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MEMORIA DE LA GUERRA CIVIL

Un médico entre los cadáveres de Belchite

El integral 'Dr. Uriel' reúne la trilogía en cómic de Sento sobre la peripecia en la guerra civil de su suegro republicano como médico en el bando nacional

Anna Abella

Viñeta de Dr. Uriel, el cómic de Sento sobre la experiencia de su suegro médico durante la guerra civil. 

Viñeta de Dr. Uriel, el cómic de Sento sobre la experiencia de su suegro médico durante la guerra civil. 
Página de Dr. Uriel, el cómic de Sento sobre la experiencia de su suegro médico durante la guerra civil. 
Sento Llobell y su esposa, Elena Uriel; juntos han llevado al cómic la historia del padre de ella durante la guerra civil. 
Página de Dr. Uriel, el cómic de Sento sobre la experiencia de su suegro médico durante la guerra civil. 

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Recién salido de la Universidad de Medicina a Pablo Uriel le sorprendió el estallido de la guerra civil. Poco le faltó para ser fusilado por los franquistas tras ser denunciado por sus ideas progresistas. Purgó un tiempo en prisión, igual que uno de sus hermanos. Otro, Antonio, acabó en una fosa común tras un 'paseo'. Vivían en Zaragoza y, ante el temor a nuevas delaciones, prefirió ser enviado al frente por los nacionales. La batalla, el asedio y la victoria republicana de Belchite en 1937 fueron su bautismo de fuego como doctor, negándose a huir y a abandonar a los heridos.

"Tenía 21 años. En la cárcel militar, de donde solo salían vivos el 15%, esperando cada tarde a que vinieran a buscarle para pegarle un tiro, el miedo era psicológico –señala su hija Elena-. Pero Belchite fue el horror, el espanto en cuatro dimensiones. Días sin dormir, el olor de los cadáveres, el dolor, los gritos, la sed, la ratonera... Quedó marcado, como todos los que bajaron al infierno y lograron regresar". Elena y su marido, el dibujante valenciano Sento (1953), utilizaron las memorias que Pablo había escrito y autopublicado dos años antes de morir, en 1988 ('No se fusila en domingo'), y las llevaron al cómic en un primer volumen, ‘Un médico novato’ (Premio Fnac-Sins Entido 2013). Luego autoeditaron 'Atrapado en Belchite' y 'Vencedor y vencido'. La necesaria trilogía, que Astiberri ha reunido en el volumen integral 'Doctor Uriel', recorre ahora institutos y conferencias sobre memoria histórica y guerra civil tras llegar a un amplio espectro de lectores más allá del habitual de la historieta, recalcan durante su paso por Barcelona para participar en un seminario del Memorial Democràtic sobre cómic y guerra civil.         

"No es ninguna reivindicación de buenos y malos. Pablo solo daba su testimonio, contaba lo que había vivido y hacía reflexiones meramente humanas. Es la guera civil pero podría ser cualquier guerra. Eso es lo que he intentado trasladar al libro, la humanidad –señala Sento-. Él cuenta que en el bando de Franco hay gente de todo pelaje y condición. Su capitán no era un malvado. Había otro que sí lo era, como los había en todos lados. Lo nuestro era hablar de hombres. De héroes y de bestias"”.  

En la caída de Belchite

Tras dos décadas dedicado a la ilustración y la publicidad y apartado del cómic, del que era un veterano de los 80, que publicó entre otras en 'El Víbora' y en 'Cairo', Sento regresó a la viñeta con la historia de su suegro. Elena, también artista, asumió el grueso de la parte documental, cotejando las memorias del padre con los hechos y barajando cartas y papeles oficiales. Pablo Uriel "tenía claro su bando. Los nacionales habían matado a un hermano y encarcelado a otro. La familia era progresista y agnóstica", cuenta su hija. Pero cuando cayó Belchite nada sabían aún los republicanos de ello y a punto estuvo de ser fusilado si no hubiera sido por la intercesión de un cabo, que lo salvó gracias a los informes de la gente del pueblo a la que el doctor había ayudado. "Aquel día vio cómo los que estaban con él en el frente morían fusilados. Para él fue una decepción porque no esperaba que el Ejército republicano se comportara como los fascistas malos". 

"Todo lo ocurrido le soprepasó -añade Elena Uriel-. Tras la guerra buscó el aislamiento, hasta pensó en encerrarse en un convento de clausura. Pero siguió en la Medicina y se especializó en tuberculosis tras experimentar las primeras curas con nuevos tratamientos en un hospital de campaña en Jaca. Hoy entiendo por qué no paraba de leer cosas sobre la guerra: porque intentaba comprender lo que ocurría a su alrededor mientras estaba preso o en el frente". 

La incultura y la desinformación

"En España no se ha hecho bien la cura. Se han tapado las heridas y han seguido abiertas bajo las vendas. En la transición hubo la ley de amnistía de presos a cambio de olvidar todo lo pasado", opina Sento. "Pero no hay que olvidar que la barbarie la desató un golpe militar. Son los que levantaron las armas quienes tuvieron la culpa -recuerda Elena-. Se dice que el desconocimiento de la historia hace que se repita, pero todo el mundo sabe que una guerra es horrible y se siguen haciendo. Lo que hace que se repita es la incultura y la desinformación, la falta de educación de la sociedad".