CRÍTICA

'Els fills de Llacuna Park': la sordidez de madurar

Encuentro un cierto aire de familia entre la tercera novela de Maria Guasch y 'Estiu 1993'

La escritora Maria Guasch.

La escritora Maria Guasch. / Manuel Medir / Setmana del Llibre en Català

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Vicenç Pagès Jordà
Vicenç Pagès Jordà

Escritor y crítico literario

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Con pocos días de distancia he leído ‘El deshielo’, de la autora belga Lize Spit, y he visto la película ‘Estiu 1993’ de Carla Simón: cuando he cerrado ‘Els fills de Llacuna Park’, de Maria Guasch, me ha parecido encontrar un cierto aire de familia. Son tres autoras nacidas en los ochenta que se sirven de formatos y puntos de vista diferentes para explicar la historia de una muerte que proyecta una sombra hacia al futuro y que se evoca desde el presente, com si las ausencias fuesen tanto o más relevantes que las realidades.

La protagonista de ‘Els fills de Llacuna Park’, de treinta y tantos años, aún no se ha emancipado de la familia. Trabaja de manera temporal en una prisión, hace vida de barrio, visita a sus padres con regularidad, tiene amistades contingentes, a veces bebe, no acaba de encontrar su lugar. Sabemos qué hace, pero no siempre conocemos sus motivos -y sospechamos que ella tampoco.

Maria Guasch narra con una frialdad precisa, con pinceladas de un realismo entre lírico y sucio

A partir del trabajo, entra en contacto de manera abrupta con la familia de una antigua compañera de instituto, recupera con retraso asignaturas pendientes, conoce hechos que preferiría olvidar. Maria Guasch lo narra con una frialdad precisa, con pinceladas de un realismo entre lírico y sucio, incluye descripciones que sugieren una sordidez intrínseca, se interna con humildad en formas desconocidas, sabe equilibrar mundos antiguos y mentalidades nuevas, nos mostra una precariedad vital que no es tan distinta de las que ya conocíamos pero que está vivida -y narrada- con la sensibilidad del tiempo.

Una de las autoras más personales de su generación

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‘Els fills de Llacuna Park’ es la tercera novela de Maria Guasch (Begues, 1983), una de las autoras más personales de su generación. Un ejemplo: la prosa del narrador es impoluta, pero los diálogos incorporan palabras espurias. Otro ejemplo: en descripciones breves y aparentemente anodinas sabe concentrar el absurdo de una etapa vital. En vez de novelar experiencias perturbadoras o de zambullirse en pesadillas físicas o químicas (que están presentes, pero en tercer plano, y aun así la protagonista nota sus consecuencias), se adentra con sensibilidad en la ardua tarea de crecer, que es como decir: elegir, superar la culpa y el silencio, acostumbrarse al desconcierto, aprender a ponerse en el lugar de los demás, releer con una nueva mirada lo que ya no nos rodea. A veces una novela puede tener el extraño poder de ayudarnos a superar la sensación de irrealidad. 

'Els fills de Llacuna Park'

Maria Guasch 
L'Altra
184 páginas
18 euros