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CRÓNICA

Lindsay Kemp, poeta de la pantomima en Porta Ferrada

El artista británico y su compañía seducen al público de Sant Feliu de Guíxols con el cóctel de 'Kemp dances'

César López Rosell

Lindsay Kemp, el sábado, en el festival de Porta Ferrada.

Lindsay Kemp, el sábado, en el festival de Porta Ferrada. / XAVIER CASALS

Diez años después de su visita a Peralada con la puesta en escena de ‘Los cuentos de Hoffman’, Lindsay Kemp ha vuelto a pasear su leyenda por la Costa Brava. A sus 79 años recaló en el Festival de la Porta Ferrada con ‘Kemp dances’ para mostrar, con nuevas y viejas coreografías, su exultante estado de ánimo. “Cuando estoy en el escenario me siento joven”, ha dicho. Solo así se puede entender la frescura de este espectáculo. El poeta de la pantomima demostró el sábado en el Teatre Auditori que la utilización de los más sencillos recursos del lenguaje de la danza y el mimo le bastan para recrear los fascinantes mundos oníricos que bullen en su interior.

Tal vez este sea su último espectáculo, pero Kemp y sus colaboradores muestran una magia tan desbordante que parece nuevo. Así, las más recientes piezas remiten, en su estilo y ejecución, a las anteriores y las recuperadas parecen insufladas por un renovado aire. El amor, la vida, la muerte o la locura desfilan por este variado cóctel. El polifacético artista británico impactó tanto al público que no conocía su trayectoria como a los que la han seguido desde su eclosión en los años 70 con ‘Flowers’, así como por su dirección escénical de ‘Ziggy Stardust’ de David Bowie.

Enorme emoción

La delicadeza de sus movimientos en ‘Recuerdos de La traviata’, poniéndose en la piel de Violetta y con la voz de fondo de Maria Callas, nos situó en lo más íntimo y dramático de la ópera. Moviéndose por el escenario o tumbado en el cheslón, con un pañuelo ensangrentado entre las manos, transmitió más enorme emoción que algunas dramatizaciones. Kemp intervinó también solitario en ‘La flor’, con el ‘Laudate dominum’ de Mozart, y en ‘El ángel’, batiendo elegantemente sus alas con la música del ‘Requiem’ de Verdi’. Resultó sobrecogedora su participación en ‘Fragmentos del diario de Nijinski’, recreando las locura del genio en su final, ataviado con una camisa de fuerza, junto a los otros cuatro compañeros de aventura.

Dentro del alto nivel general, destacaron las intervenciones de Daniela Maccari en ‘La femme en rouge’, donde exhibió con el baile su amor a un partisano francés en medio de la invasión alemana y expresando su dolor tras contemplar su fusilamiento; en ‘Mi vida’, junto a Ivan Ristallo y James Vance, o en solitario en ‘El cisne’, donde la bailarina se transforma en alada ave.
 

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