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CRÓNICA DE MÚSICA

Variada propuesta en Torroella con la Academy St. Martin in the Fields

La prestigiosa formación despliega con corrección obras de Rossini, Brahms y Schubert

César López Rosell

Actuación de la Academy St. Martin in the Fields en el Festival de Torroella

Actuación de la Academy St. Martin in the Fields en el Festival de Torroella / MARTÍ ARTALEJO

La prestigiosa formación británica Academy of St. Martin in the Fields Chamber Ensemble regresó el lunes al Festival de Torroella, 16 años después de su debut en la muestra, con una variada propuesta. Era una de las guindas de la 37ª edición de la cita ampurdanesa, dominada por la música antigua pero siempre abierta a otras opciones de la clásica y a la presencia de destacados solistas, como los pianistas Joaquín Achucarro, a quien se rinde homenaje por los 25 años en el festival, o del carismático Grigory Sokolov.

Todo apunta a que la apuesta programática de este año se convertirá en una de las mejores del festival, ya que se han registrado varios ‘sold-out’.  Han destacado, hasta el momento además de los citados solistas, el clavicembalista Benjamin Alard, con su recreación de las ‘Variaciones Goldberg’ de Johann Sebastian Bach, y el triple concierto en un solo día del conjunto La Fenice, en la iglesia de Sant Genís y en otros dos espacios, ofreciendo su versión de ‘Vespro della beata Vergine’ de Claudio Monteverdi y obras de contemporáneos suyos. También ha impactado la  presencia de la Academy of Ancient Music para recordar a Georg Philipp Telemann en el 250º aniversario de su muerte.

A falta del paso del Cuarteto Quiroga (el día 16), Jordi Savall (el 17), Soquadro Italiano (el 18) y el concierto de tributo a Joaquín Achúcarro a cargo de cuatro de sus mejores discípulos junto a la Orquesta de Cámara Amadeus de la Radio Polaca (el domingo 20), la Academy St. Martin in the Fields llenó prácticamente el Espai Ter de un público ansioso por disfrutar de la música de cámara interpretada por unos músicos expertos en el formato.

Los 12 años de Rossini

El concierto se inició con ‘Sonata para cuerdas número 1 en sol mayor’, de Gioachino Rossini, escrita junto a otras cinco por el compositor de Pesaro cuando solo tenía 12 años. Aunque calificadas por él mismo como "horribles" estas obras revelan un innato talento creativo. La sonata, desplegada con corrección pero sin ir más allá del divertimento para el cuarteto de cuerda que la interpretó, no fue más que una pieza introductoria de las otras apuestas.

Más interesantes resultaron las bellas ‘Variaciones sobre un tema de Schumann’, de Johannes Brahms, con arreglos para octeto de cuerda y vientos de Detlev Glanert. En esta composición, dedicada a Clara Schumann, el ‘ensemble’ británico se desenvolvió con más comodidad tanto en lo que se refiere al dominio estilístico como en el juego interpretativo entre instrumentos. La emoción prendió con el encanto del ‘Octeto en fa mayor’ de Franz Schubert, que dio lugar también a un mejor lucimiento tanto de la cuerda como del fagot, clarinete y trompa. El autor utiliza obras anteriores suyas, en el primero de los seis movimientos con el lied ‘Der wanderer’, y en el cuarto con temas sacados de su ópera ‘Die freunde von Salamanka’. Un buen final para una cita simplemente correcta.
 

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