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LA BANDA SONORA

Un bulevar de corazón pop

La Rambla ha inspirado tanto visiones elegiacas como retratos de punzante costrumbrismo crítico

Rafael Tapounet

No hay sentimiento más barcelonés que la nostalgia por lo que un día (cualquier día, siempre que sea pretérito) fueron las Rambles; es una emoción compartida que atraviesa el tiempo y hermana generaciones. Ya Santiago Rusiñol sostenía a principios del siglo XX que el paseo se había convertido en un triste sucedáneo y que la Rambla verdaderamente buena era la de su juventud; es una idea que, reformulada con infinitas variaciones, no ha dejado de repetirse hasta hoy. Barcelona siempre ha encontrado en la Rambla lo mejor de su pasado y lo peor de su presente, y de esa fascinante dualidad han nacido crónicas y novelas, poemas y canciones.

Con su capacidad para absorber modas y experimentar mutaciones, los 1.200 metros de bulevar que van de la plaza de Catalunya al Portal de la Pau han sido territorio idóneo para la mitología ciudadana y la exaltación pop ("Ray Davies, Portobello y las Ramblas", cantaba Loquillo en 'Leyenda', irresistible homenaje al fotógrafo Flowers, personaje anclado a la aledaña calle Tallers y de presencia tan emblemática como la de la Monyos o el Maradona de la Rambla) y lo mismo han inspirado visiones elegiacas como retratos de punzante costumbrismo crítico.

Una oda tristemente profética

Entre las primeras brillan 'Les floristes de la Rambla', oda de aire afrancesado que Miquel Porter aportó al repertorio de Els Setze Jutges (y que Joan Manuel Serrat rescató en 'Banda sonora d’un temps, d’un país'), y, sobre todo, la bellísima y tristemente profética 'Han tancat la Rambla' que el insigne Sisa cantó con un acento deliberadamente 'chava' ("prens una cervesa / penses en el futur / quin país més bèstia / m’ha tocat viure amb tu…").

Más ácida, aunque también con su poso entrañable, es la mirada del astro intercomarcal Quimi Portet en la pegadiza 'La Rambla', que introduce la estridente presencia de turistas en el paisaje de marineros y noctámbulos evocado por Sisa ("anem a voltar per la Rambla / vestits amb gorros de paper / ens pintem de rosa la cara / i parlarem en estranger"). El grupo Las Ruinas afina todavía más el trazo en el hiperrealista retrato contemporáneo 'Cerveza beer', un paseo entre lateros, putas y 'skaters' con los ojos y los oídos bien abiertos ("por Sant Pau llego a la Rambla / los guiris cantan 'para bailar la bamba'").

Y, entre unos y otros, el rambleo contumaz de Manu Chao ("Rambla p’aquí / Rambla p’allá / esa es la rumba de Barcelona") y de La Troba Kung-Fú ("sempre vaig Rambla avall / i tombo pel carrer Hospital", cantan en 'Barcelona'), para llegar al final de la Rambla y toparse con 'La negra Flor' de Radio Futura. "La flor de las Ramblas / es su poder", proclamaba el titánico Peret en 'Gitana hechicera'. La Rambla es poderosa. Y pop. 

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