a que la elegida para meterse en arena será ‘Sympathy for the devil’, el osado artefacto samba-rock aromatizado con incienso de vudú y aullidos de aquelarre que abría el álbum ‘Beggars banquet’ (1968). Una pieza influyente en los futuros aventureros del rock lisérgico (hola, Primal Scream).

‘Beggars banquet’ aporta también ‘Street fighting man’, una canción en la que los Stones se metieron en el territorio político con ambivalencia: en la letra, Jagger parece sentirse fascinado por la épica de los movimientos civiles (protestas por Vietnam, mayo del 68) y a la vez se confiesa incapaz de sumarse a ellos dado que es un “pobre chico” que canta rock’n’roll en la “somnolienta ciudad de Londres”. Pero el álbum más citado estos días no es otro que ‘Let it bleed’ (1969), el último en el que participó (aunque poco) el llorado Brian Jones.

Lírica oscura

De ahí proceden tres canciones que no suelen faltar a las citas, todas ellas apartadas de la noción de ‘single’ de ‘riff’ instantáneo, todas de temática oscura: el largo blues ‘Midnight rambler’, inspirado en las confesiones de Albert DeSalvo, el estrangulador de Boston, y dos piezas que aluden al consumo de heroína y a las sensaciones de vulnerabilidad y desamparo, ‘Gimme shelter’ y ‘You can’t always get what you want’. Del doble álbum ‘Exile on main st.’ (72) proceden sendos cortes, ‘Tumbling dice’ y ‘Happy’, ocasión esta última para deleitarnos con la agrietada voz de Keith Richards (que suele abordar también ‘Slipping away’, aislada cita al álbum ‘Steel wheels’, de 1989).

Hasta las giras basadas en discos recopilatorios (‘Forty licks’ en el 2002-2003 y ’14 on fire’, el ‘tour’ que pasó por el Santiago Bernabéu hace tres años) solían incluir una canción de estreno (‘Don’t stop’ y ‘Doom and gloom’, respectivamente), aunque, todo hay que decirlo, siempre con respuestas populares poco fogosas. Pero esta vez el material más moderno remite a las versiones de clásicos del blues, un par por noche, incluidos en su disco del año pasado, ‘Blue & lonesome’. Y para los fans deseosos de ir más allá de los ‘hits’ de manual, sepan que ha habido incursiones en piezas como ‘Dancing with Mr. D.’, ‘Beast of burden’ y ‘She’s a rainbow’.

Margen para la sorpresa siempre lo hay, pero los Stones representan ahora mismo la celebración colectiva de un repertorio mítico, un ritual conservador para una música, el rock, históricamente asociada al cambio y la rebelión. Pero las divagaciones sociológicas ya están superadas. Y, sí, en el Estadi no faltará, seguro, ‘Satisfaction’, ni ‘Jumping Jack flash’, ni ‘Brown sugar’…

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