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CRÓNICA

India Martínez, brisa del sur en Cap Roig

La cantante cordobesa exhibió su temperamento a lomos del pop aflamencado de 'Te cuento un secreto'

Jordi Bianciotto

India Martínez, en Cap Roig.

India Martínez, en Cap Roig. / JOSÉ IRÚN

Pues parece que el 2017 es el año de India Martínez, una cantante a la que sus seguidores ven como una voz a corazón abierto, símbolo de sinceridad y apasionamiento sureño. Propiedades que el público barcelonés ha podido apreciar repetidamente este año (Palau, Pedralbes) y que se fundieron con el verano ampurdanés este jueves con el paso de la cantante cordobesa por el Festival de Cap Roig con todo el papel vendido.

India Martínez lleva siete discos a sus espaldas pero mandaron las canciones del más reciente, ‘Te cuento un secreto’. Material que comenzó apuntando a un pop funcional de trazos vocales aflamencados, no lejos de los momentos más extrovertidos de un Pablo Alborán, con el aditivo llamativo de dos metales que a lo largo de la noche la acercarían un poco, con moderación, a la jerga latin-jazz del último Alejandro Sanz. Textos en primera persona con tendencia fogosa: "caigamos en el dulce error de desnudarnos". Y la piel por aquí, y la boca por allá, y “sentir tu cuerpo pegado al mío”, como en otra de las nuevas canciones, ‘Si te quiero’.

En paracaídas

En su trato con el público, India Martínez ofreció sencillez y expresiones de emoción: celebró con aire entrañable “este ‘sold out’ tan bonito” y comparó la experiencia del directo con saltar en paracaídas, “libre, feliz, soltando adrenalina”. Dio la impresión de que su versión más genuina está en las canciones más despojadas de instrumentación, como en los rescates de ‘Corazón hambriento’, que cantó sentada en un receso de la noche, ‘Vencer al amor’ y esa pieza nueva, ‘Todo no es casualidad’, de musculado trayecto ‘in crescendo’, que escenificó en compañía de una doble con la que jugó a mirarse a través de un espejo imaginario.

India Martínez clamó a favor de “no tener miedo a ser distintos, a tener ideas diferentes”, si bien su música se mueve en un territorio muy transitado, ese cruce de la canción aflamencada y el pop envuelto en sensualidad y viñetas poéticas. En su temperamento de fondo radica la diferencia, que se apreció, aun situándose a un paso de la afectación vocal, en el bonito medio tiempo ‘Gris’, de luminosos acordes mayores, y en un ‘Me queda tu sombra’ con cajón, engrandecido con el toque de los metales.

Acompañó las canciones de parlamentos confesionales enternecedores: la guitarra de cuando era pequeña, la cassette “con dibujos de corazoncitos” que le grabó a un chico que le gustaba. “Se la llevé, salí corriendo y no he vuelto a saber nada más ni de la cinta ni del niño”. Pero de todo se aprende: “aquello me sirvió para darme cuenta de que a través de la música puedo soltar mis sentimientos”, añadió. Y ahí la tuvimos, vaciándose en ’90 minutos’, que defendió al piano, y extraviándose a placer, y ‘a cappella’, entre estrofas copleras que recordaron con nitidez de dónde viene.

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