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ENTREVISTA

Eduardo Halfon, el Zelig guatemalteco

Eduardo Halfon publica 'Duelo', una novela que indaga en su propia identidad cambiante y líquida

Elena Hevia / Barcelona

Eduardo Halfon, en un hotel barcelonés. 

Eduardo Halfon, en un hotel barcelonés.  / JOAN PUIG

No todas las novelas, breves y concisas, puro hueso, de Eduardo Halfon bucean en la propia historia y en sus raíces familiares. Pero en los últimos tiempos se ha cosechado, sin casi habérselo propuesto, cinco novelas que se enfrentan a esa indagación. La primera, 'El boxeador polaco'. La última, la reciente, 'Duelo' (Asteroide), novela breve con la intención emocional de un cuento, saca a la luz un episodio familiar del que no se hablaba en su entorno. De cómo el niño Salomón, hermano mayor de su padre, murió a los cinco años.  

Hay que leer el libro para saber qué ocurrió, aunque la narración apunte mucho más allá del simple enigma porque Halfon trenza ese relato con la experiencia de la deportación de su abuelo, en Sachsenhausen y en Auschwitz, quien llegó a hacerle creer que el número que lucía en el brazo era el de su teléfono "para que no se le olvidase". Amén de sus propias peleas con su hermano, o los numerosos niños ahogados en el lago de Amatitlán en la Guatemala “más hermosa y más triste” que tácitamente revelan “una sociedad que abandona a sus pequeños”.

Multiculturalidad 

Junto con Rodrigo Rey Rosa, Eduardo Halfon (Ciudad de Guatemala, 1971), mucho más joven, es uno de los más internacionales escritores guatemaltecos y ambos rehuyen ese relato, digamos, más costumbrista y obvio. El mundo literario de Halfon, además, jamás ha plasmado la violencia intrínseca de su país. "No la viví", explica. Y decir su país es mucho porque vivió allí hasta los 10 años. Luego se trasladó a Estados Unidos acompañado de sus raíces polacas libanesas y marcado por su esencia judía.

"Trump ha dado alas a la gente que hace un año eran racistas de puertas adentro" 

Escribir en castellano, cuando su lengua prioritaria era el inglés, fue una elección. En ese limbo impreciso se desarrolla una literatura que tiene mucho más ver con la tradición centroeuropea o norteamericana: "La crítica y los lectores suelen decirme que mi gran tema es la identidad y no es que yo me haya propuesto que lo sea. Pero en el fondo es un tema muy judío, el cosmopolitismo y la diáspora permanente que heredé y en la que fui educado. La mía es una identidad adaptable, una cosa líquida, que me hace pensar en 'Zelig' de Woody Allen”. Nunca se sintió parte de nada. 

Bondad y cariño

Y aunque no se arrepiente, este ciclo familiar le ha costado más de un disgusto. 'Duelo' surgió de una confesión de su padre, que en una visita a Guatemala le conminó después a no escribir sobre ello. “No lo planeé, sencillamente escribí la primera frase y ya no pude parar”. Naturalmente, le dio a leer el manuscrito de la historia prohibida y le aseguró que eliminaría todo aquello que pudiera ofender. "Y no había nada que ofendiera porque lo he tratado con bondad y cariño, pero igualmente no le gustó. De todas formas, un autor no puede dejar que eso le influya, traiga las consecuencias que traiga”. Tiene otro ejemplo más. La historia de su abuelo que contó en ‘El boxeador polaco’ y que provocó que muchos familiares, que no eran lectores habituales, dejaran de hablarle. “Sin embargo, cuando murió mi abuelo tenía mi libro en su mesilla de noche”.

Durante años vivió en Nueva York y ahora en Nebraska, en pleno territorio Trump, donde no siente particularmente querido, no porque sea judío, o latino, sino porque quien no le conoce le confunde con un árabe. Lo parece. "Trump ha dado alas a la gente que hace un año eran racistas de puertas adentro. El presidente abrió esas compuertas y ahora se sienten legitimados para aceptar las mayores barbaridades. Yo, honradamente, creí que Trump no iba a durar más allá de tres meses pero detecto una indiferencia total hacia todo lo que dice. Opiniones que en cualquier trabajo le hubieran valido el despido automático. Pero no, ahí sigue". 

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